Cumbre de Barcelona: «Uruguay ha sido muy proactivo en la negociación»

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Uruguay en la cumbre de Barcelona por cambio climático: «existen dos visiones sobre el proceso de negociación», explica Luis Santos, de la Unidad de Cambio Climático.

“Salvo milagro de última hora, la cita de Copenhague se encamina hacia el fracaso”. Así concluyó el editorial del diario español El País de Madrid del pasado 8 de noviembre, sobre la última ronda de negociaciones que se celebró en Barcelona, preparatoria para la Convención Marco de Naciones Unidas por el Cambio Climático que se va a realizar en Copenhague a principios de diciembre.

La Cumbre de Copenhague tiene el objetivo de alcanzar un acuerdo que sustituya el Protocolo de Kioto, que se firmó en 1997, y busca reducir las emisiones de gases contaminantes y hacer frente a los desafíos del cambio climático.

El diario La Vanguardia de Barcelona fue aún más pesimista al señalar que estas conversaciones de Barcelona “han contribuido a generar más oscuridad e incertidumbre sobre el resultado final del complejo proceso que protagonizan más de 180 naciones convocadas por Naciones Unidas”. Los países ricos “han seguido impasibles ante el clamor de los delegados que representan a la aplastante mayoría de la población mundial, que piden socorro frente a la catástrofe climática que se les avecina», según denunció la organización Greenpeace.

Estas son algunas de las evaluaciones recopiladas casi al final de la semana pasada, cuando terminaron las negociaciones. Para conocer la evaluación de la delegación uruguaya que viajó a Barcelona vamos a conversar con Luis Santos, el Director de la Unidad de Cambio Climático de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama).

 

Alejandro Landoni — ¿Cómo ha evaluado estas conversaciones de Barcelona?

Luis Santos — Tomo palabras que usted leyó, que fueron muy claras: es un complejo proceso de negociación y como complejo proceso de negociación es muy complejo también poder ver y poder evaluar si hay o no avances al respecto.

Quienes participamos de esta negociación desde hace bastante tiempo, lo que tenemos bien claro es que existen dos visiones sobre el proceso de negociación de cambio climático.

Siempre existieron, porque es un proceso muy complejo, donde hay muchos intereses e intereses muy fuertes: intereses relacionados con la energía, intereses relacionados con el petróleo, etcétera. Entonces evidentemente existe una visión que es la de verlo un poco de afuera si se quiere al proceso, — como quizás lo refleja la prensa española, que tuvo la primera oportunidad de tener esta negociación en su país —; y donde evidentemente sí, visto de afuera es algo muy lento y a veces parece estancado, pero quienes lo vivimos de adentro vemos que adentro la máquina está funcionando.

La máquina de la negociación; los documentos van de a poco aplicándose; las distintas alternativas se van poniendo más claras sobre la mesa y la negociación tiene ese movimiento que esperemos que en Copenhague, donde es la reunión final; ya no hay más reuniones previas preparatorias, allí ya estas alternativas puedan definitivamente llevarnos a un nuevo compromiso, que como bien decía cuando leía la prensa española, tiene que ver con la continuación de lo que va a ser la segunda fase del Protocolo de Kioto y más que eso, — porque el Protocolo de Kioto es sólo compromiso para los países desarrollados, que son los principales responsables de las emisiones —; pero también de nuevos compromisos para países en desarrollo, donde evidentemente y sobre todo los grandes países en desarrollo como Brasil, China, India, Sudáfrica, México, tienen que asumir compromisos al respecto, porque al día de hoy son tan grandes emisores como los países desarrollados.

