El oficio del buzo mejillonero

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Buzo mejillonero. Foto gentileza del entrevistado.

El buceo mejillonero es un oficio impuesto hace más de 50 años en Punta del Este y en Piriápolis, pero es muy poco conocido por buena parte de los uruguayos.Para nuestro país, el mar significa una importante fuente de recursos. Hay muchas actividades vinculadas al mar y muchas de ellas son conocidas. El buceo mejillonero es un oficio que está impuesto hace más de 50 años en Punta del Este y en Piriápolis, pero es muy poco conocido por buena parte de los uruguayos.

Se dice que es un oficio muy peligroso, que se trasmite de generación en generación y que prácticamente está en vías de extinción.

Leticia D’Ambrosio y Victoria Lembo son licenciadas en Ciencias Antropológicas, pertenecen al equipo de Antropología Marítima de la Facultad de Humanidades y realizaron una investigación etnográfica que desembocó en el libro titulado “El libro sumergido”, una investigación antropológica sobre la pesca del mejillón en Piriápolis y en Punta del Este. Para completar nuestra aproximación al buceo mejillonero conversamos con Mathías Piaggio, buzo que trabaja en la zona de Punta del Este.

Alejandro Landoni — Ustedes concursaron en la convocatoria por los Fondos Concursables del MEC en la edición 2008-2009, en la categoría “Patrimonio inmaterial y sistematización de tradiciones”. El equipo estaba compuesto también por Blás Amatto, Victoria Peña y el profesor Diego Thomson.

¿Cómo surge desde la Facultad de Humanidades esta intención de estudiar la vida de los buzos mejilloneros?

Leticia D’Ambrosio —Nosotros somos integrantes del programa de Arqueología Subacuática, dentro del programa somos del equipo de Antropología Marítima. El programa de Arqueología Subacuática desde el año 2004 está trabajando en Piriápolis y sus alrededores investigando los naufragios en ese lugar.

A partir de esa investigación nos acercamos a los pescadores artesanales y a los buzos mejilloneros indagando sobre el tema de los naufragios —qué relación tenían con ellos, qué conocimientos tenían—, y también nos empezamos a interesar por el oficio de pesca artesanal y del buzo mejillonero.

Por suerte esta investigación se concretó por los Fondos Concursables, por el Programa de Arqueología Subacuática y otros apoyos como el del Hotel Argentino, etc.

A.L. — ¿Cuántos años llevó la investigación?

L.D. — Dos años.

A.L. — ¿Empezaron en este concurso o venían trabajando desde antes?

L.D. — Veníamos desde antes con conversaciones informales y observaciones que hacíamos nosotros pero para que se transformara en un producto que pudiera ser publicable, comenzamos a trabajar recién a partir de este proyecto. Tuvimos los insumos para la publicación y para la edición del documental que está por salir.

A.L. — ¿Cuántos buzos han detectado que están trabajando en este momento?

L.D — El número se ha ido reduciendo en estos años.

El recorrido que hicimos para la investigación fue investigar en un principio con los buzos mayores, las primeras generaciones que iniciaron el oficio. Fuimos viendo porqué se inició el oficio y llegamos a ver que estaba muy vinculado con el auge del turismo en la zona.

Hoy, algunos son familiares de esos buzos que iniciaron y otros son jóvenes que se acercaron a la actividad como un medio de trabajo. Actualmente hay dos embarcaciones de buzos mejilloneros en Piriápolis y cuatro en Punta del Este.

A.L. — Son pocas. Mathías, ¿usted cómo se acercó a este oficio?

Mathías Piaggio —Mi tío, que tiene 76 años, llevó a mi otro tío y este tío me llevó a mí. Somos todos de Montevideo.

A.L. — Entonces, viven en Montevideo y trabajan en Punta del Este. ¿Trabajan durante todo el año?

M.P. — Trabajamos toda la vida. Creo que somos el único barco que trabaja todo el año, aunque hay otros barcos que aparecen durante la temporada.

