«Muchas industrias abiertas en las mejores condiciones de trabajo»

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El nuevo director nacional de Trabajo es Luis Romero, un histórico dirigente de la rama del caucho y particularmente, de la empresa Funsa.

Romero, que suplantará a Julio Baráibar que asumirá como embajador itinerante, tuvo una destacada participación en la huelga general del año 1973, tuvo también una destacada participación cuando la empresa Funsa cerró y los trabajadores estuvieron varios años luchando por su reapertura. Cuando la empresa reabrió, buena parte de los trabajadores que estaban desempeñando sus funciones en el momento del cierre formaron una cooperativa que se volvió accionista de la empresa Funsa.

Se puede decir, —aunque sé que a Romero no le gusta que utilice esta expresión—, que estuvo “de los dos lados del mostrador”. Una larga tradición sindical y también hace algunos años que está como asesor e integrante de la cooperativa de los trabajadores de Funsa, que es accionista de la empresa. Quizás, ahora se pueda decir que es un mostrador de tres lados porque este antiguo dirigente sindical se convirtió en director nacional de Trabajo, formando parte del gobierno nacional.

 

Alejandro Landoni — En su historia personal figura que integró el movimiento sindical desde la época del 50. ¿Esto es así?

Luis Romero — En el año 1958 entré en Funsa y fui delegado del sector desde el ’62 o ’63, por ahí, y siempre haciendo algo.

A.L. — Y después con la experiencia de Funsa recuperada. ¿Todo esto lo ayuda a la hora de desempeñarse en este nuevo cargo?

L.R. — Sí, creo que ayuda todo lo que he hecho durante todos estos años. No sólo lo que se hizo en Funsa permanentemente y más después que cerró, sino lo que he hecho desde la Secretaría de Relaciones Laborales del Pit-Cnt, cuando lo integraba y era el que tenía ese trabajo en las relaciones laborales de venir al ministerio permanentemente.

En todo ese camino que he hecho antes, hoy encuentro a mucha gente todavía aquí y eso facilita la tarea del conocimiento y los recuerdos que se vienen no son todos de “ganadas”, pero hay algunos de varias cosas.

A.L. — Eran otras épocas.

L.R. — Eran otras épocas, pero esto ayuda a que los compañeros que voy a tener aquí tanto hombres como mujeres, funcionarios de esta repartición, ya sepan con quién están hablando. No me tienen que descubrir ni yo los tengo que descubrir a ellos. Sé cómo son y saben cómo soy yo.

A.L. — ¿Cuántos años tiene?

L.R. — Setenta y uno.

A.L. — ¿Qué fue lo que lo sedujo para ocupar este cargo que es un cargo “caliente”?

Salvando las distancias, lo comparo con cargos el del ministro del Interior, gente que muchas veces se pasa “apagando incendios”, que muchas veces no salen a la luz pública y nosotros ni nos enteramos, pero igual hay un trabajo bárbaro de los funcionarios que están allí.

L.R. — Es como en todos los desafíos de la vida.

Hay desafíos que hago porque viví toda la vida en Funsa, y tengo que demostrar que había hablado siempre de cómo veía esa industria. Demostré, si no en un 100%, por lo menos la gente supo que tenía muchas razones para decir y hacer lo que hice.

El otro es este desafío de acá que tiene que ver con las relaciones laborales, con el mundo del trabajo y con ayudar a todos los que pueda, a aquellos que me tuvieron confianza para decirme que yo podía estar allí.

Es un lugar difícil. Todo el mundo lo sabe, pero creo que si trabajo en equipo, si estoy con la gente, distribuyo la tarea, comprometo a los funcionarios y les doy protagonismo y compromiso y respaldan eso, la tarea se hace muy sencilla y no es tan mala como dicen.

A.L. — Hay muchas declaraciones en torno a las relaciones laborales. Por ejemplo, los empresarios sostienen que desde el Ministerio de Trabajo “se inclina mucho la balanza” hacia el lado de los trabajadores.

¿Qué repercusión cree que puede tener su presencia allí?

L.R. — No, no. Ellos saben que ni conmigo ni con Julio Baráibar ni con otro compañero… no, no. Es como cuando nosotros decíamos “ponen un abogado aquí”.

Cuando estaba el Partido Colorado o el Partido Nacional ponían un abogado, un técnico y nosotros podíamos pensar que ese técnico que nunca habló con un trabajador, que no sabe lo qué es una fábrica… se va a inclinar para el otro lado. Sin embargo, nosotros concurríamos aquí para dirimir los conflictos hablando de igual a igual con los representantes del Ministerio de Trabajo y los empresarios y teniendo el máximo respeto que es lo que ha sembrado el camino hasta hoy.

Es decir, haber actuado en nombre del movimiento sindical en forma correcta, planteando los problemas pero sin adjetivaciones ni cosas raras.

A.L. — ¿En esta ronda de Consejos de Salarios se tienen que discutir las condiciones de trabajo o sólo los salarios y las categorías?

L.R. — No, todo lo que sea necesario dentro de los convenios colectivos.