Entonces, esto es bastante complejo. Esa segunda visión que tenemos nosotros de adentro, es una visión que de a poco se va cerrando, incluso hay algunos aspectos que podemos decirlo posteriormente, pero que hacen a los intereses específicos de Uruguay con el cambio climático, que tuvieron avances bastante importantes dentro de ese marco de la negociación, pero en la negociación final están atados unos 60 o 70 temas que ninguno de ellos se va a resolver previamente, sino que como todos esperamos, cuando caiga todo el paquete de la negociación, estén esos dos aspectos: el que hace a los países desarrollados; continuar con los compromisos; acentuarlos bajo el Protocolo de Kioto y, los de los países en desarrollo; estos grandes países en desarrollo que también tienen que asumir compromiso y países en desarrollo como Uruguay que en su postura política, recientemente en el Consejo de Ministros el 26 de octubre pasado, determinó claramente que más allá de exigirles a los países desarrollados como corresponde, y más allá de exigir los recursos necesarios, Uruguay también tiene una actitud proactiva y también está comprometido con realizar acciones voluntarias al respecto.

A.L. — ¿Usted es optimista con respecto a que se podrían llegar a lograr acuerdos importantes sobre la reducción de gases de efecto invernadero y mitigación del cambio climático en Copenhague, a principios de diciembre?

L.S. — Nosotros somos optimistas en la medida en que estamos trabajando en ese sentido y vemos que hay — a diferencia de otras negociaciones pasadas —, una gran sensibilización a nivel internacional; hay un peso de las organizaciones no gubernamentales que se hace sentir.

Nosotros fuimos en la delegación oficial, pero también habían uruguayos representando a las ONG’s; también del sector de la prensa.

Con la gente de las ONG’s les hacemos ver que hasta no hace mucho tiempo en estas reuniones éramos un 70% u 80% representantes de los gobiernos, en cuanto al número total de quienes atienden estas reuniones y un 20% o 30% de las ONG’s.

En la reunión de Bangkok pasada en octubre y en esta de Barcelona, ya nos pasaron. En la reunión de Barcelona éramos 4.000 delegados, habían 2.200 personas representando a las ONG’s o sectores privados y demás, y 1.800 delegados. El número a veces no lo dice todo, pero sí dice en gran parte que hay una gran sensibilización. Creo que a esta altura el peso de saberse observados, para los países que son los grandes responsables por toda la humanidad que está clamando por soluciones; creo que ese va a ser el empujón final a este proceso y llegaremos al mejor acuerdo al que se pueda llegar. En cuanto a hablar de acuerdos siempre hay matices, pero sí soy optimista al respecto.

A.L. — Usted valoró los avances en un grupo en particular, que es el grupo de Agricultura. Dijo que allí se han logrado cosas que realmente no se han logrado en otros grupos.

¿Cómo nos podría sintetizar qué fue lo bueno que pasó en este grupo de Agricultura?

L.S. — Diría que los resultados se dieron fundamentalmente porque en este grupo, tanto los países desarrollados como los países en desarrollo tiramos para el mismo lado, o sea que trabajamos en conjunto. La mitigación de los gases de efecto invernadero siempre se identifica fundamentalmente con el sector de la energía — tratar de sustituir los combustibles fósiles y demás —, pero se dejaba de lado a un sector que es muy importante por sus emisiones y que no ha sido desarrollado en cuanto a lo que es mitigación de gases que provocan el cambio climático, como es la Agricultura.

Coincide que Uruguay tiene, en su matriz de emisiones de gases de efecto invernadero, un 80% (o un poco menos), pero no es un número totalmente atípico, o sea que no es el dióxido de carbono del que normalmente hablamos, el principal gas de efecto invernadero que contribuye el Uruguay — más allá de que el Uruguay no contribuye en grandes números —, es el metano producido en la agricultura y sobre todo en el sector de la ganadería.

Pero aquí el problema también lo tienen los países desarrollados como Australia o Nueva Zelanda y eso ha llevado a que hemos realizado una alianza realmente muy importante en la negociación y también después vamos a hablar de una alianza que se va a lanzar de materia científica en la reunión de Copenhague, que también va a ser muy interesante.

Pero, en lo que tiene que ver con la negociación venimos trabajando ya hace un año y medio, comenzamos con la elaboración de un documento técnico, luego con una serie de talleres (todos en el marco de la convención), hasta llegar a acordar que en el programa de trabajo que se va a aprobar en Copenhague vamos a tener, sobre todo los países en desarrollo, la posibilidad de acceder a toda la cooperación técnica y científica necesaria para poder mitigar los gases provenientes del sector de la agricultura.

