Experimentos con globos estratosféricos en Uruguay

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Un grupo de investigadores de la Universidad de la República impulsa, en asociación con universidades extranjeras, experimentos con globos estratosféricos que alcanzan la altura de 33.000 metros.

El objetivo final de los investigadores es poder tener en cinco años un satélite experimental uruguayo en órbita.

 

Con los Sres. Juan Pechiar y José Luis Vila, integrantes del Instituto de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ingeniería – Universidad de la República.

Entrevista emitida el jueves 23/10/08 en Producción Nacional — 1410 AM LIBRE

 

Alejandro Landoni – En lo que va del año la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República ya liberó dos globos estratosféricos y tiene previsto liberar un tercero antes de fin de año. Estos lanzamientos, —por no decir liberaciones, que es el término específico—, son la conjunción de dos proyectos que se están desarrollando en esa Casa de Estudios. Por un lado Ingeniería busca dominar la tecnología del lanzamiento de satélites de órbita baja. El programa implica que en cinco años, no sólo están los conocimientos para lanzar el satélite sino que esté incluso el satélite uruguayo pronto para ese lanzamiento y, por otro lado han aprovechado la ocasión de estos experimentos para sumar a los lanzamientos otro proyecto internacional que están desarrollando con una serie de instituciones latinoamericanas y europeas, en algo que se denomina la Red Académica Alfa. Esta Red tiene un proyecto para estudiar cómo impactan en la tecnología los neutrones que caen desde el espacio exterior en nuestro planeta. Este último lanzamiento o liberación del globo estratosférico fue hace más o menos un mes en Santa Bernardina (en la Base Aeronaval de Durazno).

El globo voló 2 horas; llegó a los 33.000 metros de altura donde explotó (tal cual estaba previsto), allí se abrió un paracaídas y el equipo científico cayó en la sierra de Lavalleja. Ahora están en pleno proceso de los datos recopilados.

¿Cómo nos cuentan a qué se deben estos lanzamientos o liberaciones de globos que tanto llamaron la atención en lo que va del año?

Juan Pechiar —Ya van a hacer dos años nos viene “como del cielo” la idea: “Vamos a hacer en Facultad de Ingeniería, un satélite experimental”.

A.L. —Es un buen término ese de que les vino “del cielo”.

J.P. —Sí, yo lo llamo ”el ángel Randall”; Gregory Randall que es una especie de ángel que tenemos, es el ….

A.L. — ¿Es uno de los Pro-rectores de la Universidad?

J.P. —Sí, cuando vino a Uruguay hace unos años, entró a trabajar en el Instituto de Ingeniería Eléctrica con nosotros por eso lo conozco bastante de cerca.

A.L. — ¿Y se le ocurrió meterse en este proyecto?

J.P. —Vino con esa idea. Volviendo de un viaje de Europa y de hablar con no sé quién, vino con la idea de: “vamos a hacer un satélite experimental en Facultad”. Claro, al principio parece muy loco porque uno piensa en satélites y piensa: “No, pero los chinos están haciendo eso”, el Sputnik y todas esas cosas. Pero hay satélites y satélites.

A.L. – El nuestro va a ser modesto…

J.P. – Satélite experimental se llama, microsatélites o nanosatélites. Son “órdenes de magnitud” menos costosos que un satélite de comunicaciones por ejemplo.

A.L. — ¿Es sólo costoso, o es chiquito?

J.P. —Todo. Porque el kilo que uno manda en órbita es carísimo. Es chiquito y mucho menos costoso; comercialmente también. Es para uso experimental, para uso específico de algún experimento, algún censor, alguna cámara o para cosas más bien académicas. No como un satélite de comunicaciones o de GPS. No es un emprendimiento comercial mayor.

A.L. — ¿De qué tamaño estamos hablando?

J.P. — De las manos.

José Luis Vila —10 cms. x 10 cms. x 10 cms.

A.L. — ¿Es como una pelota de fútbol chiquitita?

