«Jugar al fútbol, tomar mate y hoy por hoy entrar a Internet desde cualquier punto del pueblo»

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Mones Quintela es el primer pueblo inalámbrico del Uruguay, gracias a un proyecto de integrantes de la Red de Apoyo al Plan Ceibal.

Tal como lo explican los promotores del proyecto, ahora en Mones Quintela, un pequeño pueblo de mil habitantes ubicado a 25 kilómetros de Bella Unión, además de jugar al fútbol o tomar mate, un sábado de tarde desde cualquier punto de la localidad una persona se puede conectar a Internet gratis.

 

Entrevista emitida el viernes 17/04/09 en Producción Nacional — 1410 AM LIBRE

 

Mones Quintela, una localidad ubicada a 25 kilómetros de Bella Unión, se convirtió en el primer pueblo con conexión inalámbrica del Uruguay. La iniciativa fue llevada a cabo por la Red de Apoyo al Plan Ceibal (RAP Ceibal) y una cooperativa de la zona, con el objetivo de brindar conectividad a unos 80 niños en etapa.

Ignacio Montero, estudiante de Ingeniería y responsable técnico de la iniciativa y Lilián Intrieri, coordinadora de la RAP Ceibal en Artigas y Salto, explicaron en Producción Nacional como surgió y se concretó este proyecto sin precedentes en nuestro país.

 

Alejandro Landoni — ¿Cómo es Mones Quintela?

 

Ignacio Montero — Es un pueblo típico del Interior, con una estructura sencilla: una escuela, una iglesia, una comisaría, 1.000 personas y una empresa que básicamente “le da vida” al pueblo.

 

A.L. — Un sábado de tarde que esté lindo, ¿qué se puede hacer?

 

I.M. — Jugar al fútbol, tomar mate y hoy por hoy entrar a Internet desde cualquier punto del pueblo.

 

A.L. — ¿De qué viven estas 1.000 personas?

 

I.M. — En general de la caña de azúcar o trabajan en arroz; agricultura y ganadería, y algunos son empleados de la Cooperativa Calpica que es una cooperativa de riego.

 

A.L. — Calpica fue la cooperativa que dio el apoyo para el proyecto. ¿Qué tanta conexiones hay en Mones Quintela en relación a la TV cable, celular, etcétera?

 

I.M. — Conexiones de celular hay y TV Cable se recibe, y lo que no hay es televisión por aire. Lo que llega es el canal que está en Bella Unión y alguna señal brasilera por la vecindad con Brasil.

 

A.L. — El proyecto surgió con la idea de era dar conectividad a 82 chiquilines con sus computadoras. ¿Cómo fue el proceso? ¿Cuál era el problema que tenían?

 

I.M. — El proyecto nace de una necesidad, porque había niños que estaban detrás de “la fábrica”, que les bloqueaba la conexión. Esa fábrica es un galpón gigante de la empresa Calpica, que en el pasado fue el primer ingenio azucarero de la zona. Ese galpón bloqueaba la señal de Internet de la escuela. Los niños tenían que atravesar la fábrica; dar la vuelta a la fábrica y llegar hasta la escuela.

Entonces, un día vamos a dar una charla a los padres con el Plan Ceibal y ellos nos plantean este problema. Como justo estaba un integrante de Calpica, nos plantea ¿cómo podemos solucionar esto? Y de ahí nace este proyecto, empezamos a ver costos y a buscar soluciones y llegamos a un acuerdo.

 

A.L. — Usaron materiales muy caseros; leyendo en el blog vi que usaron una antena casera y usaron el router adentro de un tupper ware para protegerlo de las inclemencias del tiempo.

 

I.M. — Claro, sí, porque la idea era tratar de abaratar costos al máximo. Esas ideas salen de un libro que se llama “Redes inalámbricas para países en desarrollo”, que da muchas ideas para hacer conexiones estables a bajo costo.

 

A.L. — ¿La conexión en sí en qué consiste?

 

I.M. — Es un ADSL residencial de Antel Data.

 

A.L. — ¿Y no hay problema de compartirlo con toda la barra?

