Porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan baja al 23%

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Para el coordinador de Projoven es una buena señal que el porcentaje haya bajado dos puntos, ya que hasta ahora subía un punto por año.

De todas formas, la cifra sigue siendo un tema de preocupación para las autoridades del programa, que negocian con jerarcas de la educación la posibilidad de que los egresados de Projoven puedan insertarse en el sistema educativo, directamente al Bachillerato.

Con el Asistente Social Fernando Panizza, Coordinador del Programa Projoven
Entrevista emitida el lunes 6/10/08 en Producción Nacional – 1410 AM LIBRE

 

 

Adriana Fernández – Las últimas cifras indicaban que en nuestro país el 25% de los jóvenes que tienen entre 18 y 24 años no estudiaban ni trabajaban. Hoy tenemos una buena noticia, porque los datos de la última encuesta de seguimiento de egresados del llamado de Projoven que revelan que esta cifra bajó dos puntos; se ubica ahora en el 23% de desocupación en esta franja. Mucho hemos hablado de la actividad de Projoven aquí en Producción Nacional. De cualquier manera vale la pena recordar que se trata de un programa de la Junta Nacional de Empleo (Junae), y el Instituto Nacional de la Juventud (Inju), que instrumentaron una estrategia para insertar a los jóvenes en el mercado laboral. Las autoridades confían en que es posible seguir bajando estas cifras, pero con una clave: la capacitación, porque existen puestos de trabajo disponibles, pero falta formación para ocuparlos.

Miles de jóvenes ya percibieron lo importante que es estar capacitados. Fíjense ustedes que este programa funciona desde el año 1994 con recursos del Fondo de Reconversión Laboral y se estima que por año pasan más o menos 2.500 personas.

También quiero contarles que se encuentra en proceso una Encuesta sobre “Adolescencia y Juventud”, que en este caso realiza el Instituto Nacional de Estadística el marco del “Año de la Juventud”, con la intención de poder abordar el tema con mayor información. Es un tema que desde hace mucho tiempo está preocupando a las autoridades. Son unas 2.500 personas por año las que pasaron por el programa. ¿Tiene las últimas cifras?, ¿son exactas estas cifras?

Fernando Panizza — Sí, es un aproximado a 2.300 y algo que van a terminar pasando en el 2008 por el programa; estamos en ese promedio entre 2.000 y 2.500 anualmente. Estamos pensando más estrategias para 2009, para alcanzar mayor volumen, sobre todo porque si bien estamos contentos que vienen bajando los números; igual son alarmantes.

Prácticamente 1 de cada 4 jóvenes no estudia ni trabaja. El año pasado decíamos que exactamente 1 de cada 4, ahora ha bajado, y es importante el número de lo que ha bajado, pero estamos lejos de lo que deseamos. Desde Projoven estamos pensando para el año 2009 poder llegar a unos 3.000 o 3.200 jóvenes.

A.F. — En este mismo programa lo escuché decir que la situación de los jóvenes es tremendamente preocupante y a la luz de estos datos se mantiene la información. Recordemos que los jóvenes siguen siendo el sector más afectado por la desocupación.

F.P. — Sí, porque si bien la desocupación nacional bajó al 7,6 (o 7,5% que son los datos de este mes), en verdad los jóvenes aportan el 63% de los desocupados, es decir, que cuando la desocupación estaba en el entorno del 12% y 15%, la mitad de los desocupados eran jóvenes. Sin embargo ahora son el 63% y eso quiere decir que los puestos que se han ido ocupando no se ocuparon en forma igual entre los jóvenes y adultos, sino que a los jóvenes les ha costado más, han tenido más dificultades para ingresar al mercado de trabajo. Eso es tremendamente preocupante, —más como Ud. decía—, en un momento en el cual se están creando muchos puestos de trabajo.

Estamos en esa disyuntiva en el país, donde por un lado tenemos puestos de trabajo que existen y no se pueden cubrir porque no tenemos gente capacitada, y por otro lado, tenemos gente que está necesitando trabajar (sobre todo jóvenes).