Los empresarios de repente tienen una idea de discutir solamente salarios y algunas categorías, pero yo creo que tenemos que aprovechar la oportunidad que se da para poder discutir una serie de cosas de empresas nuevas o de empresas que tienen sindicatos nuevos, para tratar de abarcar lo máximo posible no solamente en temas de salarios, los convenios colectidos, sino que además algunas cosas que importan mucho como por ejemplo la seguridad de los trabajos, las condiciones de trabajo en las empresas, el respeto por las medidas de seguridad, etc. La seguridad no de la policía, digo la seguridad para que el trabajador funcione tranquilo sabiendo que tiene todo el equipamiento que le corresponde.

A.L. — Sí, hay un montón de accidentes laborales lamentablemente.

L.R. — Ha habido muertes. A un accidentado le quedan secuelas que después le genera que va a haber que contemplarlo en otras áreas del trabajo y a veces se termina diciéndole que en la empresa no tiene un lugar para él, a pesar que se lastimó en esa empresa o en esa industria. Entonces, lo primero que tenemos que hacer es tratar de evitar que haya trabajadores/as lastimadas. Eso es lo primero que tenemos que hacer.

A.L. — ¿O sea que es partidario de aprovechar la oportunidad y discutir todo y no sólo de salarios y de categorías?

L.R. — De todo lo que podamos, y para eso hay que hacer que los distintos departamentos que comprenden el Ministerio de Trabajo como el de inspección, del interior… todas esas cosas tengan todo lo necesario para poder desarrollar muy bien su tarea.

A.L. — Ese también es todo un tema.

L.R. — Sí, porque en el país han un subjetivismo sobre los inspectores. Todos sabemos lo que dice la gente.

Por suerte, conozco muchos compañeros/as inspectores por los cuales tengo un gran aprecio y ahora hay gente joven al frente del tema inspecciones. Está la compañera María Narducci acompañando al nuevo director que es un hombre joven con una dinámica tremenda y forman un equipo sensacional. Hay que darles los implementos para que puedan cumplir con su tarea.

Quitar los subjetivismos de la gente y decir que ellos están representando al Ministerio de Trabajo y a la sociedad en su conjunto. Están para evitar la injusticia… porque lo fundamental es que no haya accidentes. No que sancionemos a un empresario o a un industrial por tal o cual cosa, sino que no haya accidentes.

Eso es lo fundamental.

A.L. — ¿Qué piensa la gente de los inspectores?

L.R. — Los inspectores tienen una tarea en la cual reciben más “palos” que méritos.

Nadie se acuerda de ellos cuando cumplen bien su tarea y aquí los inspectores trabajan con un… El otro día me decía un compañero de la inspección, cuando lo supe quedé asombrado, tiene 28.000 denuncias por acoso y por persecución sindical, etc. Nada más ni nada menos que eso.

A.L. — Cuando habla de 28.000 denuncias, ¿es un número exacto o está queriendo decir que son muchísimas?

L.R. — Para mí es terrible.

A.L. — ¿Tuvieron 28.000 denuncias?

L.R. — Denuncias… es una cosa terrible.

Cuesta decir que a esta altura de la vida todavía estemos intentando que la gente no se organice, tiene que ser al revés. A la gente hay que facilitarle la organización y hacer que la gente se organice atendida por el Pit-Cnt, a través de su departamento Cuesta Duarte darles una educación sindical y todo lo demás para que cumplan de la mejor forma posible la representación de la gente y no tenerlos como enemigos. Están todos en el mismo lugar.

Es como si nosotros dijéramos: “Este patrón, este industrial no puede estar acá adentro, lo odiamos”… tenemos que convivir con mucha gente en este país y la convivencia significa que haya muchas industrias abiertas, muchas empresas en las mejores condiciones de trabajo, que la gente tenga la mejor estabilidad laboral posible, mejor calidad de vida y que además la empresa sea rentable para todos.

No hay otra, porque nadie trabaja a pérdida en este mundo, ni nadie trabaja gratis.

A.L. — En “la diaria” días atrás usted decía que: “El empleador para crecer y ser rentable necesita trabajadores y para eso tiene que recompensarlos, mientras que los sindicatos deben saber que sin industrias, pierden su razón de ser y que el crecimiento de una empresa mejora la capacidad de redistribución y genera más empleos”.

L.R. — Si tenemos las reglas de juego claras, creo cada vez más en eso porque me parece que es el mundo laboral, el mundo del comercio, el mundo del que tanto pretendemos la redistribución.

Ahora, hay para redistribuir, bárbaro, pero si no hay… ¿qué hacemos? Todos no podemos vivir del Estado en este país.

A.L. — Nos dejó a todos impactados y estamos recibiendo mensajes respeto al número que dijo de 28.000 denuncias.

L.R. — Si quiere le consigo al compañero responsable del Departamento de Inspecciones y le hace una entrevista directamente con él.

A.L. — Nos gustaría. ¿Eso fue en el lapso de un año?

L.R. — No, escuché la cifra en la reunión de los directores, pero hago que se conecte con ustedes y después lo entrevistan.