J.L.V. —Son apilables además. Se pueden poner uno sobre otro y se hacen tándems de tres o cuatro. La utilización de estos pequeños satélites es una cosa muy curiosa y que rápidamente se pude contar. Al principio de la época del lanzamiento de satélites, por un lado se hacía un cohete y por el otro lado se hacía un satélite y generalmente el cohete superaba en su potencia el peso del satélite que se fabricaba, por lo tanto, la diferencia de peso se rellenaba con chatarra. A alguien se le ocurrió, —y como siempre ahí aparecen estos radioaficionados—, poner en vez de chatarra, cosa útil dentro para llegar al peso. Lo que sucede es que alguien se puso a fabricar algo parecido que a lo largo del tiempo se fue estandarizando a tal punto que ahora hay una empresa te da el marco, ese llamado Qsat, hace todos los desarrollos y los test de aprobación, que permite que usted ponga en un emprendimiento de millones de dólares “su cosita” que no pasa de US$ 100.000, o anda por ahí. Ese “satelitito” de US$ 100.000 va en un emprendimiento de cifras astronómicas.

A.L. — ¿Y los liberan todos juntos después? ¿O los van largando por el camino?

J.L.V. —Exactamente. Cada cual después va en su órbita.

A.L. —Es como un ómnibus espacial.

J.L.V. —Exactamente.

J.P. — Es como ómnibus espacial, va largando todos los proyectos experimentales o estudiantiles o de Universidades en el camino y después en la órbita correcta largan la gran carga que es…

J.L.V —Es la que pagó el negocio.

A.L. —O sea, que el lanzamiento ese no va a ser en Uruguay.

J.P. —No porque industria aeroespacial en Uruguay no hay y base de lanzamiento no hay.

A.L. —El satélite experimental uruguayo que debería estar pronto en cinco años ¿para qué va a servir después?

J.L.V —En principio para tratar de “estar allí”. El primer satélite que se hizo en el mundo (Sputnik), no hizo más que hacer “blip blip” en una órbita durante mucho tiempo y estaba todo el mundo fascinado tratando de escucharlo. Vamos a tratar de llegar a más de eso porque hemos aprendido y la idea en esto es partir de lo que ya se sabe. Supuestamente tenemos una cantidad de asociados, —que ellos no saben que los estamos considerando pero son materia dispuesta siempre—, que son toda la comunidad de radioaficionados del mundo que nos van a ayudar a dar reportes de qué es lo que está haciendo ese satélite en el momento en que entre en órbita, por lo tanto el incentivo siempre es poner algo que ellos puedan usar. Digamos, las frecuencias de aficionados o un transponedor, lo más simple… ¡Ojo!, simple es un eufemismo… no es tan simple, pero es simple. Como que los individuos puedan transmitirle al satélite y el satélite va a retrasmitir lo mismo que recibe y eso se vuelve una repetidora, y con eso ya tenemos para rato.

AL – Instituciones latinoamericanas y también europeas, unidas en la Red Académica Alfa, -que ahora se sumó al proyecto de Ingeniería—, están estudiando cómo impacta a la tecnología los neutrones, (partículas que vienen del espacio y que impactan sobre la Tierra). Dicen que provocan toda clase de errores y problemas a estos “chichecitos tecnológicos” que están en todas las cosas que utilizamos actualmente los seres humanos. ¿Cómo podrían explicarnos sintéticamente cuál es ese problema?

J.P. — Por lo que entiendo, —no soy especialista en esto—, en el espacio está lleno de partículas de mucha energía (que van muy rápido), que son producto de explosiones de Súper Novas de hace miles de millones de años. Entonces, quedan viajando por el espacio y básicamente la atmósfera nos protege de eso, bastante. Para que tenga una idea, acá abajo (a nivel del piso), por cada cm2 de nuestro cuerpo, prácticamente nos atraviesan de lado a lado unos 14 neutrones por segundo. Es decir, pasa un segundo y unas 14 partículas nos atraviesan de lado a lado

A.L. —¿Nos atraviesan?

J.P. —Sí, nos atraviesan alegremente. Además son neutrones; no tienen carga; no se pegan a ningún lado, entonces nos atraviesan directamente.

A.L. — ¿Es como un «cachito» de energía?

J.P. —Es una partícula o energía. Partícula o energía, Einstein nos enseñó que eran lo mismo. Eso no interactúa para nada con nuestro cuerpo o con nuestros equipos o nuestras cosas porque son muy pocos y es improbable que justo choquen contra el centro de un átomo por ejemplo; es muy improbable. Pero, ¿qué pasa? A medida que nos vamos para arriba; industria aeronáutica que vuela a 10.000 metros; industria aeroespacial que vuela más arriba, hay menos atmósfera entonces hay mucha más cantidad de partículas. Por ejemplo, a 2.000 metros de altura, en vez de haber 14 partículas por centímetro por segundo, hay 140 y a 2.000 metros más hay diez veces más, entonces cuando uno diseña un satélite sabe que va a estar bombardeado por millones de partículas todo el tiempo. Eso que acá abajo es muy improbable, una vez cada tres meses se le cuelga la computadora, bueno; la apaga y la prende… no pasa nada, allá arriba es mucho más probable.