Es preocupante ese 23% que no estudia ni trabaja y no tiene ninguna actividad en este momento y esperemos seguir bajando ese índice que de todas formas, —si bien uno se conforma con que haya bajado 2 puntos—, es muy importante porque venía subiendo a razón de un punto por año. Que se haya estancado y haya bajado es algo que crea optimismo.

A.F. — Cuando hablamos de desocupación en los jóvenes estamos hablando de jóvenes que no estudian ni trabajan y eso es más preocupante todavía por lo que significa el ocio. ¿Son jóvenes a los que les interesa ingresar al mercado de trabajo?, ¿están buscando trabajo? F.P. — Los que estamos evaluando, sí. Son parte de la PEA (Población Económicamente Activa) por lo cual están en actitud de querer trabajar o buscando trabajo activamente.

A.F. — O sea que las frustraciones son más grandes todavía.

F.P. — Es que es muy grande, el dato que analizamos es que el 84% de los jóvenes entre 18 y 24 años del país están buscando trabajo activamente, por lo cual la gran mayoría de estos chicos está buscando trabajo. El porcentaje es más alto cuando uno analiza los costos etáreos.

A.F. — Parece como una contradicción, porque los jóvenes que tienen tanta energía, tanta capacidad para hacer cosas. Están iniciándose en la vida con todas las energías y son a los que más les cuesta… F.P. — Sí, es que es una contradicción y es una contradicción también porque se supone a su vez que los jóvenes son (con la cultura que había en Uruguay), los que están más preparados.

Nosotros en Uruguay teníamos una cultura de que estudiábamos hasta los 24, 25 o 27 años estudiábamos y después nos dedicábamos a trabajar. Aquello de la capacitación continua y permanente era algo que no estaba en nuestra cultura, se ha ido incorporando en los últimos años, lo cual debería dar a suponer que los primeros en entrar a trabajar serían los jóvenes porque están más preparados con las nuevas tecnologías.

Sin embargo no sucede así; no son los que están más preparados, son los que están desertando más rápidamente del Sistema Educativo Formal. Si bien este último año hubo un pequeño repunte de aumento de los jóvenes que estudian, los que lo hacen, lo hacen en la Universidad, o sea que retomaron estudios quienes ya estaban en un nivel terciario, pero siguen estando muy bajos quienes no terminaron el Ciclo Básico y quienes no llegaron a cumplir todo el Ciclo Secundario.

A.F. — ¿Está fallando el Sistema Educativo Formal? ¿No están dando las herramientas necesarias para ingresar al mercado de trabajo?

F.P. — Creo que allí hay dos temas. Por un lado, al Sistema Educativo Formal le está costando mucho retener a los jóvenes, y por otro, y creo que es el gran problema (y sé que las autoridades están trabajando mucho en este sentido), es que la educación no está pensada para el mundo del trabajo.

Hace unos días hablando con alguien le preguntaba: “¿Qué se hace en otros países?” En Europa si tú querés traer una máquina, un sistema de producción nuevo, dos años antes tenés que avisar cómo va a ser y traer los prototipos que puedas, para traer la gente capacitada para cuando llegue la maquinaria. Acá en realidad, cuando llega la maquinaria, empezamos a ver de qué se trata y dos o tres años después llega a los Organismos de Capacitación la información profesional para que se los empiece a preparar. Entonces cuando los jóvenes se preparan la máquina ya cambió, estamos corriendo desde atrás siempre y ni qué hablar del tema de que no tenemos una educación que dé títulos intermedios que permitan al joven rápidamente insertarse al mercado laboral.

A.F. — ¿Y los Bachilleratos Técnicos están aportando para el mercado de trabajo?

F.P. — Creo que son los que más están aportando. Hay todavía mucho, —dicho por las propias autoridades de UTU— para mejorar, pero creo que claramente es lo que más está aportando hoy por hoy. Después a nivel universitario que hay muy pocas carreras que tienen titulaciones intermedias que permiten que el chico o la chica se inserte en el mercado laboral.

A.F. — Tecnicaturas.

F.P. — Exacto. Hoy, en la gran mayoría de las carreras, aunque te falta una materia y tenés 18 o 19 años de formación, no tenés ningún título habilitante para ingresar al mercado de trabajo. Creo que eso es algo con lo que tenemos que romper y pensar la capacitación de cara a las necesidades del mercado laboral, algo que hoy por hoy está todavía muy disociado.