 

I.M. — No, no hay problema porque se respeta el contrato, debido a una característica que debe de ser única en Uruguay, que es que la empresa Calpica es dueña de la mayoría del territorio donde está edificado el pueblo.

Es algo complicado de explicar, pero la iglesia, la comisaría; todo está construido sobre el terreno de Calpica, se podría decir que el pueblo es de Calpica. Entonces, el territorio es de la empresa y el contrato establece que uno puede compartir la conexión en su predio.

 

A.L. — Es interesante. Me imagino que ahora Antel debe de estar orgullosa de lo que hicieron ustedes.

 

I.M. — A mí me extrañó pero es algo que nos jugó a favor. Descubrí que era el dueño del padrón y por eso se pudo hacer sin problemas.

 

A.L. — Cuando hablamos de una conexión libre ¿quiénes se pueden conectar? ¿Sólo los 82 chiquilines o todo el pueblo?

 

I.M. — El convenio que firmamos con Calpica (está en el blog), era para darle conectividad a las máquinas de los niños del Plan Ceibal; ese era nuestro objetivo.

Luego, Calpica puede habilitar la conexión a quien ellos quieran. Ahora estamos viendo que también hay algún maestro que adquirió una notebook por la financiación que dio el Plan Ceibal, y a esa computadora la vamos a habilitar.

Después, algún privado o que esté por fuera del Plan Ceibal, y esté interesado en la conexión, debería hablar con Calpica.

 

A.L. — Es una conexión con horario.

 

I.M. — Sí, está bloqueada desde las 22 horas hasta las 8 de la mañana.

 

A.L. — Porque es para los niños.

 

I.M. — Sí, ese es el objetivo y además es una conexión con filtros para páginas de pornografía y contenido violento.

Las filtramos porque sabemos que las máquinas no las usa sólo el niño. Hoy por hoy, si pudiéramos entrar al blog que registra las páginas a las que se entra por la conexión, van a ser muchas páginas de diarios, de la quiniela, del Mercado Modelo. Son páginas que sabemos que si entran a ellas es porque detrás hay algún adulto o una familia.

 

A.L. — ¿Pero en esencia está bueno?

 

I.M. — Está genial. Nosotros estamos chochos de la vida de haber podido lograr eso y esa es la etapa 1 del proyecto. La etapa 2 consiste en levantar una conexión similar en Tomás Gomensoro, que es otra ciudad y, la etapa 3 es interconectarlas a las dos.

 

A.L. — Tomás Gomensoro, en Artigas, es la “capital nacional del boniato”, el lugar donde el actual gobierno comenzó la gira “pueblo a pueblo”.

 

I.M. — Exacto. En Gomensoro tenemos otros problemas, tenemos que ver cómo ponemos la conexión para no generar problemas a la empresa que en Gomensoro ya está dispuesta a colaborar. En Quintela, tenemos un abogado de Calpica que nos asesoró legalmente en forma gratuita y que fue el que también diseñó el convenio.

 

A.L. — ¿Cuánta plata se gastó en esta conexión en Mones Quintela?

 

I.M. — Menos de U$S 300.

 

A.L. — Impresionante.

 

I.M. — Y sí, y eso fue uno de los disparadores por los cuales el proyecto salió tan rápido.

La cooperativa estaba pensando en miles de dólares, entonces nos decían: “Bueno, sí, en algún momento lo vemos”, pero cuando les dijimos los costos, — creo que exactamente fueron U$S 267, porque no tiene mano de obra y es sólo el costo del material —, aceptaron.

 

A.L. — ¿Cómo vivió usted, como coordinadora de esta Red de Apoyo al Plan Ceibal, esta experiencia?

 

L.I. — Primero es muy emocionante, y luego es una responsabilidad y un compromiso que se genera con la comunidad, que nos da fuerza y también nos desgasta a veces un poco. Pero la verdad es que la fuerza y las emociones valen más que el tiempo, que las cosas que uno invierte.

 

A.L. — Imagino que para los chiquilines y para las familias de la zona les debe cambiar muchas cosas.