Buzos mejilloneros en plena faena. Foto gentileza de las entrevistadas.A.L. — En tu caso, ¿la familia también es propietaria de la embarcación?

M.P. — Sí.

A.L. — ¿Cuántos años tiene?

M.P. — Tengo 24 años.

A.L. — ¿Hace cuánto que trabaja de buzo?

M.P. — Hace dos años que me fui a trabajar.

A.L. — ¿De chico ya salías con tus tíos en la embarcación o recién te aproximaste hace dos años?

M.P. — Iba a pasear primero y después mi tío me dijo si quería ir a trabajar porque había una posibilidad y le dije que sí.

A.L. — En los días de frío, ¿igual se tiran al agua?

M.P. — Sí, más bien. Es duro… es difícil, pero después uno se acostumbra.

A.L. — ¿Qué equipo utilizan?

M.P. — Los trajes de neopreno que compramos en Argentina, las patas de rana normales y una gorra, guantes y la manguera.

A.L. — ¿No bajan con tanques?

M.P. — No, bajamos con una manguera de PVC reforzada, conectada al compresor arriba que larga aire. Es un compresor de 4 caballos, chico, es como un motorcito de una moto Zanella 50 algo así y está adaptado a un compresor y del compresor a la manguera.

A.L. — ¿Cuántos metros se sumerge?

M.P. — Nueve o diez es el máximo.

A.L. — Imagino que la presión se siente.

M.P. — Sí, se siente. Ya a los dos metros se siente.

A.L. — ¿Tiene protección para los oídos?

M.P. — No, sólo la gorra que utilizamos.

A.L. — ¿Esa manguera va directamente dentro de la boca o lleva alguna escafandra?

M.P. — No, es una manguera común y uno de los extremos va directamente adentro de la boca. Es bien artesanal.

A.L. — ¿Es decir que sujeta la manguera con los dientes?

M.P. — Claro.

A.L. — Y con eso regula el aire que consume.

M.P. — Claro.

A.L. — ¿Tiene algo para sostener la manguera?

M.P. — Pongo la manguera por atrás, por la espalda, y la bajo por abajo del cinto por entre las piernas y luego la subo por adelante.

Eso es lo que hacemos nosotros, pero hay otra gente que lo hace de manera diferente.

A.L. — La tiene enganchada.

M.P. — Sí, en el cinto.

A.L. — Leticia me muestra una foto y veo que tienen una bolsa que es como una especie de red e imagino que allí es donde van recolectando los mejillones.

M.P. — Claro. Eso es tejido por nosotros y en el extremo tiene un borde de hierro que lo mandamos a hacer.

A.L. — ¿Cuánto rato están sumergidos?

M.P. — Según si hay mucho o poco mejillón. Generalmente unos 20 o 30 minutos.

A.L. — ¿Cuántas veces se tiran por día?

M.P. — No sé…diez, doce, dieciséis. No salimos afuera del del agua. Sube uno y después bajamos con otro.

A.L. — Claro, y después recambian.

M.P. — Claro, unas dos o tres horas al día.

A.L. — ¿También llevan un lastre?

M.P. — Claro. El lastre es el cinto.

A.L. — Si usted se llegara a enganchar abajo, ¿cómo lo rescatan?

M.P. — Miles de cosas han pasado y van a seguir pasando, es oficio. Según las circunstancias de repente los compañeros te levantan o uno tira el cinto, porque generalmente si te enredás es por el cinto o la manguera, entonces lo primero que se atinan a hacer es desabrocharse el cinto y subir.

A.L. — ¿Se tiran solos o van acompañados?

M.P. — Nosotros somos dos y dos en cada barco.

A.L. —Leticia y Victoria me decían que hoy ya hay pocas familias de buzos mejilloneros que estén trabajando, de hecho quedan seis barcazas que recolectan mejillones en el este del país.

¿Cuál es la modalidad de trabajo que han visto en esta investigación?

Victoria Lembo— En Punta del Este la única familia que conocimos y que tiene a todas las generaciones desde el tío hasta los sobrinos más pequeños, el tío que tiene 75 años y sigue buceando hasta el día de hoy, fue la de Mathias Piaggio, la única familia que encontramos.