Por un lado está la formación en el “deber ser”, y por otro lado la realidad, entonces cuesta mucho que alguien que egresa rápidamente se pueda insertar laboralmente y más con los jóvenes que no tienen experiencia laboral previa. Entonces es como un círculo vicioso.

A.F. — ¿Para el mundo del trabajo hay discriminación con los jóvenes? Llegar con un curriculum que solamente tiene un capítulo de formación nada más, es discriminatorio. ¿Se podría hacer esa afirmación?

F.P. — Sí, hay discriminación para los jóvenes y muchísima discriminación para los jóvenes pobres… Los jóvenes de sectores más carenciados son los que tienen mayores dificultades, los jóvenes dicen: “Yo en realidad, cuando pongo que vivo en tal barrio ya por sí solo, mi curriculum es eliminado”. Eso es también un tema que genera una discriminación muy grande, cuando uno mira en los lugares donde se concentran los jóvenes desocupados en Montevideo, claramente están en la periferia…

A.F. — Más allá de que tengan la misma formación…

F.P. — Más allá de que tengan la misma formación.

A.F. — ¿Importa la dirección que ponen?

F.P. — Exactamente.

A.F. — Es brutal.

F.P. — Si viene de tal asentamiento o de tal otro, de tal barrio que tiene mala fama. Más allá de dónde sea exactamente el joven, eso muchas veces le genera dificultades para acceder.

Como contrapartida también podemos decir lo positivo. Los jóvenes egresados de Projoven -trabajamos básicamente con esta población de jóvenes de 18 a 24 años desertores del Sistema Educativo Formal y con quienes más lo necesitan, por lo cual tenemos muchos jóvenes que vienen de sectores muy empobrecidos—, en realidad una amplia gama del sector empresarial, en la medida que reconoce los cursos de Projoven, reconoce también la capacitación de estos chicos y pueden entrar más allá de dónde vivan.

Pero a priori hay una discriminación muy clara.

A.F. — Porque estamos hablando que básicamente el trabajo de Projoven se centra en los jóvenes que tienen dificultades socio-económicas. F.P. — Claro, dentro de los 18 y 24 años y que dejaron los estudios, priorizamos a aquellos chicos que vienen de sectores más necesitados. Se hace una “discriminación positiva” en este caso hacia el que más lo necesita.

A.F. — En cuanto a estos datos que decíamos recién, ¿cada cuánto tiempo se realiza este relevamiento?

F.P. — Estamos relevando anualmente. En general, dejamos que pase un año y encuestamos a los egresados a fines de ese año, en este caso a fines del 2007 encuestamos a los egresados en 2006. Los encuestamos porque nos interesa el impacto del programa, —ahora estamos hablando del impacto en general, pero nos interesa evaluar el impacto del programa—y ahora a fines del 2008 vamos a evaluar a los jóvenes que hicieron su curso durante el 2007. O sea, que lo hacemos una vez por año y se presentan siempre en setiembre los datos.

A.F. — Un programa que se aplica en todo el país.

F.P. — Un programa nacional que tiene 12 años de funcionamiento en el país, que han pasado en el entorno de unos 23 mil jóvenes y unos 12 mil se han insertado laboralmente y cuando decimos inserción laboral, decimos inserción laboral formal, en empresas privadas y reconocemos como iniciación laboral cuando el chico o la chica pasa el período de prueba. Es decir, que pasa los 91 jornales; cuando nosotros recibimos su cuarto recibo de sueldo es que quedó efectivo en la empresa, allí es cuando reconocemos la inserción. Tenemos uno 60% de jóvenes que se insertan efectivamente en estas condiciones, si bien el 89% (prácticamente 9 de cada 10 jóvenes) pasan por alguna empresa al salir de Projoven, son 6 de cada 10 los que quedan efectivos en empresas. Los que no quedan; no quedan por muchas razones, a veces por problemas de las empresas y las posibilidades reales de trabajo, otras veces porque el chico o la chica no logran sostener el trabajo. En general, para el caso de la población que no terminó el Ciclo Básico necesitamos que tengan dos o tres experiencias de ingresos a empresas para que queden efectivos. Si en la primera no logran sostener, en la segunda tampoco, bueno… cuando llega la tercera…

A.F. — ¿Esa reiteración de la cual usted estaba marcando se da a través de Projoven?

