«Pasar a ser un trabajador, un promotor de lo ambiental»

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El Mides está llevando adelante el proyecto de emprendimientos asociativos con clasificadores del interior del país, para crear circuitos limpios de recolección de residuos.Varios miles de uruguayos están viviendo de la clasificación de residuos. Aunque tienen trabajo e ingresos, estas personas están sufriendo extremos de exclusión social y según el gobierno sus condiciones de trabajo configuran “una clara explotación económica disfrazada de actividad independiente”.

Este fenómeno de la clasificación tiene además importantes consecuencias sociales, porque la actividad se desarrolla habitualmente en familia, lo cual involucra el trabajo de niños y de adolescentes. Así, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) entiende que “la clasificación constituye una de las peores formas de trabajo infantil presentes en nuestro país”. Como si fuera poco, este “saber hacer” se traslada de padres a hijos, con lo cual se forma una especie de círculo vicioso que realmente es difícil de resolver.

Justamente para tratar de romper este círculo vicioso es que el Mides está llevando adelante el proyecto de emprendimientos asociativos con clasificadores del interior del país. La idea es brindarles a estos clasificadores las herramientas para realizar un trabajo mejor desde el punto de vista social, económico y también desde el punto de vista sanitario, que no es un tema nada menor.

Están creando los denominados circuitos limpios, para que estos clasificadores que básicamente trabajan solos o con las familias, formen cooperativas y comercialicen los productos al mejor precio posible.

Este proyecto cuenta con los fondos del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) y ya están trabajando con 32 grupos del Interior del país. Para conocer como se ha venido desarrollando conversamos con Viviana Basanta, coordinadora del Proyecto de Desarrollo de Capacidades e Infraestructura para Clasificadores Informales del interior del Uruguay, que lleva adelante el programa Uruguay Clasifica, y con Ricardo Leal, un clasificador de Florida, integrante de la cooperativa “La Cantera”, que se formó hace cuatro años.

 

Alejandro Landoni — ¿Desde cuándo funciona este proyecto específico en el interior del país?

 

Viviana Basanta — El proyecto tiene casi un año de funcionamiento. Empezó a principios de este año, en enero tuvimos el primer encuentro con todas las organizaciones de la sociedad civil que habían licitado e iban a trabajar en el interior del país, y con gran parte de las Intendencias que también estaban interesadas en el proyecto.

 

A.L. — Es todo un tema el del interior. El programa está trabajando en Bella Unión, en Artigas, en Melo, en Durazno, en Minas, en Fray Bentos, en Rocha; es decir que están trabajando realmente en todo el país, cuando daba la sensación de que el tema de la clasificación de residuos era un tema metropolitano.

 

V.B. — Sí, la mayor cantidad puede decirse que está en el área metropolitana y no se conocían datos del interior del país.

Nosotros siempre contamos que íbamos al interior y preguntábamos en las Oficinas Territoriales o en las Intendencias si había clasificadores y decían que no. Lo que pasaban era que los clasificadores salían o de noche, para que no los vieran sus vecinos porque daba vergüenza salir a clasificar residuos, o trabajaban dentro del Vertedero, en las peores condiciones que uno puede trabajar, en el medio de todo el basural.

 

A.L. — ¿Esto fue un descubrimiento?

 

V.B. — Nosotros teníamos idea de que esto existía y desde el programa salimos a buscar eso, a ver si realmente era real que no existían clasificadores en el interior del país, a ver qué pasaba adentro de los Vertederos, porque en casi todos los departamentos existen clasificadores.

 

A.L. — En este proyecto tienen una tarea de muchas puntas, porque por un lado tienen que tratar de formar estos denominados circuitos limpios; buscan cooperativizar el movimiento del trabajo de los clasificadores y también está el tema de la comercialización, porque estaba leyendo el documento que dio origen a este proyecto, donde se dice que “las condiciones de trabajo de los trabajadores configura una clara explotación económica disfrazada de actividad independiente y que todo es en beneficio del intermediario pero también de industrias enteras de reciclaje”, o sea que la comercialización también es importante.