Esto ¿hasta dónde es importante? No solamente por la contribución a mitigar el cambio climático, sino porque además no desconocemos que en el futuro todos los productos de un país como el Uruguay — que ya no estamos hablando sólo de emisiones, sino de su producción económica —, van a ser valorados por cuanto todo el proceso de producción esté asociado a menos emisiones de gases de efecto invernadero, mejor van a poder colocarse en el mercado internacional y más ventajas van a tener en el comercio internacional.

O sea que aquí hay dos aspectos importantes: el puramente ambiental que lo vamos a solucionar con estas decisiones que están bastante adelantadas, y también el tema de exigir que no haya ninguna duda que las medidas que tomemos contribuyan al desarrollo sostenible y sean valoradas a nivel internacional en el comercio para poder hacer frente a ellas.

O sea que esto es una medida muy importante.

A.L. — ¿Dijo que el 80% de la emisión de gases de efecto invernadero del Uruguay corresponden al metano?

L.S. — Sí.

A.L. — Que está vinculado a la agricultura y al sector de la ganadería.

L.S. — Exactamente. En la Feria de Cambio Climático, cuando hablamos de agricultura hablamos tanto de emisiones provenientes de la ganadería como de la agricultura propiamente dicha.

A.L. — Creo que en estos temas es donde menos investigación científica hay. Usted me corregirá si estoy equivocado.

L.S. — Exactamente, por eso estamos tanto los países desarrollados como en desarrollo reclamando lo mismo.

Evidentemente los países desarrollados tienen otras posibilidades y ahí es donde va a haber cooperación, pero el tema va a ser ponerlo en la mesa de trabajo de aquí en más, porque no estaba. Siempre se hablaba de la mitigación y siempre se miraba de cara a los intereses de los países cuyas emisiones provienen del sector industrial fundamentalmente.

A.L. — ¿Cómo es esa alianza científica que dijo que se va a formar?

L.S. — Bueno, esa alianza es muy importante. Pero déjeme decirle una cosita que faltaba y que creo que posiciona muy bien al Uruguay.

Creo que Uruguay ha sido muy proactivo respecto a la negociación, y al punto tal que este grupo de negociación es coordinado por Uruguay. O sea, que una representante de nuestra delegación es quien está coordinando al grupo. Las organizaciones no gubernamentales, hemos tenido una reunión en Bangkok y de alguna manera reconocieron que el avance de este grupo era mucho mayor que el de otros grupos, y ellos pensaron que no se iba a poder avanzar y en la reunión de Barcelona — siempre bajo la coordinación de Uruguay, que seguramente terminará en Copenhague en este subgrupo —, ya hay documentos donde no hay tantas opciones, sino que es un documento “casi limpio”, como se habla en la jerga de los negociadores, a la hora de poder llegar a acuerdos.

Entonces en materia de negociación creemos que ahí hemos hecho los deberes como corresponde y se nos ha reconocido.

Y en materia científica, como hablábamos hoy, existe ya un acuerdo entre varios países. El lanzamiento lo hizo Estados Unidos y Nueva Zelanda, pero ahí estamos la mayoría de los países en desarrollo que les mencionaba: Argentina, Chile, Paraguay, Brasil también está sumado a esto; India también está interesado en conformar una alianza estratégica para asistir a los países en materia de investigación sobre las medidas de mitigación al cambio climático en todos los sectores de la agricultura.

Aquí esto es muy importante porque cada país tiene su propio interés. Hay países que les interesa por los cultivos de arroz — los cultivos de arroz emiten metano en forma bastante importante en aquellos países que tienen cultivos de grandes superficies —; otros países como el nuestro, proveniente de la ganadería; otros provenientes de otros sectores relacionados con el manejo del suelo. O sea que en definitiva el lanzamiento de esta alianza lo que pretende es continuar preservando este grupo, que muchas veces por temas de negociación tiende a dividirse entre los países ricos y los países pobres; sino tratar de mantenerlos en el ámbito de la cooperación científica. Creo que eso es lo valioso: porque podemos negociar, pero en algún momento se termina la negociación y hay una decisión. De ahí en adelante, no se terminó la historia sino que ahí comienza, porque tenemos que comenzar a trabajar y ahí todos los países tenemos que estar unidos.