A.L. — ¿De repente se nos cayó la computadora porque cayó un neutrón?

J.P. —No se sabe, hay muchas cosas mucho más probable para que se cuelgue. Tal vez es un problema de software u otra cosa.

A.L. —Claro.

J.P. —Puede ser, pero como es algo tan improbable que le pasa a uno, una vez en la vida, no se da cuenta: la apaga y la prende. Pero cuando uno fabrica un satélite de comunicaciones, que va a estar a 36.000 kilómetros de altura, no puede ir a apagarlo y prenderlo, y le costó además US$ 500.000.000 ponerlo ahí arriba, uno tiene que prever que esto va a pasar todo el tiempo. Entonces, la forma que uno hace Electrónica es muy distinta. Uno no hace una computadora, uno no hace dos computadoras armadas al mismo tiempo para ver cuál es la que falla y la otra sigue; o si sistemas de detección en donde algo falló y trata de revisar el sistema de vuelta porque US$ 1.500.000.000 que están volando ahí arriba no va a dejar que se dañen así nomás.

Es algo que hay que tener en cuenta siempre, toda la industria aeroespacial, aeronáutica tiene precauciones para esto. A medida que las memorias y la electrónica se hace cada vez más chiquita y usted saca menos energía, los efectos que producen estas colisiones van cambiando de características. Justamente, el experimento que se envió el otro día trata de estudiar eso, con memorias de última generación; cuáles son los tipos de errores que se producen con choque de neutrones y esas cosas.

A.L. — ¿Se puede decir que la Tecnología a medida que se hace más moderna es más sensible a este choque de neutrones?

J.P. —Mucho más sensible, porque cada vez se usan energías menores. Es decir, la Electrónica es más densa, y al ser más densa es más probable que uno se choque con algo y, al usar energías cada vez menores (por tema de consumo o de calor), cualquier coalición que haya, esos niveles de energía interfieren con esas energías pequeñas que usted está manejando normalmente. Entonces es mucho más sensible.

A.L. — ¿Esto es parte del proyecto que están estudiando con esta serie de instituciones internacionales?

J.L.V. —Ellos tienen el programa de Espacialización de Componentes. Exactamente nosotros vemos una parte muy pequeña de lo que ellos están haciendo porque es muy vasta el área de investigaciones. Estamos participando dándole la plataforma para que ellos pongan a 30.000 metros de altura una placa que hace lo que ellos quieren que haga, —que es estar escribiendo permanentemente con memorias y detectando algún error—, lo que les abarata y les soluciona algunos problemas porque ese mismo experimento lo tendrían que hacer en su defecto con un acelerador de partículas. Para eso hay clubes muy chicos y los clientes son muchos.

Es un tema que dicho así despegado parece una cosa de otro mundo, pero todo el mundo sabe, o lo ha visto en la televisión que los aviones llevan cuatro o cinco computadoras. Una de las razones por las cuales llevan tantas es que la causalidad de que pueda haber un error de ese tipo. Entonces, una computadora tiene la habilidad de decir… previendo eso se puede hacer software o se puede hacer funcionar todo el sistema para que se recupere rápidamente de un evento de esta naturaleza. No es nuestro campo.

A.L. —Claro, es algo que se ha asociado.

J.L.V. —Exactamente. Tanto el Instituto Politécnico de Grenoble (Francia), el equipo Alfa y nosotros somos oportunistas uno del otro, para asociarse; ellos tienen el poder y el capital en este momento. Porque es bueno decirlo: nuestro proyecto de un satélite uruguayo, y nuestro proyecto de involucrar a los estudiantes en habilidades un poco dejadas de lado, —como es la radio y la construcción de equipos de comunicaciones dentro de Facultad—, se estaba perdiendo y ahora para recuperarlo lo estamos haciendo con presupuesto cero. En realidad, el presupuesto es alto, pero lo ponemos de nuestro bolsillo. Lo que quiere decir que la Facultad y la Universidad en este momento, no nos están dando un sólo vintén.

A.L. — ¿Lo ponen ustedes como investigadores?

J.L.V. —Sí. Es nuestro proyecto y lo estamos pagando nosotros.

A.L. — ¿Institucionalmente no se solventa nada?