 

V.B. — Sí, claro. El proyecto es un trabajo súper interesante porque tiene varias puntas por donde trabajarlo, es un tema ambiental que toca todo un lado ambiental por el trabajo que realizan; es un tema que agarra todo el tema de producción porque introducen materia prima a la industria; dan trabajo a otros trabajadores formales; es un tema social, por los grados de exclusión que esto tiene; es un tema económico claramente, porque en esto se ven beneficiados una gran cantidad de gente, menos los que hacen el trabajo de la primera extracción de esa materia prima.

En ese sentido, las puntas por donde podemos entrar a trabajar son muchas. Lo que proponemos desde el Ministerio es un cambio en la forma de trabajo, por eso hablamos de circuito limpio.

El circuito limpio implica que es un tema de todos; no sólo de los clasificadores sino que es un tema de toda la ciudadanía. Como las Intendencias son las que tienen que gestionar los residuos de cada localidad, las Intendencias son un actor súper importante a considerar y que tienen que estar en este proyecto; los clasificadores son un actor importante, pero la ciudadanía en general tiene que estar implicada porque si no hay un cambio en toda la ciudadanía, no hay un cambio en la forma de trabajo de los clasificadores.

 

A.L. — Que significa preclasificar cada uno en su casa: poner lo orgánico por un lado y todo el resto, que capaz que también hay que preclasificarlo, por el otro.

 

V.B. — Exacto. En algunos lugares lo que se tiende a hacer es clasificar lo que los clasificadores venden; en otros lugares ocurre esta clasificación que usted decía: por un lado lo orgánico y por otro lado los materiales secos. Eso implica que se llevan un montón de residuos que no van a poder comercializar después. Entonces, preferimos en esta instancia clasificar los residuos que sí pueden comercializar, porque eso implica que todo lo que se llevan es recuperable.

 

A.L. — En este momento ¿qué es?

 

V.B. — Plástico, cartón, papel, nylon, que está a muy buen precio ahora, metales. Pero a su vez, teniendo el contacto directo con el vecino, el vecino también le puede dar ropa para los niños, electrodomésticos y muebles que ya no utiliza. El contacto directo con el vecino lo posiciona al clasificador en otro lugar: pasa a ser un trabajador, un promotor de lo ambiental.

En ese sentido lo que cambia es todo; no solamente su forma de trabajar; que el vecino lo considera un trabajador, que eso es súper importante en el cómo se siente el clasificador; antes se ocultaba, ahora puede salir a hacer su trabajo dignamente.

 

A.L. — Cuando fuimos a hacer el programa para TV Ciudad con la cooperativa Juan Cacharpa, que en ese momento era prácticamente el único emprendimiento asociativo de clasificadores, se veía justamente la relación que tenían con los vecinos en una cooperativa de Cruz de Carrasco que habían armado allí un circuito limpio. La gente los esperaba, les abría la puerta de su casa, los saludaba; una relación muy amena, y nos decían que antes cuando trabajaban con un carro por la calle la gente cuando los veía venir, cerraba la puerta porque tenía miedo que los robaran.

 

V.B. — Seguro, ese es de los primeros cambios que se ve. El primer cambio que se ve es que la gente le empieza a tener confianza al clasificador como trabajador, como vecino de la ciudad, que está haciendo un trabajo digno. Ese es de los primeros cambios.

En Florida una de las personas del grupo decía: “ahora dejan que los niños me entreguen los residuos, antes escondían a los niños”; no los dejaban acerarse al clasificador.

Ese tipo de cambios que por ahí uno no lo nota tanto, son las cosas que son súper importantes, que hacen a la autoestima del propio clasificador y a valorizar el trabajo de otra manera.

 

A.L. — Los clasificadores trabajan solos o con la familia, ¿cómo se encara la formación de cooperativas?