Hay otras modalidades también. Hay familias donde el hombre se dedica a la extracción, salen con la embarcación y se sumergen y muchas veces es la madre, los hijos o la abuela que ayudan o trabajan en la parte de la pos extracción (la parte del procesamiento y la comercialización).

A.L. — Algo que se repite en las familias de pescadores, donde los hombres traen el pescado y las mujeres hacen el trabajo en tierra.

V.L. — Sí, en general se da esa división de géneros donde el hombre está en agua y la mujer en tierra. No siempre es así, a veces los hombres también se encargan de la comercialización pero en general, el procesamiento está en manos de mujeres y niños que ayudan a embolsarlo, etc.

A.L. — ¿El dueño de la lancha es el propio buzo o es otra persona?

L.D. — No siempre. Una cosa que hay que aclarar es que el número de buzos es muy bajo porque los permisos que da la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), se le dan a la embarcación y si justo coincide que el permiso lo tiene un buzo que utiliza esa embarcación, ahí ya cuenta con el medio de producción, la embarcación, pero también hay casos en donde el permiso lo tiene la embarcación y el buzo arrienda esa embarcación para salir.

A.L. — ¿Bajo qué modalidad la arrienda? ¿Van a medias con lo que pescan?

V.L. — Sí, por lo general se reparte la mercadería y se le da un porcentaje al dueño de la embarcación que después lo vende, ya que muchas veces son comerciantes que tienen puestos de venta en la costa, entonces van a medias con lo extraído.

A.L. — ¿Cuáles son las condiciones de vida de estos buzos? ¿Es una actividad que da para vivir o para sobrevivir?

V.L. — Sería mejor que eso lo contestara Mathías, pero lo que nos han respondido en las entrevistas que hemos hecho es que da para vivir.

Los problemas que tienen —con respecto a lo que usted mencionaba de que este oficio está en extinción—, es que se están reduciendo la cantidad de buzos no tanto por si es o no redituable, sino por el ingreso de un tipo de mejillón, el mejillón chileno que se produce en forma de cultivos, y porque es difícil competir con el precio. Esto ha complicado la situación de los buzos que tienen todo un trabajo artesanal de extracción que es mucho más complejo que el de los de cultivo, pero no se puede competir con el precio.

A.L. — Por suerte sí compiten con el sabor nos dicen desde el Puertito del Buceo, porque si bien el mejillón chileno es más vistoso, el de acá es más sabroso.

L.D. — Muchos turistas o gente que va de veraneo a Punta del Este y los ha probado, nos han dicho que prefieren los mejillones de la isla de Lobos porque dicen que son los más gustosos. Son los preferidos por la gente que consume mejillones.

V.L. — Por otro lado no se están dando nuevos cupos para la extracción. Están limitados por la conservación del mejillón. Eso es lo que nos explicaban en Dinara y por eso también hay vedas.

A.L. — ¿Ahora hay veda?

V.L. — Sí, en la época de gametogénesis, cuando se reproduce el mejillón, en otoño e invierno, no se sacan mejillones.

A.L. — En el Puertito del Buceo nos decían que no había mejillones, pero no lo atribuían a la veda sino a que está pequeño o porque quizás hay marea roja.

L.D. — La veda coincide un poco con eso porque la veda se da justo en el momento en que el mejillón está creciendo. Quizás si no hubiera veda tampoco habría mucha extracción, como pasa en el verano, porque los mejilloncitos son muy chiquitos entonces a los pescadores les conviene dedicarse a otro tipo de pesca.

A.L. — Me llamó la atención que la persona del Puertito del Buceo no tenía el concepto de la veda, lo que da pie a pensar a que de repente viene alguien con un mejillón de acá y capaz que se lo compra.

V.L. — Esa era una de las problemáticas. Le hicimos una entrevista a un biólogo y ecólogo marino, Omar de Feo, de Dinara, preguntándole de estas cuestiones, y nos decía que muchas veces la veda existe en un papel pero es muy difícil la implementación.