Ese creo que va a ser el mensaje y nosotros esperamos que sea muy bueno. Ya hemos tenido una reunión ahora en Barcelona, se está conformando una declaración que va a ser leída por los distintos representantes. El ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente de Uruguay va a estar allí y seguramente participará de esa reunión más Cumbre de esta alianza y tanto Nueva Zelanda como Estados Unidos reconocen a Uruguay como uno de sus aliados estratégicos, porque dentro de los países en desarrollo hemos sido de los más proactivos al respecto.

A.L. — Le quiero preguntar algo más doméstico y tiene que ver con que el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio climático iba a presentar un documento el pasado 16 de octubre, donde se iba a poner en claro la apuesta de Uruguay en un montón de materias.

Esa conferencia de prensa y la publicación de ese documento se canceló, no se dio ninguna explicación y creo que todavía no hay fecha para hacerlo. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué no se presentó ese documento?

L.S. — Nosotros en ese momento estábamos en las reuniones internacionales, pero sabemos que el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio climático está trabajando. Es una nueva forma de trabajar coordinada con bastantes instituciones y esto hace que el trabajo sea más rico en cuanto a los elementos que se logren, pero a veces los tiempos no cierran al respecto.

Pero es bueno desatacar que ese trabajo se está llevando a cabo para finalizarlo en el más corto tiempo posible.

Seguramente va a ser no muchas semanas más adelante, pero eso no fue un obstáculo para que Uruguay tomara la posición que tomó un poco de cara a Copenhague en cuanto a cuál es la posición de Uruguay que como le dije hoy, más allá de reclamar en cuanto a muchos aspectos -sobre todo porque hay dos grandes sectores en los que somos impactados; tanto el sector de recursos costeros como la agricultura por la importancia que ambos sectores tienen y revisten, están siendo afectados de forma importante-.

Quizás no es un problema sólo ambiental, como lo vimos en la agricultura, es un tema económico. Hay que ver que más del 70% del Producto Bruto del país se desarrolla en la costa; el 70% de la población vive en el sector costero.

Entonces, Uruguay ya tiene identificados los sectores prioritarios y en algunos de ellos ya estamos trabajando. Hay un proyecto de adaptación en la zona costera que con gusto cuando salgamos de esta locura de reuniones nos gustaría aportarles la información porque ya estamos trabajando en esos proyectos.

A.L. — Sí, sería muy interesante. Ayer incluso estuvimos hablando de otro tema también interesante que es cómo la soja y la forestación están afectando la biodiversidad en nuestro país y estuvimos viendo también algunos estudios que fueron hechos por la Universidad de la República.

L.S. — Sí, el medio ambiente lo tenemos que tomar en una concepción global. Muchas veces se toman algunos efectos de la forestación que son buenos para el cambio climático como es la absorción de carbono, pero hay que tomarlo en su totalidad en cuanto a todos los impactos que debe de tener sobre el medio ambiente.

Otro aspecto muy importante que Uruguay ya lo ha puesto en su posición de país, es cómo ha avanzado en amteria energética. Ya el 6% de la potencia instalada en el país para la generación eléctrica, proviene de fuentes renovables no convencionales, lo que lo ubica en América en los primeros lugares.

Este es un dato que Uruguay puede usar como para demostrar el compromiso moral que tiene ahora en Copenhague a la hora de exigirle a los países desarrollados, e inclusive hay planes que para el 2015 ese porcentaje se eleve hacia el 15% con nuevas fuentes de energías renovables — creo que ahí hay unanimidad en cuanto a los distintos puntos de vista en el país —; ese es un sector en el cual hay que avanzar.

O sea que el Uruguay es pequeño; contribuye con pocas emisiones, pero creo que la mayor contribución la hace, como lo hemos visto, tanto en las negociaciones, como en mostrar que se pueden implementar medidas y que de esa forma se exige que los más responsables que las adopten también.

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