 

V.B. — Es un tema complejo. Este proyecto también promueve que haya espacios, nosotros los llamamos “centros de acopio” o “centros de clasificación”, donde el grupo cooperativo o el grupo asociativo trabaje en ese lugar. En ese lugar no pueden trabajar niños, entonces con eso se retiran los residuos de la casa, ya los residuos no llegan a la casa del clasificador. Eso evita que trabajen niños, evita la contaminación del propio ambiente del clasificador, entonces puede trabajar de mejor manera y no incorpora a su familia en esto.

 

A.L. — ¿Armar una cooperativa de clasificadores les implica seleccionar quién entra y quién sale? ¿Cómo es ese rol del Estado? Porque la cooperativa es una empresa privada pero que necesita todo apoyo de ustedes porque si no, no lo lograrían conformarla. ¿Ustedes eligen a la gente que entra en la cooperativa?

 

V.B. — No. En esta primera instancia salimos a todo el interior del país a través de todas las organizaciones de la sociedad civil que son las que están trabajando en el trabajo directo con los clasificadores, con los grupos; a invitar a los clasificadores. En algunos lugares se trabaja con clasificadores — así los llamamos a los que están trabajando en la calle —, y en otros lugares se trabaja con clasificadores de Vertedero.

En este caso, Ricardo es un trabajador del Vertedero. El otro caso que usted mencionaba antes del grupo de Florida — en el que yo trabajaba antes —, era de clasificadores de calle. Es bien distinta la forma de trabajar que tienen unos y otros, y se invitan a todos los clasificadores a participar.

Lógicamente van quedando los que se animan a tener una experiencia de este tipo. Generalmente los clasificadores son muy desconfiados porque cada uno trata de ser quien llega primero al residuo, porque de eso va a vivir, entonces no está acostumbrado a trabajar con otros. Esa primera etapa ya la pasamos y tenemos 32 grupos trabajando, entonces esos 32 grupos es de la gente que quiere participar.

Nosotros los invitamos a todos y después cada grupo va decidiendo si está abierto a que entren más o no. Eso también lo va estipulando cada grupo. Lo que sí estipulamos es que sean clasificadores y no otras personas que quedaron sin trabajo; que el trabajo en la clasificación de residuos lo hagan los que siempre lo hicieron.

 

A.L. — ¿La apuesta es que la gente se cooperativice y siga trabajando en lo mismo, o es tratar de sacar a la gente de la clasificación y pasarla a otros trabajos?

 

V.B. — Tenemos las dos apuestas. Creemos que trabajar con los residuos va a haber que trabajar y se está trabajando; va a haber que trabajar de mejor manera. Los Vertederos se van llenando; los recursos son cada vez más escasos y hay que tratar de reciclar. Entonces rescatar de los residuos para reintroducir a la industria y no tener que seguir extrayendo de la naturaleza, es súper importante. Los clasificadores no deberían de seguir trabajando de la manera que están trabajando hoy. Esa es la apuesta de los “circuitos limpios”. De esta manera estamos apostando a eso.

Por otro lado, el clasificador que se volcó a la clasificación porque se quedó sin trabajo, tratamos de estimularlo para que vuelva al trabajo que ya tenía, o capacitarlo, el que quiera ser capacitado, en algo distinto.

De esto se está trabajando acá en Montevideo con adolescentes para capacitarlos para el trabajo; para que agarre el hábito del trabajo.

 

A.L. — Le damos la bienvenida a Ricardo Leal, un clasificador de residuos que vive en Florida y es parte de uno de estos grupos fomentado por el programa Uruguay Clasifica.

¿Hace mucho que están en el tema de la clasificación de residuos?

 

Ricardo Leal — Con el grupo que se formó estamos hace cuatro años.

 

A.L. — ¿Usted antes clasificaba por la suya?

