Pescadores uruguayos crean software de punta para optimizar pesca industrial

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El sistema detecta, a través de sensores, la ubicación del cardumen y lo simula tridimensionalmente a través de una interfase gráfica.

El producto, que permite ahorros importantes y aumentar hasta el 50% la pesca, ya se vende en España y Argentina.

Con Frank Chalkling, Director de la empresa uruguaya Acruxsoft

 

Entrevista emitida el miércoles 18/03/09 en Producción Nacional — 1410 AM LIBRE

Una pequeña empresa uruguaya desarrolló un software de simulación para barcos de pesca que según sostienen, constituye una herramienta que permite generar importantes ahorros y aumentar la producción en pleno altamar, así como también evaluar todos los sistemas de arrastre.

Un día en un barco de pesca cuesta mucho dinero para las empresas que los tienen, y la ventaja de este software, según dicen sus promotores, es que tiene una interfase gráfica en tercera dimensión que ahorra mucho tiempo y dinero a aquellos que lo pueden usar.

Esta empresa se llama Acruxsoft y está en la incubadora Ingenio del LATU; contó con el apoyo del Programa de Desarrollo Tecnológico (PDT) del Ministerio de Industrias del año 2008, y el año pasado ganó un certamen llamado Montevideo Open Coffee Show, que fue organizado entre otros por la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información.

Alejandro Landoni — ¿Cuántos años tiene usted?

Frank Chalkling — Tengo 43.

A.L. — Chalkling tiene 25 años en el tema del mar y estuvo 17 años como capitán de barcos de pesca. ¿Cómo surge esta empresa? ¿Es nueva o ya venía desarrollando otros productos antes?

F.Ch. — No, es una empresa nueva que surge en el momento en que empiezo a navegar, analizando las dificultades que tenía la industria en resolver problemas específicos sobre el arrastre. El sistema de arrastre es el más utilizado a nivel mundial para la captura de peces: se utiliza una red (con forma de paracaídas), donde tienen que actuar un montón de fuerzas y tratar de llegar a un equilibro hidrodinámico para poder desplegar todo ese sistema de una forma armónica para poder capturar el máximo rendimiento utilizando el mínimo de combustible.

A.L. — Cuando está abajo del agua esa red con forma de paracaídas, ¿cuánto puede llegar a tener de extensión?

F.Ch. — Un equipo completo puede llegar a tener 1.000 metros; llegar a profundidades entre 1.000 y desde 30 o 60 metros de profundidad, pero lo común son 120 o 180 metros de profundidad.

A.L. — ¿Puede llegar a tener entre 30 y 1.000 metros de profundidad?

F.Ch. — Sí, y las redes pueden llegar a medir 60 metros de largo, la abertura horizontal entre 40 o 60 metros de y 5 o 6 metros de altura vertical, pero todo ese despliegue desde la popa del barco hacia atrás puede llegar a 1 o 2 kilómetros.

A.L. — Si tienen la suerte de alcanzar un cardumen entero, ¿cuánto es lo máximo que pueden llegar a alzar con esas redes?

F.Ch. —  40 o 50 toneladas.

Lo que hace este software es más que nada generar una simulación, entonces todo ese sistema nosotros lo llevamos a una tecnología de punta (que se está utilizando actualmente), que es el sistema tridimensional. El usuario, el capitán o la empresa, pueden visualizar y hacer diferentes análisis estratégicos para poder acelerar ese proceso de optimización.

A.L. — Hoy cuando salen a pescar, ¿cuál es el sistema que se utiliza?; ¿qué es lo que toman en cuenta?; ¿cómo se hace esa operativa?

F.Ch. — Hay una parte técnica que evalúa el capitán y el redero, donde hay un barco con una potencia determinada con su equipo armado. Después cuando se va a localizar; nosotros como pescadores vamos a determinados lugares por información o podemos llegar por época del año (porque son recursos migratorios), vamos a distintas partes. Podemos llegar hasta 200 millas marinas al sur de Mar del Plata. Según la época, depende dónde nos podemos mover.

Después que localizamos el cardumen (a veces no se ven y vamos haciendo muestreos cortos); trabajamos principalmente durante el día en arrastres de dos o tres horas y vamos viendo qué resultados tienen y vamos avanzando en forma un poco intuitiva. La naturaleza, por más equipos científicos que se puedan tener, a veces es difícil de poder imitar. Siempre está la intuición de lo que es el pescador en sí. La tecnología no puede superar eso. Puede colaborar y ayudar en un porcentaje, pero no a desarrollar y a dar un diagnóstico final de dónde está el cardumen.