J.L.V. —Institucionalmente no. Hemos llamado a algunos a que nos den una mano y…

A.L. —Es costoso en el sentido de que ustedes se tuvieron que trasladar a Durazno, lanzaron estos dos globos y después los tuvieron que ir a buscar.

J.L.V. —Sí.

A.L. —Uno cerca de la Quebrada de los Cuervos el primero y el segundo en un paraje de la serranía de Lavalleja, ¿creo que fueron con una camioneta?

J.L.V. —Exacto, dos vehículos.

A.L. —Se pagaron hasta la nafta.

J.L.V. —Exacto, sí. Uno de ellos, el de él, otro el mío y en eso anduvimos. Los equipos de comunicaciones y todo el soporte son nuestros, los globos los puso la gente de Grenoble y llamamos por teléfono a algunos amigos y nos regalaron el helio y todo ese tipo de cosas, tergopor y espuma plast para hacer las banquillas….

A.L. -¿Tienen pensado tocar las puertas de alguna nueva institución para pedir algún tipo de financiamiento?

J.P. —Hay un problema y es que en la Universidad uno tiene que buscarse su fuente de financiación para su proyecto, eso es normal y pasa en todo el mundo. Lo que pasa es que casi toda la estructura que existe es orientada a (o por lo menos es lo que yo encuentro), a formación de Posgrado de los propios docentes en temas puramente académicos, y esto es distinto porque lo estamos orientando específicamente a los estudiantes. Entonces, es un tema de educación, es un tema de Ingeniería Aplicada, no de Academia; entonces, claro los mecanismos que han de financiación generalmente están orientados hacia lo otro, entonces… es cuestión de buscar. Y también buscar con la industria…. estoy seguro que va a haber interesados.

A.L. —Es bravo investigar en Uruguay.

J.L.V. —Sí, un poco difícil pero si a uno le gusta… Yo creo que es un tema de vocación: si le gusta hacerlo, lo va a hacer de alguna manera y creo que hay mucha gente que cuenta con eso.

A.L. — ¿Ya se puede dar algún tipo de conclusión de estos lanzamientos, de estas liberaciones de globos que han hecho?

J.P. —Bueno, son ejercicios ¿no?

A.L. —Es complicado… es un globo que va a la estratósfera a 33.000 metros por ejemplo, hay que delimitar el espacio aéreo porque a esto se lo puede llevar puesto un avión por ejemplo. Entonces, ya hay un comunicado a todas las aeronaves de que en algún momento va a haber un globo en alguna zona en especial del territorio, o sea… no es tan fácil.

J.L.V. —Sí, por eso involucramos a la Fuerza Aérea de primera. Les dijimos: “Elegimos un campo aéreo de ustedes para hacer una liberación de este tipo”, y les encantó el asunto porque paradójicamente nos encontramos con que la Meteorología aquí vuela bajito. Están muy interesados en saber qué es lo que sucede después de los 10.000 metros realmente, no leerlo en Internet, porque todos sabemos que hay vientos de gran velocidad que corren de oeste a este y que hacen cosas y que favorecen a la navegación aérea y todo eso, pero aquí no se mide. Entonces, también estamos tratando de implementar la forma de darles un servicio donde podemos medir la velocidad de nuestros vientos y poder colaborar con ellos y en algún momento tal vez financiar o aportar algo para ese conocimiento, que no se está haciendo no sé porqué razones. Pero sí, todo es un poco complicado y estamos tratando de analizar qué es lo que sucede. Lo que pasa es que cuanto más instrumental pongamos, más datos para análisis.

Ahora estamos intentando y venimos con mucha suerte (tuvimos un acierto del 100%), porque los dos que liberamos, los dos los recuperamos en buen estado, funcionando, y bueno de momento ante la incertidumbre de que no sabíamos si teníamos que irlos a buscar a Argentina…tratamos de que no. Por eso estudiamos un poco y nos dimos cuenta que sí, que para Argentina jamás van a ir.

A.L. —Van para el otro lado.

J.L.V. —Así que problemas internacionales no vamos a tener, no le vamos a contaminar nada y que están cayendo ahí en ese radio de 200 y pico de kilómetros. El hizo todos los cálculos, toda la matemática la hizo Juan.

A.L. —Vamos a aclarar que caen con paracaídas, caen bien suavecito. Los que quieran comunicarse con ellos lo pueden hacer a los teléfonos de la Facultad, en el Instituto de Ingeniería Eléctrica. Sobre todo las empresas que quieran aportar a esta investigación.

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