 

R.L. — Sí, anteriormente trabajaba solo, después nos juntamos y formamos el grupo en el cual somos seis y hace cuatro años ya que estamos trabajando juntos.

 

A.L. — ¿Empezó a clasificar porque había pedido el trabajo? ¿Qué fue lo que lo motivó?

 

R.L. — Sí, porque anteriormente trabajaba en la construcción y como me quedé sin trabajo agarré para reciclar.

 

A.L. — Viviana Basanta nos decía que al principio la gente se oculta mucho porque da un poco de vergüenza. No sé si fue su caso; usted trabajaba en la construcción y perdió el trabajo y tuvo que salir a clasificar para mantenerse, ¿cómo vivió esa parte?, ¿le daba vergüenza salir a hacer el trabajo?

 

R.L. — Sí, a lo primero sí, porque fui directamente al Vertedero y las primeras veces como que uno tiene un poco de vergüenza; después uno se va haciendo de compañeros adentro del Vertedero y se va a acostumbrando al trabajo.

 

A.L. — Al principio cuando estaba en esa situación, ¿sintió que lo alejó de la gente o de sus vecinos?

 

R.L. — No, al contrario, nunca me pusieron “peros”, nunca me rechazaron por eso. Al contrario me decían que era un trabajo como cualquiera.

 

A.L. — ¿Qué lo llevó a formar este grupo? ¿Por qué personalmente vio que era bueno trabajar con cinco personas más?

 

R.L. — Hablando un día con los compañeros quisimos probar de trabajar en conjunto para no tener que andar cinchando bolsones de a uno solo. Decidimos hacer un grupito y la vamos llevando.

 

A.L. — ¿Es bravo organizarse entre seis? ¿Cómo fue la experiencia de ustedes?

 

R.L. — No.

 

A.L. — ¿Se ponen de acuerdo fácilmente?

 

R.L. — Simplemente hablamos y nos decimos uno al otro: “Vamos a probar a ver qué pasa y si da resultado trabajar en conjunto”, y bueno, los compañeros que tengo ahora les sirvió el sistema y hasta ahora estamos ahí.

 

A.L. — ¿Cómo les está yendo?

 

R.L. — Ahora trabajamos dentro del Vertedero y hacemos el circuito limpio. Hacemos los miércoles de mañana de las 10 a las 12 horas y de tarde de 14 a 18, o sea que hacemos dos circuitos en el día.

 

A.L. — ¿Les da para vivir de eso?

 

R.L. — Ahora bajó mucho el material, pero por lo menos estamos sobreviviendo.

 

A.L. — ¿Por ahora les da sólo para sobrevivir?

 

R.L. — Sí, y pagar la luz y el agua; para lujos no nos da.

 

V.B. — Capaz que sería interesante contarle a la gente cómo distribuyen los recursos.

Por ejemplo ¿qué es lo que pasa con la chatarra?

 

R.L. — Nosotros se la vendemos a un comprador que hay acá en Florida, un señor de apellido Fleitas.

 

V.B. — ¿Ustedes reparten ese dinero o con este dinero que están pagando el galpón?

 

R.L. — Con ese dinero pagamos el galpón.

 

V.B. — ¿Y algo más que el galpón?

 

R.L. — La luz.

 

V.B. — Quiere decir que con el trabajo del grupo les está yendo bien como para mantener el galpón y pagar la luz, ¿y el resto de lo que sacan?

 

R.L. — Eso se reparte en el grupo.

 

V.B. — ¿Se reparten en partes iguales? ¿Cómo lo hacen?

 

R.L. — Sí, en partes iguales. Acá nadie es más que nadie, somos todos iguales.

 

V.B. — ¿Todos trabajan lo mismo?

 

R.L. — Sí todos trabajamos de la misma forma. Tenemos un horario para empezar y un horario para salir.

 

V.B. — Viste Ricardo que siempre los clasificadores desconfían de que vayan a trabajar para otro, ¿no? De que alguno se haga el vivo y diga: “Ah, bueno yo…”

 

R.L. — Claro, sí.

