Hormigón en base a cáscara de arroz

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El Club de Ciencias Arquilocos obtuvo el tercer premio de Biotecnología en la Feria de Ciencia de Ingeniería de California, en EEUU, con su proyecto para confeccionar homigón ecológico.

Entrevista a la Prof. Beatriz Idiarte y a Yoel Apolinario, del Club de Ciencias Arquilocos

Los jóvenes, que están terminando este año el Bachillerato, algunos con orientación Arquitectura y otros Ingeniería, quieren en el futuro terminar sus carreras universitarias y crear una empresa, pero antes, seguir participando en las ferias de clubes de ciencia del Uruguay, que fue lo que los llevó a crear este sistema de elaboración de hormigón ecológico.

 

Siete jóvenes de Río Branco y una profesora de Química acaban de ganar el tercer premio de la categoría Biotecnología en la Feria Internacional de Ciencia de Ingeniería de California, en Estados Unidos, una feria muy prestigiosa organizada por la Compañía Intel.

El Club de Ciencias uruguayo Arquilocos, fue una de las 1.500 propuestas de todo el planeta que se presentaron en esta feria, en la que hubo 14 categorías. El proyecto que presentaron consiste en utilizar la cáscara de arroz para elaborar un hormigón liviano que, según estos jóvenes, ha demostrado ser un buen aislante término y de humedad.

Los muchachos —que tuvieron que hacer una colecta para poder viajar todos a Estados Unidos porque el Estado les daba solamente dos pasajes—, fueron recibidos en Río Branco con una caravana y con festejos por toda la ciudad, según dijo a Producción Nacional la comunicadora del Programa de Popularización de la Cultura Científica de Dirección de Innovación, Ciencia y Tecnología (DICyT), Gloria Rodríguez.

Para concoer cómo fue la epopeya del club de ciencias de Río Branco vamos a conversar con la profesora de inglés Beatriz Idiarte, tutora del Club de Ciencias Arquilocos, y con Yoel Apolinario, uno de los jóvenes integrantes del proyecto.

Alejandro Landoni — ¿Cómo está?

Beatriz Idiarte — Bien. Quisiera aclarar que los chiquilines hicieron todo el proyecto con la profesora de Química que se llama Gloria Comesaña y a último momento lamentablemente no pudo viajar, de manera que me tocó ocupar su lugar, con mucho orgullo por supuesto.

A.L. — O sea que le dio una buena mano para ir a Estados Unidos ¿o usted ya estaba participando de este tema desde antes junto con la profesora de Química?

B.I. — La verdad es que ya me había acercado a los chiquilines porque como grupo lo que estaban haciendo me parecía que realmente valía la pena, pero trabajar firmemente con ellos y codo a codo, lo hice desde octubre, cuando los chiquilines pasaron de la etapa nacional a ganar la oportunidad de presentar el proyecto ante la Cenitec.

A.L. — Viendo cifras viejas de la Universidad de la República y una nota que habíamos hecho en Producción Nacional en el año 2006, en Uruguay se producían en aquel entonces 264.500 toneladas de cáscara de arroz por año. Se trata de un deshecho que es altamente contaminante para el medio ambiente.

Lo que más se hace es quemarlo, y de hecho hoy hay una empresa llamada Galofer que se dedica a eso —quemar cáscara de arroz y generar energía eléctrica—. Antes solamente se lo quemaba como combustible y a veces para achicar su volumen, pero el tema está en que esta cáscara de arroz tiene mucho sílice que es altamente contaminante y la ceniza es muy volátil, contamina los cursos de agua, contamina los campos cercanos. Imagino que todos estos factores fueron un poco el puntapié inicial de este proyecto que comenzaron los gurises.

B.I. — Exacto. Los chiquilines comenzaron con todo esto con una idea en buscar, por un lado, algo en común para alumnos del liceo que pensaban estudiar Arquitectura e Ingeniería, de manera que el hormigón era un punto en común, y por otro lado, con el tema ecológico.

En Río Branco la quema de la cáscara de arroz —y supongo que en el departamento de Cerro Largo también—, no es controlada, es altamente contaminante y además hay alto porcentaje de la población que sufre de problemas respiratorios. Aparte de que en nuestra ciudad tenemos varios secadores de arroz, cosa que también contribuye a lo que son los problemas respiratorios de la zona, a los chicos les interesó tanto el tema de tal manera que decidieron formar un grupo con la profesora Gloria Comesaña y se enteraron —porque Gloria ya hacía tiempo que venía participando de los Clubes de Ciencia—, que existe un Programa de Popularización de la Cultura Científica que es una repartición del Ministerio de Educación y Cultura, con Gloria Rodríguez como portavoz, y decidieron llevar esto adelante, presentarse y fueron salvando las distintas etapas.

A.L. — A partir de ahora se va a integran en la conversación Yoel Apolinario que es uno de los siete chicos de Río Branco que ganaron el premio.

¿Dónde estás Yoel? ¿En Río Branco?

Yoel Apolinario — Sí, en Río Branco, en el liceo, en el salón de clase.

A.L. — ¿En qué año estás?

