Enfermedades laborales más frecuentes: dolencias por esfuerzo repetitivo y salud mental

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El PIT-CNT tiene especial preocupación por las nuevas lesiones generadas por esfuerzos repetitivos y las afecciones de salud mental que surgen en trabajadores sometidos a presión excesiva.

 

Con Walter Migliónico, coordinador de la Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente del PIT-CNT.
Entrevista emitida el jueves 23/04/09 en Producción Nacional — 1410 AM LIBRE

 

El PIT-CNT está capacitando a los trabajadores para que se transformen en delegados de Seguridad dentro de las empresas e instituciones, y trabajen en la prevención de las enfermedades laborales.

Esta preocupación de la central obrera comenzó a raíz de que muchos trabajadores sufren lesiones generadas por esfuerzos repetitivos, por ejemplo tendinitis, y enfermedades realmente graves que tienen que ver con la salud mental, el síndrome llamado burn out (quemado por dentro).

Gracias a esta tarea emprendida por el PIT-CNT se organizaron más de 50 cursos y se capacitó a 900 trabajadores.

Un decreto del año 2007 establece que en cada empresa debería de haber un obrero delegado de Seguridad. Esta persona intentaría canalizar o encontrar soluciones para los problemas de salud de los trabajadores de todas las áreas, no sólo la construcción, sino también los call center, tiendas de ropa, hospitales, el sector agropecuario.

En la siguiente entrevista, el técnico prevencionista en enfermedades laborales y coordinador de la Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente del PIT-CNT, Walter Migliónico, explicó los detalles del programa desarrollado por la central obrera.

 

Alejandro Landoni — El tema de Salud Laboral es discutido hace años en el PIT-CNT…

 

Walter Migliónico — El tema ha estado en las resoluciones de los Congresos del PIT-CNT desde el 4° hasta el último (el 10°).

Se habla de salud y seguridad en el trabajo y todos los estamentos de la sociedad están preocupados, pero visto desde la perspectiva de los trabajadores organizados nosotros tenemos que hacer mucho más hincapié porque — entre otras cosas —, estamos hablando del deterioro del único capital que tenemos. Si un trabajador ve que su estado de salud se menoscaba, disminuye o se destruye, se le torna imposible trabajar.

 

A.L. — Usted sostuvo en otras entrevistas que la forma como se organiza el proceso de trabajo determina los riesgos a los que los trabajadores están expuestos.

 

W.M. — La cosa es bien clarita: los accidentes, los efectos del trabajo en nuestro estado de salud, en las enfermedades que se contraen en ocasión o a consecuencia del trabajo, no son ni castigo divino ni obra de la mala suerte: son una consecuencia de la forma en cómo se organiza el trabajo.

Así cómo se organiza el trabajo de forma tal de que se saque la mayor productividad posible de los equipamientos, de la energía, de la materia prima; también se debería organizar el trabajo teniendo presente que quien lo realiza es un ser humano con todas las limitaciones que tiene desde el punto de vista de su resistencia física, psíquica, etcétera. Si uno dice: “qué mal que ligó aquel, que justo estaba al lado de la pared que se derrumbó”, no está analizando el tema desde el punto de vista científico. ¿Por qué se derrumbó esa pared? Sin duda alguna, porque no se puso la ciencia y la técnica al servicio de preservar la vida en el trabajo. Es una perspectiva.

 

A.L. — Hay dos ejemplos de trabajos que afectan la salud del trabajador: uno en el sector de la construcción, donde se pude decir que hay más adelanto en el tema de la seguridad laboral, usted me dirá si esto es así —; y otro en los call center, donde los trabajadores están sujetos a muchas presiones y empiezan a desarrollar enfermedades mentales.

 

W.M. — El área de la construcción entre otras cosas tiene un sindicato que históricamente ha sido el primero a nivel nacional que manifestó una preocupación por la problemática de la salud y seguridad en el trabajo. Eso ha determinado la formación de delegados obreros de Seguridad; que desde el 2007 es obligatorio en todos los lugares de trabajo, pero en el área de la construcción es obligatorio desde 1996, gracias a la lucha de los compañeros del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines (Sunca).

 

A.L. — Desde el año 2007 es obligatorio, pero en general en las empresas no hay un delegado obrero en Seguridad.

 

W.M. — Bueno, la reglamentación es amplia y habla de que en cada lugar de trabajo debe existir un ámbito de cooperación entre trabajadores y empleados para todo lo que tiene que ver con la salud y la seguridad. También habla de que puede ser una Comisión Bipartita de Seguridad o puede ser un delegado obrero de Seguridad. Ahora, según un relevamiento en el Sindicato Bancario (mi sindicato matriz), por ejemplo, de 60 núcleos de trabajo, tenemos organizados 17 o 18.