Esta es también una de las contribuciones que queremos hacer con este libro, conocer de cerca el oficio a partir de la voz de sus protagonistas que son los buzos para implementar planes de manejo integrado.

A.L. —Mathías, ¿tu oficio da para vivir bien?

M.P. —Da para vivir. Mi familia está hace 30 años en esto, y después está el plus en la temporada y también en la semanita de turismo se puede hacer alguna diferencia. Y nada más.

A.L. — ¿Dónde comercializan?

M.P. — En toda la costa y en todo Montevideo.

A.L. — Un día de buena recolección ¿cuántos quilos de mejillones sacan?

M.P. — Según, porque no sacamos mucho en invierno porque no se va a vender. En enero y febrero sí sacamos, sacamos 15 mil quilos más o menos.

A.L. — ¿En cuánto tiempo?

M.P. — En una mañana.

A.L. — ¡Es brutal! Son como 15 toneladas.

M.P. — Sí, sacamos bastante.

A.L. — ¿Eso es el trabajo de cuántas personas? ¿Cuántos buzos sacan esa cantidad?

M.P. — Dos o tres buzos.

A.L. — ¡Es brutal! Debe ser un esfuerzo físico muy importante.

M.P. — Es increíble, sí. Es muy agotador. Por ejemplo, en la temporada estamos para eso y para nada más. No nos damos ningún lujo. Estamos para eso.

A.L. — Tiene 24 años, luego de un día así, ¿le da el físico como para salir, hacer esparcimiento o estudiar?

M.P. — No, la verdad que no. Un día de trabajo en temporada no, porque si bien no soy el patrón, estoy siempre con mis tíos, entonces vamos a repartir a las 4 o 5 de la tarde y terminamos como a las 9 o 10 de la noche.

A.L. — O sea que se sumerge, vuelve a la embarcación y luego sale a hacer el reparto.

M.P. — Claro, más bien. Y también venimos a Montevideo todos los días.

L.D. — Además, hace toda la limpieza del mejillón. Primero, hacen una primera limpieza en la embarcación que como decía Victoria hay un grupo de mujeres y hombres que se dedican a la limpieza más fina.

M.P. — Claro, nosotros bajamos pero después hay que cooperar arriba en el lavado también.

A.L. — En el caso de tu tío que tiene 76 años y sigue trabajando de buzo, ¿tiene jubilación en ese tipo de empleo?

M.P. — Se estuvo peleando en todo Punta del Este por el tema de los buzos y el tema de la pesca también. Se juntaron firmas y se hicieron cosas, pero me parece que no se llegó a nada.

Nosotros sí, porque mi tío puso una mini empresa, entonces ellos tienen jubilación. En nuestro caso particular sí, pero en general creo que no, que todavía no se llegó a ningún acuerdo.

A.L. — En su caso particular, ¿tiene algún tipo de seguridad social si le pasa algo como enfermarse o lastimarse?

M.P. — No, seguridad no tengo ninguna.

L.D. — Es un tema bien importante porque Mathías decía que les da para vivir, pero realmente hay que ver de qué forma. Ellos trabajan muchísimo. Después de haber estado sumergidos toda la mañana…nosotros salimos con ellos al mar algunas veces y salen a las 5 o 6 de la mañana y vuelven a las 12.30 más o menos y están hasta las 10 de la noche metidos en el tema en temporada. Trabajan una cantidad de tiempo.

Por otro lado, si no tienen una empresa —como es el caso de ellos que si tienen una unipersonal—, no tienen ningún tipo de seguridad social porque no están aportando y no tienen mutualista.

Hay que tener todas estas cosas en cuenta. Cuando él dice: “Me da para vivir”, sí… pero, bajo qué condiciones. Ellos también cuando contestan esto, lo remarcan.

Uno de los buzos, Santiago Piaggio, me decía que están pendientes todo el tiempo de la embarcación, de qué pasó en el puerto, se tienen que levantar a las 3 de la mañana a veces porque se salió alguna amarra… es un trabajo de casi 24 horas y más aún en temporada.