Y.A. — En sexto de Ingeniería.

A.L. — Nos comentó Gloria Rodríguez que el recibimiento en Río Branco fue brutal y que hubo caravanas y festejos.

Y.A. — Sí, nos esperó una caravana en la entrada de Río Branco en el paso de frontera y fue muy linda, tremenda caravana.

A.L. — Imagino que fue muy emocionante para ustedes.

Y.A. — Sí, fue una emoción que nos recibiera tanta gente y andábamos por dentro de Río Branco con la caravana y todo el mundo nos saludaba en la calle, había cantidad de gente.

A.L. — ¿Cuándo fue que empezaron a reunirse y a investigar el tema?

Y.A. — Fue en abril del año pasado, creo que la primera reunión fue alrededor del 20 de abril. En esa reunión la profesora nos tiró unas ideas de que podíamos hacer hormigón ya que unos íbamos a hacer 6º de Ingeniería y 6º de Arquitectura y decidimos probar con la cáscara de arroz. Basándonos en lo que era el hormigón tradicional fuimos viendo cómo podíamos incorporar la cáscara de arroz al hormigón que hicimos nosotros.

A.L. — ¿Qué diferencia tiene este hormigón con cáscara de arroz del portland común?

Y.A. — La elaboración es la misma, sólo que nosotros en vez de ponerle como en el hormigón tradicional que se le pone pedregullo, nosotros le ponemos cáscara de arroz.

A.L. — De ahí se hace más liviano.

Y.A. — Queda más liviano porque la cáscara de arroz es muy livianita respecto al pedregullo y también para mejorarlo, porque sólo con la cáscara de arroz no quedaba bien, pusimos otros productos como sulfato de sodio, que es un solidificante y la cáscara de arroz que ayuda a que las partículas se ordenen más fácil en el fraguado del hormigón.

Así, el hormigón es más fácil de trabajar.

A.L. — En función de algunas pruebas que hicieron sostienen que es un buen aislante térmico y también es un buen aislante de la humedad.

Y.A. — La cáscara de arroz le brinda esa capacidad al hormigón, que es muy aislante de la humedad y aislante térmico.

Aislante de la humedad lo decidimos probar porque en las cascareras, donde se deposita la cáscara de arroz para quemarla, está a la intemperie la cáscara, y de pila que hay sólo se moja en el borde de la cáscara, el agua no entra hacia adentro de la cáscara de arroz.

A.L. — En una nota que salió en el diario El País veo que este tema de este tipo de hormigón ya está patentado en el Mercosur y ha despertado mucho interés en la utilización comercial, sobre todo para paneles prefabricados y techos livianos.

¿Quién lo patentó? ¿Saben la historia de esto?

Y.A. — Sí, está patentado a nuestro nombre.

A.L. — Ah… lo patentaron ustedes.

Ese es todo un tema porque en Uruguay realmente hay pocas patentes.

Y.A. — Sí, tuvimos ayuda porque tuvimos que pagar dinero para poder patentarlo y nos ayudaron de la Intendencia, y lo podemos utilizar recién a partir del año que viene cuando uno de nuestros compañeros (el menor), cumpla 18 años porque para utilizarlo todos tenemos que ser mayores de 18 años.

A.L. — El tema de las patentes es bien interesante. Imagino que estarán pensando en qué utilización comercial le pueden hacer.

Y.A. — Sí, estamos viendo qué nos conviene hacer e incluso habíamos pensando en la posibilidad de crear una empresa entre nosotros, porque el otro día estuvimos visitando el Latu, donde hay una incubadora de empresas donde ayudan a crear una empresa y nos llamó mucho la atención, pero para eso tendríamos primero que terminar la facultad los que vamos a hacer Ingeniería y otros que van a hacer Arquitectura para que podamos crear la empresa nosotros, antes de vender el proyecto a otra empresa.

A.L. — Claro, decisiones nuevas que tienen que tomar.

Profesora, ¿qué procedimiento aplican para hacerle la tutoría a este tipo de trabajos?

B.I. — Básicamente, toda la tutoría la realiza la profesora Gloria Comesaña reuniéndose todos los miércoles del año, porque los chiquilines comenzaron en abril, iban pasando las distintas etapas en las participaciones de los Clubes de Ciencias a nivel departamental y nacional y seguían igual reuniéndose miércoles a miércoles durante toda la mañana para poder hacer las investigaciones, las pruebas. A nivel local conseguían los materiales —porque la población ha colaborado bastante en cuanto a eso—, para poder hacer las muestras de hormigón, testearlas y volver a empezar de nuevo, porque no todo les daba correcto.

Ha sido un trabajo arduo y que tomó varios meses con la profesora Gloria Comesaña.

A.L. — Ahora a estos jóvenes se les abre nuevas disyuntivas.

Es realmente muy trascendente para nuestro país tener una patente de este tipo para el Mercosur y ahora se abre la posibilidad comercial y son nuevos y mayores desafíos a los cuales los jóvenes se tienen que enfrentar.

¿Los mayores qué tipo de apoyo le pueden dar?