 

L.I. — Sí, la verdad es que cuando Annick Peter presenta el proyecto de Ciudades Inalámbricas a “Tus ideas valen”, uno se imagina las caras de las personas que son beneficiarias de esto y el impacto social que causa. Entonces, cuando se hace efectiva la experiencia uno comprueba que no le erró al ver las caritas de los chiquilines y de la gente que si no era de esta manera quién sabe cuándo podría llegar a tener una Wi Fi (conexión inalámbrica) dentro de sus domicilios.

 

A.L. — A nivel del aula ¿cómo se está transformando Educación Primaria?

Usted está acá como directora de una escuela de Montevideo, donde todavía no se instaló el Plan Ceibal, pero también es coordinadora de la RAP Ceibal en Artigas y Salto. ¿Cómo se ha transformado el aula, la clase, en aquellos lugares donde ya funciona el Plan Ceibal?

 

L.I. — En Montevideo, aún no está implementado el Plan Ceibal, — recién llegó a las docentes las XO —, y lleva un proceso de aprendizaje para los docentes.

En cuanto a los departamentos en donde ya existe el Plan en desde el año pasado, específicamente en Artigas y Salto, hemos ido evolucionando en este proceso: primero los docentes tienen que capacitarse para poder asimilar la herramienta y poder ver cuáles son las prioridades o las cosas que se pueden hacer con ella, pero es realmente una revolución educativa.

Nadie puede negar que el laptop es el cuaderno del siglo XXI en un aula.

 

A.L. — ¿Y las maestras están preparadas para eso?

 

L.I. — Bueno, podemos hablar de muchas cosas. Puedo decir que yo soy de la generación del 87’, que no fuimos formados tecnológicamente, pero esto no se trata de una escuela basada en Tecnología. Nosotros no somos maestros de Informática; lo que hacemos es trabajar una herramienta informática o tecnológica en el área pedagógica, porque hacen falta herramientas para acceder a los conocimientos, para aproximarnos a ellos, que cada vez más están más distantes de los chiquilines.

 

A.L. — Usted da una muy buena definición, no son maestros de Informática pero la Tecnología cambia las prácticas y en el día a día y permite hacer cosas que hasta antes de tener la máquina eran cosas impensables.

¿Cómo viven ese proceso?

 

L.I. — Una vida sin máquinas a esta altura es imposible. Facilitan nuestra vida cotidiana y por ahí también podemos ver la XO que es una herramienta que nos facilita poder llegar al conocimiento de distintos puntos de vista, de distintas estrategias, apuntando a las diferentes inteligencias que tienen cada uno de los alumnos.

 

A.L. — Algo que preocupaba mucho cuando se empezó a implementar este Plan era la logística que requiere, ¿qué pasa cuando estas maquinitas se rompen? ¿Se demora mucho en arreglarlas?

 

L.I. — No, no demoran nada en arreglarse. Por ejemplo en Artigas (que uno puede pensar que está lejos), el niño personalmente envía la máquina por Correo a Montevideo en un día y cuando llega al Latu, donde se arregla, y a veces en el mismo día sale por el Correo de vuelta a Artigas. Nunca demora más de una semana, a no ser que el problema sea más grave y el Latu ya le dice al niño que va a demorar un poquito más.

En cuanto a los cargadores y a otras herramientas de las XO, se arreglan o se mandan gratuitamente. No se tiene porqué enviar el cargador al Latu, ya que directamente hacen la solicitud y le dicen si los cargadores están descompuestos o no funcionan y entonces, el Latu les vuelve a enviar un cargador.

 

A.L. — A nivel general, ¿los niños cuidan las máquinas?

 

L.I. — Es impresionante cómo cuidan las máquinas. Mucha gente que pensó que se iban a vender o que tenían miles de supuestos, la verdad que nosotros hemos visto en hogares humildes máquinas cuidadas como tesoros, que son valoradas muchísimo por los niños, porque es una herramienta de trabajo que si bien ellos la ven como un juguete, no es un juguete.

Los chiquilines las cuidan porque sienten que es suya y la valoran enormemente. Es una herramienta que les da infinitas posibilidades y el niño lo entiende así desde el principio, por eso se aferra a esa maquinita como algo natural en su vida cotidiana, tanto para jugar como para aprender. Lo hemos visto también en hogares que se han incendiado, donde los niños lo primero que atinan es a agarrar a sus máquinas.

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