Usted mencionaba que había 900 trabajadores formados, pero debe ser un poco más porque desde ese dato hasta ahora hemos hecho nuevos cursos. El sábado pasado (que fue el último), tuvimos curso con la presencia de 40 compañeros y ahí, en el intercambio, se relevó que habían unas 60 o 70 empresas que tenían Comisión formada.

Es un tema a dos puntas en el sentido de que estamos formando compañeros; muchos de ellos desconocen que tienen este derecho otorgado por ley y es interesante que esta reglamentación del decreto 91 —, reglamenta el Convenio Internacional del Trabajo 155 que fue ratificado por ley en Uruguay en 1988. ¡21 años después se reglamentó esa ley!

Esto nos da una idea del nivel de desarrollo que tiene la protección de la salud de los trabajadores en nuestra sociedad… tuvimos que esperar 21 años para que se reglamentara una ley cuyo principal objetivo es preservar la vida de quien trabaja.

 

A.L. — ¿Cuáles son las enfermedades más frecuentes a nivel laboral?

 

W.M. — Sobre las enfermedades no hay estadísticas. Hay análisis de los especialistas o lo que nosotros vemos en nuestro trabajo cotidiano en la central sindical. Nosotros nos reunimos todos los miércoles a partir de las 18 horas en Jackson y Charrúa, y ahí hay un equipo con 25 años de trayectoria en el tema.

Primero, nosotros no formamos delegados obreros de Seguridad para las empresas; nosotros formamos delegados obreros de Seguridad para los sindicatos que van a actuar en las empresas. La empresa que forme lo que quiera. Nosotros estamos formando delegados obreros que representen a su colectivo de trabajadores en esta confrontación con lo que tiene que ver con la salud del trabajador.

Usted también me hablaba de las nuevas enfermedades…

 

A.L. — Sí, le hablaba de los call center.

 

W.M. — Bueno, las enfermedades que uno percibe y de acuerdo a los estudios que hay a nivel internacional — a nivel nacional reitero que no hay estadísticas —; que más repercuten hoy en día en la salud de los trabajadores, son todo lo que tiene que ver con las llamadas dolencias articulares, que nosotros llamamos lesiones por esfuerzo repetitivo, por ejemplo: la tendinitis, sinovitis, síndrome del carpo, etcétera.

Estas enfermedades son la lógica consecuencia — en nuestra opinión —, de la intensificación de los ritmos de trabajo. Si usted trabaja más rápido, vulnera las resistencias naturales del cuerpo y las lleva al extremo, entonces se termina agarrando una de estas lesiones.

Hoy por hoy, nosotros pensamos que estas enfermedades son las que generan más problemas a la salud de los trabajadores, y esto se contrasta y confirma con estudios que hay en países de Europa o Brasil.

El segundo gran problema en lo que hace a la salud de los trabajadores es lo que tiene que ver con la salud mental. La problemática de salud mental está en un primer lugar conjuntamente con las lesiones por esfuerzo repetitivo.

 

A.L. — ¿Qué ejemplos se pueden poner?

 

W.M. — Por ejemplo, el estrés que es una respuesta del organismo a condicionantes externas. Usted mencionaba el burn out (síndrome del quemado), que es una afección que se enmarca dentro de las afecciones de salud mental, que afecta especialmente a todos aquellos que requieren una transferencia de afecto; todo lo que tiene que ver con lo relacional; la atención al público, los enfermeros, los maestros, etcétera.

Este síndrome ocurre por ejemplo, cuando al trabajador de la enseñanza ya le da lo mismo si está hablando con un chico, con una clase o con algo que está ahí. Todas las condicionantes, todos los factores de riesgo que hay presentes en el lugar de trabajo, los aspectos salariares, la iluminación, la ventilación, de sillas o de mesas. La maestra está formada como docente, y muchas veces no sólo es docente, tiene que ser socióloga, psicóloga, enfermera, policía, consejera matrimonial, etcétera. O sea, que cumple un montón de funciones y muchas veces no tiene el apoyo que se requiere.

En el caso de la enfermera, ella está capacitada y formada para atender a un ser humano y de pronto atiende a ocho o diez personas. Una enfermera no puede atender a 50 o 60 personas como pasa en muchísimos lados. Eso hace que se sobrepase la resistencia y entonces a esa enfermera le da lo mismo atender a un ser humano que dar vuelta una mesa.

 

A.L. — El Banco de Seguros del Estado reconoce una treintena de enfermedades…

 

W.M. — Ahí tenemos una discusión.

 

A.L — …mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce prácticamente el doble.

 

W.M. — Sí, el tema es así: no es las que reconoce el Banco de Seguros, es el Decreto 167 del Ministerio de Salud Pública que establece que en Uruguay las enfermedades que se reconocen como profesionales -que son por las que indemniza el Banco de Seguros del Estado-, son las que están en la lista anexa al Convenio 121 que en el momento en que se decretó eso, en 1981, eran 29. Ahora esa lista la OIT la siguió ampliando y hoy día son más de 57 enfermedades.