V.L. —Además, que también dependen mucho de las condiciones climáticas.

L.D. — Y de la venta también.

A.L. — En el tema de la pesca común, el tema de los intermediarios siempre es un tema conflictivo. Nosotros hemos hecho varios programas en la radio y en la televisión con los pescadores y recuerdo la gente de un grupo llamado Pesaupe en San José, en Playa Penino, que vendían la caja de pescado a una cifra parecida a lo que pagamos por 2 quilos de filete cuando lo compramos en la pescadería.
Hay un margen de ganancia del costo de intermediación brutal, de un porcentaje astronómico. ¿Cómo es esta situación con el mejillón?

V.L. — Considero que es menor que en la pesca ya que ellos se encargan de una parte importante de las ventas. Las distribuyen a mayoristas, pero no se trata de mayoristas intermediarios que acopian todo el mejillón.
De todas formas, en el tema del precio está el tema que antes mencioné. Es difícil competir con la mercadería ya que si bien la gente dice que es más rico el mejillón de acá, a la hora de pagarlo quizás no puede mantener esa elección porque es decisivo el costo.
Por eso ellos decían que a veces se les complicaba el tema de la venta y también para poner un precio, porque no pueden poner un precio mucho más elevado que el otro.

A.L. — Nos queda pendiente hablar del tema de las regulaciones. Hay que tener libreta para ser buzo, hay que tener una libreta para estar embarcado… ustedes han hecho algunas propuestas para mejorar las condiciones de trabajo en este oficio.
¿Nos podrían decir al menos un título de algo que hayan detectado y sobre lo cual hayan establecido ya alguna propuesta en vías de solucionarlo?

V.L. — Sí, por un lado el mayor aporte que quisimos hacer con este libro fue que se conozca el oficio y estas problemáticas.
En el segundo paso de las propuestas, fuimos más “tímidas” en el sentido que consideramos que hay que hacer un trabajo más profundo y junto con los gestores del Estado y los buzos, lo que es un proceso largo, pero apoyamos las propuestas que hay de co-manejo, de manejo de los recursos desde la Dinara.

L.D. — Que se está implementando a través de Facultad de Ciencias y de Dinara.

V.L. — O sea, un manejo de los recursos a medias. Que no venga el Estado e imponga.
Surgió la contribución por eso. Muchas veces existe poca comunicación de los pescadores con el Estado.
Hablamos con gente del Estado y nos dicen una cosa y hablamos con los pescadores y tienen otra visión completamente diferente. Falta comunicación porque a veces están tirando para el mismo lado.
Como decía Leticia, nuestra contribución es tratar de hacer una investigación bien profunda, pero nos dimos cuenta que el tema es tan complejo que todavía falta investigación.

L.D. — No se puede decir: “Hay que hacer esto, y con esto se soluciona”. Pero esto puede ser el puntapié inicial para decir…

A.L. — Para establecer una instancia de diálogo.

L.D. — Claro, de diálogo y creo que el Estado de alguna manera está apuntando a eso por esos planes de co-manejo. Que no venga el Estado a imponer cosas desde afuera sobre una realidad que pocas veces se conoce. No se trata de imponer una nueva norma, sino todo lo contrario: cuidar o trabajar los recursos de forma complementaria entre el Estado y los propios trabajadores. Eso sería el co-manejo.

A.L. — Los que quieran conseguir el libro, ¿dónde lo pueden hacer?

V.L. — Pueden ir a Librería Babilonia en Tristán Narvaja, y al Primer Centro Ecológico que también está en Tristán Narvaja. También lo vamos a llevar a Maldonado, Punta del Este y Piriápolis y en breve vamos a hacer la presentación del documental junto con el libro, por eso el libro todavía no se ha presentado.

A.L. — ¿Qué formato es el documental?

V.L. — Un DVD.

A.L. — ¿Está pensado para pasarlo en la televisión y en el cine?

V.L. — Sí, es de alta calidad como para poder pasarlo en el cine también.

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