A.L. — Embocarle intuitivamente o no a un buen cardumen puede hacer que el barco vuelva al puerto mucho más rápido y eso es un ahorro de dinero importante…

F.Ch. — Sí. A nivel de la industria nosotros estamos posicionados en poder acelerar ese proceso de optimización de prueba, — hoy se hace casi todo en forma intuitiva—, y como es muy costoso porque un barco puede consumir entre US$ 6.000 o US$ 7.000 diarios. Por lo tanto, una prueba siempre es muy costosa y uno tiende a ser conservador y cuidadoso.

No se puede estar cambiando redes, las malletas, son todos equipos que tenemos y que pueden llegar a salir entre US$ 100.000 o US$ 150.000 un equipo completo, entonces la selección o la modificación de todo éso es muy elevado a nivel de precio.

A.L. — Usted con 25 años de andar embarcado, ¿cómo se le ocurrió desarrollar este sistema? ¿Tiene formación vinculada al software?

F.Ch. — No, fui a la Escuela Técnica Marítima para Patrones de Pesca que tiene una excelente formación; mis estudios sobre todo matemáticos fueron los que me llevaron a desarrollar a nivel trigonométrico, para poder hacer todo el despliegue no sólo numérico sino mostrar y que se pueda ver todo éso lleva un desarrollo bastante complejo que yo no conocía.

Me fueron ayudando, principalmente mi suegra que es una matemática me decía qué libro agarrar y estudiar y así fui avanzando. Después seleccionar un lenguaje de programación que en este caso es el Visual Basic, que fue un lenguaje bastante accesible como para iniciar.

A.L. — Y así arrancó… bastante autodidacta.

F.Ch. — Sí. Los marinos tienen que ser casi siempre autodidactas, porque a veces usamos equipos bastante costosos y nadie nos manda a hacer un curso. Nos dan el equipo y el manual que puede estar en japonés o en inglés y uno intuitivamente se va manejando y va tratando.

Se genera esa cultura porque también cuando estamos en tierra tenemos poco tiempo como para hacer un curso ya que aprovechamos el tiempo para estar con la familia.

A.L. — ¿El producto usted lo estaba pensando para vender o para usar usted mismo?

F.Ch. — No, lo hice porque la tecnología pesquera es una corriente que a muchos nos gusta, porque podemos tratar de dominar la naturaleza, que es difícil de dominar. Como empecé a profundizar en esa materia y me gusta, fuimos avanzando en ese campo.

En un principio lo hice para mí; en 1998 cuando salieron las primeras TK 90 empecé a programar y después fui avanzando en otros lenguajes, pero principalmente viendo esa necesidad de poder contribuir con la industria a acelerar y uno tener más posibilidades de cambiar y de analizar estrategias que en el barco uno no lo puede hacer porque está muy limitado.

A.L. — Usted empezó a usar este sistema para sí mismo, hasta que se dio cuenta que el producto era bueno y comenzó a buscar distintos apoyos para transformarlo en lo que es hoy, y ha logrado incluso algunos premios en nuestro país.

¿Cómo fue ese proceso de tener un producto, comenzar a mejorarlo y a buscar alianzas para ir logrando lo que el producto da hoy?

F.Ch. — Fue un proceso de maduración bastante largo y a veces lleva más tiempo tratar de despegar y comercializarlo.

En este momento, y cómo se fueron dando las situaciones a nivel del país, —porque antes no lo quería hacer—, había encontrado el sitio, el lugar para hacerlo y la oportunidad (Ingenio, que es el LATU), a través de concursos y también a través de la Fundación Ricaldoni (Facultad de Ingeniería – Universidad de la República). Fue el único lugar a nivel académico donde pude encontrar los facultativos necesarios que manejaran esa tecnología. También a través del Fondo Emprender, de Prosperita (haciendo concursos y elaborando un proyecto).

Eso también lo digo para que aquellos que tienen una idea y que sé que es muy difícil desarrollarla. A muchos uruguayos emprendedores que tienen una idea a veces se les complica, porque dicen: «tengo una idea para desarrollar algo, ¿pero con qué fondos, con qué capital?», porque es verdad, para poder capitalizar una idea es necesario contar con un apoyo.

Ingenio, con su director Rafael García que nos apoya preparándonos en la formación que uno tiene. Generalmente cuando uno llega ahí tiene una formación totalmente técnica; entonces, a nivel comercial tenemos una dificultad tremenda para ver de qué forma llegar al mercado.

Además, este es un producto que no está mirando a Uruguay, (porque tiene una flota un poco pequeña); pero sí está mirando al mercado europeo. Ya tenemos software instalados en las Escuelas de Pesca de Vigo que es bastante importante como Galicia en España, a nivel de pesca de arrastre a nivel mundial. También en Argentina en la Universidad del Comahue; en la Universidad de Mar del Plata, (el próximo fin de semana vamos a ir para hacer una instalación de los productos). Hemos tenido repercusión a nivel del exterior más que a nivel nacional, porque a veces el uruguayo es conservador para este tipo de cosas.