F.P. — Sí, en realidad nosotros decimos que tenemos 16 meses de trabajo con ellos de los cuales de ellos de los cuales aproximadamente entre 5 y 6 meses es la capacitación específica en aula, y después el resto es tiempo de acompañamiento del chico o la chica en su proceso de inserción laboral. Los que entran enseguida para que puedan lograr hacer la inclusión en la empresa, para que puedan lograr mantenerse y para seguir también esa entrada y salida de quienes no pueden sostener su primer o segundo empleo.

A.F. — Estamos hablando de empleos formales.

F.P. — Siempre empleos formales y siempre (excepto algunas experiencias Piloto que hicimos) más del 95% son en empresas privadas.

A.F. — A la luz de esta información anteriormente expresada, ¿sienten que a través del programa y de las acciones que se están llevando a cabo, se está recorriendo el camino adecuado atendiendo a un sector de la población que es el más castigado (contradictoriamente como hablábamos), en el mercado de trabajo? ¿Van por el camino correcto?

F.P. — Creemos que sí, porque los jóvenes lo manifiestan. Una cosa que nos tiene muy gratamente sorprendidos es la valoración que hacen del curso los jóvenes, en un nivel muy alto, por encima del 90% en todos los ítems que evaluamos del curso. Esta evaluación es al año, porque en general en la evaluación que se hace de los cursos el día que termina el curso estamos todos entusiasmados, estamos todos contentos, ese día vemos todo lindo, vemos todo muy bueno, y sin embargo al año los jóvenes siguen valorando que el pasaje por Projoven fue muy bueno.

Eso en verdad, está dado más allá de la calidad del curso, la calidad y la dedicación que ponen las entidades de capacitación que trabajan con nosotros que sabemos que es muy grande (en general las 45 o 50 entidades de capacitación que trabajan permanentemente con nosotros están muy jugadas a los resultados, están muy comprometidas con los objetivos del programa), pero más allá de eso el joven realmente sintió que le cambió en algo su vida el pasar por el programa. Eso para nosotros es tremendamente importante e incluso es muy interesante analizar cuando uno le pregunta al chico si el curso le sirvió para conseguir trabajo; más de los que efectivamente consiguieron responden que sí, porque reconocen el esfuerzo que hicieron con ellos para que se consiguiera, más allá de que por alguna razón esa persona no hubiera podido conseguirlo.

Creemos que sí, que venimos en el bueno camino por el lado de los jóvenes y que venimos en el bueno camino por el lado de las empresas. Cada vez más, hay sectores de la actividad que tienen dentro de su criterio de selección y de ingreso de jóvenes, el que hayan egresado de Projoven. Es decir que priorizan aquellos jóvenes que hayan egresado de Projoven en varias ramas, eso también es muy importante. Sí estamos teniendo dificultades, ahora estamos en plena etapa de ajustar los Pliegos de Condiciones y ajustar el tiempo de curso porque en la medida que ha bajado la desocupación, quienes todavía no lograron insertarse en el mercado laboral mayoritariamente son jóvenes que tienen más dificultades desde la historia familiar. Tenemos muchos jóvenes que vienen de familias que están en terceras y cuartas generaciones por debajo de la línea de pobreza…

A.F. — Estamos hablando de una pobreza crónica que es muy estructural, de la cual es difícil salir.

F.P. — Es muy estructural y no tiene experiencia previa de familiares que hayan trabajado en empresas formales, por lo cual en realidad, no han “mamado” cómo es el mundo laboral, porque no tuvo el cuento de sus padres…

A.F. — No sólo el mundo laboral, también las redes sociales.

F.P. — Ni qué hablar, sí. Acotaba lo del mundo laboral porque era de lo que estábamos hablando, pero todo lo que son vinculaciones y redes sociales tienen muy pocas, acostumbrados a que toda la tarea vinculada al trabajo sea informal. Eso hace que tengamos que trabajar más tiempo con ellos.