 

V.B. — ¿Cómo se está manejando eso en el grupo?

 

R.L. — Acá siempre hablamos de que nadie puede trabajar más; tenemos que cinchar todos parejo para que salgan las cosas bien y que nadie quede desconforme.

 

V.B. — ¿Y por ahora viene todo bárbaro?

 

R.L. — Por ahora viene todo bárbaro.

 

V.B. — Buenísimo. ¿Y están teniendo un apoyo ahí no?

 

R.L. — Si, tenemos un apoyo del Mides.

 

V.B. — ¿Y de quién más?

 

R.L. — De la Intendencia que nos está apoyando con la volqueta para trasladar el material al lugar que nosotros tenemos de acopio.

 

A.L. — ¿Los apoyos en qué consisten específicamente?

 

R.L. — El Mides ahora, supuestamente les pedimos una prensa y ya nos trajeron vestimenta; ropa, zapatos. Todo eso ya nos trajeron.

 

A.L. — ¿Trabajan de uniforme?

 

R.L. — Sí.

 

A.L. — ¿Cómo es el uniforme? ¿De qué color es?

 

R.L. — Azul con letras blancas.

 

A.L. — Eso es importante a la hora en que uno sale a trabajar; trabajar con uniforme los diferencia mucho del trabajo que hacían antes.

 

R.L. — Sí, la gente ya nos conoce al ir uniformados; la gente que nos conoce entonces ya tiene todo pronto cuando pasamos, es sólo levantar y llevarlo a la volqueta.

 

A.L. — Le agradezco y le deseo mucha suerte con este emprendimiento.

 

R.L. — Muchas gracias a ustedes.

 

A.L. — ¿Cómo se arreglan ustedes con la comercialización?

Estas cooperativas juntan los materiales y lo tienen que ir a vender. Ustedes dicen que viven extremos de explotación muy importante por parte de intermediarios, pero también por parte de industrias recicladoras.

Si no comercializan bien todo este trabajo…

 

V.B. — Hubiera sido interesante preguntarle a Ricardo ahora, porque ellos por ejemplo consiguieron un comprador directo, un reciclador directo, que fue lo que los sacó cuando recién comenzamos a trabajar con este grupo que ya venía formado desde hace cuatro años, — es súper interesante el proceso de Florida —. Justo en ese momento que nosotros empezamos a acompañarlos y a darles un poco más de apoyo, surge un comprador que de haber estado separados ellos o de haber estado solos, probablemente el material se lo hubiera comprado al mismo precio que a cualquiera de los otros intermediarios. En ese momento el nylon que estaba a $ 2 o $ 3 acá, se lo empezaron a comprar a $ 10 allá en Florida.

Ese fue uno de los principales motivos por los que este grupo justamente puede sobrevivir y puede empezar a trabajar mejor.

El tema de la comercialización es lo más complejo y la idea es que si los clasificadores se unen pueden juntar más cantidad de materiales y vender todos juntos. Las empresas recicladoras o los grandes intermediarios compran gran cantidad de materiales. El problema que tienen los clasificadores es que no pueden estockear, entonces ese es uno de los motivos por los qué este proyecto tiene sentido y tiene sentido el trabajo conjunto.

Todavía no se ha logrado eso, vamos con una pequeñísima parte.

Fíjese que hace un año no sabíamos que existían clasificadores en el interior. A menos de un año tenemos 32 grupos formados y hemos cambiado una o dos veces por semana la forma de trabajo, porque el circuito limpio se va incorporando de a poquitito. La apuesta es a tener todos los días de circuito limpio y tener que dejar de trabajar en el Vertedero.

La otra apuesta es a vender mejor. La otra apuesta es a vender en forma conjunta todos los clasificadores. Otro sueño es que en algún momento, algunos materiales que acá no se compran, poder exportarlos también. Son sueños… vamos camino a ellos.

 


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