A.L. — ¿Es un software que hace algo que inventó usted o es algo que ya existía y que usted mejoró?

F.Ch. — Hay algunos programas de simulación como el Dinamité que es un programa francés… no sé quién inventó a quién. Si bien ellos lo desarrollaron hace tiempo, nosotros empezamos en el ’83.

Creo que programas, y específicamente para esta región y a nivel sudamericano, es el primero. Esto tuvo esa atracción por el mercado europeo, Francia que es el segundo país a nivel mundial del arrastre y del software y a la empresa Sodena que es la segunda a nivel mundial de desarrollo de software marítimo, le mandamos un demo y ahora viene el CEO (el director ejecutivo de la empresa), la cual tiene 5.000 software instalados a nivel mundial; para que nosotros le hagamos la interpretación telemétrica de todas las emisiones de sus censores y demás.

A.L. — ¿Cómo trabaja el capitán del barco con este software de simulación en el momento en el que está por tirar las redes o tiene las redes extendidas en el mar?

F.Ch. — Hay varias formas: una es poder planificar de antemano. Un capitán cuando se enfrenta a un viaje de una autonomía de 10 o 15 días, sabe que el armador va a depositar en combustible unos US$ 60.000 o US$ 70.000, más todos los riesgos que tiene. El capitán puede en ese momento, ver todos los elementos que tiene y poder desplegar todo eso tridimensionalmente: las cámaras van a ir visualizando diferentes secciones de la red e incluso puede entrar la cámara adentro de la red y ver detalle a detalle cómo se va a desplegar todo.

Eso también se puede hacer variando diferentes factores, desde la profundidad y todos los componentes de los elementos técnicos que componen el arrastre se pueden hacer desde ese lugar.

Y si no, cuando está trabajando, —que es lo que estamos desarrollando ahora—, es poder captar las señales que emiten los censores (que son señales que vienen de equipos que van diciendo las aberturas); el software captaría esas señales y las proyectaría a nivel tridimensional.

A nivel mundial nosotros somos pioneros de ese desarrollo, porque las otras empresas que hay en el mundo dan los datos pero solamente el dígito, la señal digital, pero no tienen esa interacción gráfica de lo qué podría hacer con un software de este tipo. En eso sí somos pioneros.

A.L. — ¿Qué ejemplo concreto puede contarnos para que entendamos bien qué es lo que hace el software en la práctica?

F.Ch. — Una vez estábamos en un barco pesquero que tenía un buen equipamiento, dotado con la mejor tecnología, con equipos que pueden llegar a salir US$ 120.000 para darle información al Capitán. Hoy un barco pesquero se parece a un CTI, tiene 16 o 17 pantallas donde está monitoreando todo el sistema de arrastre, todas las informaciones GPS, de radar, etcétera.

Teníamos toda la información con ese equipo con el que estaba trabajando, pero no tenía el análisis y el diagnóstico de todas las posibilidades que tenía. Entonces, empezamos a trabajar en ese barco -que era español- sobre esa información, sobre las redes que tenía, etcétera. Trabajamos sobre todas las posibilidades que tenía en cuanto al despliegue que estaba haciendo y fuimos mejorando a través de lo que es un cálculo rápido.

Si bien usamos fórmulas de hidrodinámicas, tampoco se puede hacer un cálculo muy complejo para que se use en un barco porque no da el tiempo, tiene que ser algo rápido. Eso me llevó un tiempo desarrollarlo, con barra de desplazamiento poder ir cambiando el gráfico. Al ir viéndolo pudimos aumentar en un 35% o 40 % todo ese despliegue que él estaba utilizando.

Si bien tenía los equipos, tenía la información, pero no tenía ese diagnóstico y esa evaluación de cómo decir: «ese equipo lo puedo mejorar aumentando el despliegue de determinada forma». Lo que hace ésto es esa evaluación, ese diagnóstico.

A.L. — ¿Cómo define usted quiénes son sus clientes? ¿Cuál es la forma que se planteó para llegar a ellos con este producto?

F.Ch. — Los clientes nuestros principalmente son las Academias, las Universidades, las Escuelas de Pesca, la industria en sí (el capitán, la empresa), pero nosotros nos queremos dedicar a trabajar para las empresas de Telemetría, que son las que elaboran esas señales, que desarrollan el hardware y el software de la Telemetría, y nosotros poder hacer la interpretación gráfica tridimensional de esos equipos.

Posicionar Acruxsoft hoy a nivel mundial es un tema que puede llegar a ser un proceso muy largo, entonces, queremos aprovechar ese canal de distribución que ya tienen las empresas con sus clientes y nosotros hacer un acuerdo donde incorporaríamos esa parte que a ellos les falta y que nosotros ya la tenemos desarrollada, para con eso acelerar los procesos de venta y comercialización.

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