Nosotros trabajamos mucho, aparte de la capacitación específica que damos, hay un módulo especializado en todo lo que es lo actitudinal, que el joven o la joven entiendan cómo se mueve el mundo del trabajo; cómo opera y logre internalizar porqué se le exige lo que se le exige en el mundo laboral; son reglas de juego que son importantes porque él es importante en ese andamiaje.

A.F. — Y si no se aceptan las reglas estás afuera.

F.P. — Totalmente. Muchas veces ellos no logran percibir que son importantes para alguien. A veces dicen: “Yo vengo y llego entre 8 u 8:10 porque ¡qué importa, da lo mismo si yo son uno más acá!”. No, vos sos uno más, pero sos un elemento muy importante dentro de la empresa.

A.F. — Son un eslabón.

F.P. — Es un eslabón. En la medida que lo van comprendiendo claramente se van asociando a la idea de querer trabajar. De hecho, en general, los jóvenes que egresan de Projoven son muy buenos trabajadores, porque han entendido cómo funciona el mundo del trabajo.

A.F. — Hasta ahora hablábamos del mundo del trabajo, pero en varias oportunidades mencionamos la palabra capacitación. ¿Siguen interesados los jóvenes que pasan por Projoven en reengancharse en distintas áreas de capacitación, retomar los estudios, inclusive hasta en pensar en estudios terciarios?

F.P. — Uno de cada cuatro estudia y trabaja al año. Cuando había entrado a Projoven era porque no estudiaba y no trabajaba. Cuando hacemos la encuesta de egresados al año, uno de cada cuatro retomó sus estudios, y a tal punto para los jóvenes y para Projoven es importante, que estamos en conversaciones avanzadas y serias tanto con el Sistema Educativo Formal como con UTU y Secundaria, para hacer acuerdos para que en el año 2009 todos los jóvenes que pasan por Projoven, logren por lo menos terminar el Ciclo Básico (reinsertarse al Sistema Educativo).

Terminar el Ciclo Básico sería algo muy importante, porque si vamos a ver el mercado de trabajo, tener el certificado de la capacitación específica que aprendieron en Projoven y el Ciclo Básico terminado es una forma de poder enganchar rápidamente. Porque a un joven de, por ejemplo, 24 años, uno lo motiva y dice: “Quiero retomar los estudios, me di cuenta que puedo, que no soy incapaz, que no soy de los que perdía siempre”. Pero claro, terminó este curso y tiene que volver a Primero porque no había terminado. Entonces, se le hace una trayectoria demasiado larga como para motivarse.

A.F. — No sólo una trayectoria bastante larga, ese trabajo de recuperar la autoestima se puede caer también ¿no?

F.P. — Sin lugar a dudas. Creemos que va a ser muy posible. No quiero adelantarme hasta que no estén los acuerdos firmados, pero tanto con las autoridades de UTU como de Secundaria venimos muy avanzados en este tema y aspiramos todos a que logremos que todos los cursos que se hagan en el 2009 tengan un complemento de capacitación también para salvar los primeros años del Ciclo Básico y quedar insertados en el Sistema Educativo. Hoy que no tenemos eso, le digo que uno de cada cuatro sigue estudiando, después que egresa de Projoven.

A.F. — Es una buena cosa. Mucho se ha reclamado y hablado sobre la famosa Ley de Empleo Juvenil en la cual todavía se está trabajando. ¿Qué va a cambiar si esta iniciativa es aprobada en el Parlamento? ¿Por qué es tan importante?

F.P. — Qué va a cambiar todavía no sé, pero todavía está demasiado “verde” y somos demasiado los actores que estamos opinando, creo que está muy bueno eso y hace que venga más lento lo que uno preveía. Aspiramos a que cambien las condiciones de ingreso, —un tema del cual estamos casi todos muy de acuerdo y queremos generar una ley que sea muy fuerte en eso—, es que para los más chicos de 16 a 18 que no están contemplados en Projoven, pero que es un sector que tiene dificultades y los de 18 a 24, se permita que junto

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