B.I. — Eso es bastante relativo. Por un lado apuntamos a que los chiquilines tengan fe en lo que hacen y logren muchas cosas, pero por otro —como dijo Yoel—, ellos tienen muy claro que primero tienen que estudiar. Todo esto de hacer ciencia y participar en todos los eventos que realiza el Programa de Popularización de la Cultura Científica implica también que los chicos estudien y salgan adelante y contagien las ganas de hacer cosas. Que no se queden con un sueño de lo que es lograr algo económico y dejar por el camino otras cosas.

Eso es lo principal: apoyarlos para que ellos continúen haciendo lo que les gusta pero también continúen sus estudios.

A.L. — Imagino que debe de ser difícil porque es una edad difícil, es un premio importante, es un recibimiento importante, es una patente, algo que es dificultoso para nuestro país.

B.I. — Sí, respecto al tema de la patente ellos se inscribieron en la patente del Mercosur el año anterior. Alrededor de setiembre ya estaba todo resuelto con el apoyo de la Intendencia y de empresas locales.

Ahora, lo que tiene que ver con el Premio Intel, el haber viajado y estado ahí, los chiquilines formaron parte de una delegación uruguaya que incluyó dos grupos más, a los cuales también aprovecho para mandarles el saludo y las felicitaciones porque si bien no trajeron un premio, se trajeron todo el aprendizaje de lo qué fue estar ahí y compartir todos formando un grupo. Esto es sin palabras. Es excepcional. Por supuesto que también se trajeron las ganas de volver a intentar. El miércoles pasado empezaron la segunda etapa de su proyecto. Un nuevo proyecto derivado de lo que estaban haciendo porque vinieron con entusiasmo y con ganas de seguir haciendo cosas y la población los recibió bien y ahora los están apoyando porque demostraron que en Uruguay se puede.

A.L. — Yoel, se presentaron en la Feria de Clubes de Ciencias y ganaron el premio y eran siete más la profesora sumaban ocho en total, pero les dieron plata sólo para dos pasajes.

Y.A. — Sí, ese fue uno de los grandes problemas que tuvimos que trabajar durante todo el verano para conseguir la plata. Recibimos donaciones y pedimos en todos lados y conseguimos para poder viajar todos.

A.L. — Supongo que esa decisión fue brava.

Y.A. — Sí, pero desde que ganamos en Tacuarembó dijimos que o iban todos o no iba nadie y logramos el objetivo. Uno de los compañeros no pudo ir pero no fue por problemas de no conseguir su pasaje.

A.L. — Fue por un problema personal.

Y.A. — Sí.

A.L. — ¿Hicieron una colecta y fueron por distintos lugares o fueron a empresas grandes?

Y.A. — Hicimos de todo. Hicimos rifas, hicimos peajes arriba del puente, pedimos donaciones en el liceo, pedimos a empresas grandes y a empresas no tan grandes y al final juntamos todo el dinero necesario e incluso le pedimos a la empresa de aviones que nos hicieran un descuento y nos regalaron dos pasajes.

A.L. — Además del tercer premio que trajeron de la Feria de California, ¿qué experiencias tuvieron y recogieron?

Y.A. — La experiencia fue muy buena. Todos nos trajimos las ganas de seguir participando en la Feria. Estamos trabajando para poder ir de vuelta porque es muy buena, se conocen muchas cosas, se ven proyectos diferentes, se ven personas de distintos lugares. Está muy bueno participar de una feria.

A.L. — ¿Cuántos días estuvieron en Estados Unidos?

Y.A. — Una semana.

A.L. — ¿Era temporada de clases en Río Branco?

Y.A. — Sí, nos perdimos una semana de clases.

A.L. — ¿Qué pasó con las faltas?

Y.A. — Como es una semana sólo tenemos falta por materia, entonces no nos perjudica tanto, principalmente porque fue a principios de año.

A.L. – A veces los gurises ganan premios y viajan al exterior representando al país, el propio Director de la DICyT, el ingeniero Gerardo Agresta, quien fuera columnista de Producción Nacional, les dio hasta un pabellón patrio para que llevaran, pero cuando vuelven les ponen las faltas en el liceo. En cuanto a los profesores que hacen todo ésto durante todo el año, lo hacen casi siempre en su tiempo libre y no reciben ningún tipo de remuneración.

No sé cómo fue el caso de la profesora Comesaña y de la profesora Beatriz Iriarte. ¿Qué pasó con sus horas de trabajo profesora?

B.I. — Las faltas a clase fueron totalmente justificadas, no hubo ningún tipo de descuento y con respecto al trabajo de Clubes de Ciencias implica utilizar tiempo extra, tiempo de tu casa, de tu familia dedicado a esto, pero para los chicos también implica: estudiar extra, dedicar tiempo extra, tareas extra y la verdad es que las cosas valen la pena porque se les va enseñando que de a poquito todo lo que uno aporte a eso vale la pena y se llega muy lejos. Hay que enseñarles a que vale la pena el esfuerzo extra.

Quiero agradecer y saludar a los representantes del Ministerio de Educación y Cultura y de la DICyT que viajaron con nosotros que son Gustavo Riestra y Leonardo Laborde.

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