A.L. — Nos gustaría.

L.R. — Creo que aquí cada director de departamento tiene que dar su versión a la prensa de cómo están las cosas.

A.L. — El presidente Mujica días pasados en su audición de radio, se mostró partidario de incluir “cláusulas gatillo” en los convenios salariales y dijo “tanto en los privados como en los públicos”.

¿Está de acuerdo con esto?

L.R. — Sí, creo que hay que prever.

Todos tenemos certezas. Parecería que la economía uruguaya tiene ciertas certezas. Esto lo dice el equipo económico de este Poder Ejecutivo.

Si tenemos certezas… bárbaro. Entonces, hay que tratar que los acuerdos de los Consejos de Salarios sean los mayores posibles y los mejores de todos, pero hay que tener previsto que no nos pase —porque somos un país muy dependiente—, que un día “venga la tormenta en serio” y después en lugar de romper acuerdos que cuestan mucho y que no son sólo salariales sino que tienen otras cosas importantes para la gente y para el propio empresario o industrial, reveamos las cláusulas salariales y todo lo demás.

“Cláusulas gatillos” con las cuales podemos prevenir los líos.

A.L. — ¿Eso sería sano que existiera?

L.R. — Que yo me acuerde, cuando se hacía IPC por el dólar y otras cosas, todas tenían “cláusulas gatillo” y se pedían esas cláusulas porque era inestable la situación.

Hoy es más estable, pero…Porque hay cosas que no dependen de un gobierno, como los líos climáticos y todo lo demás y las cosas donde la materia prima es perjudicada por las inundaciones y todas esas cosas hay que tenerlas en cuenta algún día.

A.L. — El Pit-Cnt está pidiendo que el salario mínimo nacional aumente un 50% pero en dos años y no en tres como quiere el gobierno. ¿Será posible?

L.R. — La facilidad que tenemos aquí es que estamos trabajando en conjunto con Economía y con el Pit-Cnt también y con distintos actores también. Mañana vamos a tener una reunión con el ministro a las dos de la tarde, para plantearle algunas cosas y de repente capaz que se logra, si bien no todo lo que quiere el Pit-Cnt, de repente podemos encontrar una fórmula para que si hay certeza esta vuelta, tengamos algo mejor a lo primero.

A.L. — ¿O sea que va a tratar de negociar algún espacio más allí?

L.R. — Todos tenemos que tratar de aportar lo que entendemos que debería de ser lo primero, dejando para otros años cosas menores.

Digo, porque si tenemos certezas… eso es lo que genera la certidumbre de que podemos adelantar algunas cosas para que la gente tenga una respuesta mejor ahora y por las dudas, “por si las moscas”, para después.

A.L. — ¿Ya tiene alguna propuesta armada?

L.R. — No, la armo con los asesores, con los compañeros abogados, con el subsecretario y con el ministro.

Aunque tuviera alguna propuesta tampoco lo haría público ni lo diría, porque primero me gusta consultar, que es lo que siempre hemos hecho los sindicatos, hablemos a ver hasta dónde vamos, lo qué queremos y hasta dónde vamos.

A.L. — Entonces, tendremos que estar pendientes de la reunión de mañana.

L.R. — Sí. El está viniendo de Ginebra y a pesar de que está aparentemente muy informado, tenemos algunas particularidades de las reuniones que hemos hecho todos estos días.

A.L. — Del panorama de conflictos de empresas como por ejemplo Conaprole, Metzen y Sena, como director nacional de Trabajo, ¿qué es lo que más le preocupa?

L.R. — Los conflictos me preocupan todos, pero me preocupa la situación de la gente en Metzen y Sena. Primero, porque más allá del seguro de paro y todo lo demás, me parece que ahí hay una situación que está en suspenso que me parece que una empresa fuera del mercado durante mucho tiempo, tiene problemas serios.

Además, hay que darle a la gente certeza de que esto funciona para un lado y hay que ver qué soluciones se encuentran para todo el personal, que capaz que no es para todos trabajando, hay otros ahí que ya están al borde de la jubilación y todo lo demás… se pueden encontrar fondos para arreglar alguna situación allí.

Pero… sacarla, porque los conflictos son de gente que está trabajando.

A.L. — Indudablemente, y esta es una empresa que está cerrada.

L.R. — Están trabajando y la gente tiene menos apuro… a no ser por querer ganar más, por una serie de reivindicaciones, pero aquéllos otros no están teniendo trabajo, están viviendo de la expectativa o de lo que significa un seguro de paro.

Creo que a la final eso perjudica a la gente. Si bien soluciona lo económico, la falta de trabajo, que el hombre no esté en el lugar en el que estuvo toda la vida y ver que su fábrica puede renacer y todo lo demás… me parece que lo perjudica terriblemente.

A.L. — O sea, que esa es una de sus principales preocupaciones.

L.R. — Sí. No digo que lo demás no me preocupe.

Digo que algunos comen todos los días, otros no sé cuál es la situación de desesperanza de todo un pueblo como es Empalme Olmos.

Esa es mi visión de las cosas.

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