¿Cuál es el problema? Durante décadas, el Banco de Seguros que tiene la potestad legal de aumentar la lista cuando quiera, — lo dice el artículo 38 de la ley N° 16.074 del Banco de Seguros —, por distintos motivos se negaba. Es bueno reconocer que hay un proceso de discusión con el Banco de Seguros, han reconocido que el avance de la ciencia y la técnica los superó y los procesos de trabajo han cambiado.

Le pongo un ejemplo: en Argentina, determinado tipo de estrés es reconocido como una enfermedad profesional, en Uruguay no. Creo que tenemos un desfasaje a nivel nacional en lo que hace al tema de las enfermedades profesionales.

 

A.L. — Un oyente dejó en su mensaje un testimonio de su trabajo de 14 horas diarias.

 

W.M. — El tema referido a la extensión del horario de trabajo. La fijación de la ley de ocho horas, resulta de dividir el día en tres: descanso, trabajo y ocio.

La fijación de la jornada de ocho horas fue producto a principios del siglo pasado de muy serias investigaciones en las cuales se midieron las capacidades de generar energía, de generar trabajo, de generar potencia… no es casual. Incluso la fijación de la hora de descanso luego de la cuarta hora, también fue producto de una serie de estudios en Francia y, muy cerca nuestro, aquí en la República Argentina, hay un clásico de la literatura en materia de Salud Laboral llamado “La fatiga” del Dr. Alfredo Palacios que demuestra cómo va decreciendo la capacidad del ser humano de desarrollar esfuerzo físico en los trabajadores de La Matanza (en Buenos Aires).

 

A.L. — ¿Qué pasa con el tema de las drogas y el alcohol en el trabajo?

 

W.M. — Uno de los programas de trabajo que tiene nuestra Secretaría es “Alcohol y drogas en el mundo del trabajo” que fue declarado de Interés Nacional por la Junta Nacional de Drogas.

Sobre eso tres cosas: no podemos ignorar el impacto de la droga en el mundo del trabajo, pero también a nosotros nos preocupa — y por eso tuvo inicio este programa que lleva adelante el PIT-CNT con la Universidad de la República y la Fundación Luna Nueva—, cuando el trabajador para resistir la jornada intensa extralimitada en lo que tiene que ver con el horario de trabajo, requiere algún producto que ingerido o como fuere, le da energía extra.

Sabemos que es todo un problema por ejemplo en el caso de la Hotelería, que es un trabajo netamente zafral; la Gastronomía que es un trabajo netamente zafral en el cual no son descartables jornadas de 18 a 22 horas y a veces para soportar ese ritmo enloquecedor de trabajo, los trabajadores tienen que recurrir a esos recursos.

 

A.L. — Una oyente dejó su mensaje. Se trata de una persona que trabajó 42 años en una empresa, le faltaban dos años para jubilarse y tuvo que tolerar durante 10 años que no la saludaran y que le llevaran el escritorio al último piso. Sufrió de estrés, tuvo que ir al Psiquiatra y lo pasó muy mal, sintiéndose depresiva. Después se enteró que tenía ese derecho, con un curso de Kolping que le pagó el Seguro de Paro.
Otra oyente, contó que es modista, y trabaja a façon en su casa con un horario extenso de 7 a 13 y de 14 a 22 o 23 horas. Tiene tendinitis en un brazo y le es imposible ir a que le pongan una férula porque toda su economía depende de lo que trabaje.

W.M. — En el primer caso, sin duda alguna eso configura un caso claro de acoso laboral que detonó en un problema de estrés y puede buscar un asesoramiento legal para buscar algún tipo de resarcimiento por toda esa injusticia a la cual la empresa la sometió.

A.L. — ¿No caduca eso?

W.M. — Caduca a los dos años.
Nosotros también tenemos un programa, un área de trabajo referida al tema acoso moral laboral, a las expresiones de violencia psicológica en el lugar de trabajo.

A.L. — ¿Y el caso de la otra señora?

W.M. — El problema allí es la intensificación del ritmo de trabajo, trabajar mucho más rápido. Esa señora además trabaja por cuenta propia entonces, ahí no se puede decir que es el patrón quien es el responsable de fijar ese ritmo de trabajo. Sin duda alguna, la dura pelea por la vida la hace buscar un ingreso poniéndole horas arriba de la máquina.
Para mejorar de la tendinitis está comprobado que como consejo general, la persona afectada debería rotar lo más posible; realizar distintas tareas. Por ejemplo, trabajar media hora en una tarea y luego realizar otra tarea que no involucre esa parte de los brazos, creo que puede ser una forma de ir paleando la situación.

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