«No hay un espacio donde los afros podamos mostrar lo nuestro»

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Cinco mujeres afrodescendientes formaron un colectivo de mujeres dedicado a la producción y venta de artesanías étnicas. Hurgando entre su historia cultural, Nzinga intenta abrir caminos a las nuevas formas de manifestación cultural, dando espacios a mujeres y afrodescendientes que no encuentran un espacio de expresión.

 

Con Mónica dos Santos y Rosana Martínez, integrantes del grupo Nzinga

 

Entrevista emitida el jueves 04/06/09 en Producción Nacional — 1410 AM LIBRE

 

Desde hace cinco años un grupo de cinco mujeres con fuertes raíces en la cultura afro desarrollan un emprendimiento basado en la producción de artesanías étnicas. El grupo de llama Nzinga y se dedica a la creación de artesanías de distintas modalidades, pero siempre con el objetivo de promover la cultura afro.

Según la página Web de este microemprendimiento el grupo aspira a lograr una mayor presencia de la mujer, en especial de las afrodescendientes, en la sociedad; su crecimiento laboral y también promover la cultura a través de actividades basadas en sus raíces.

 

Alejandro Landoni — ¿Qué quiere decir Nzinga? ¿Es el nombre de una mujer?

 

Mónica dos Santos — Es el nombre de una reina de la actual Angola y su particularidad fue mantener a su pueblo libre en un proceso en el cual toda África fue esclavizada. Fue una gran estratega; fue pionera al mandar (alrededor del año 1860) a sus hijos a estudiar a Europa; fue muy diplomática y por todo lo que ella representa fue que se tomó el nombre de esta mujer como un gran emblema. Fue un ejemplo; alguien a quien seguir.

 

A.L. — ¿Eso cómo se relaciona con la vida de Uds.?

 

M.D.S. — Nosotras hace cuatro años que nos conocemos. Comenzamos siendo afroartesanas en Mundo Afro y luego buscando independencia creamos nuestro propio nombre y nuestra propia historia. Quisimos crear un camino nuevo, tratando de mejorar nuestra carrera artesanal, dejando referencia en otras mujeres del colectivo afrodescendiente y este nombre nos pareció que nos identificaba, sobre todo por el tema de ser un antecedente como grupo afrodescendiente que está tratando no sólo de hacer cultura afro-candombe, sino también artesanía ligada a eso. Nos pareció que era un nombre que nos marcaba mucho.

 

A.L. — ¿Sienten que tienen menos posibilidades que otras mujeres?

 

Rosana Martínez — El racismo está, existe. No es algo que uno pueda tapar con el dedo.

También es cierto que los afros no tenemos referentes fuertes casi en ningún espacio, entonces buscamos incidir en esa visión de que las mujeres afro estamos, existimos y que como decía mi compañera, lo afro no es sólo hacer candombe. Hay muy buenos artesanos, hay muy buenos pintores, escritores, en todas las ramas del arte… el tema es que no tenemos un espacio dónde ser visibles.

Nzinga lo que busca es esto; además de la tienda, tener un espacio donde se realizan actividades e invitamos a otros artesanos, ya sea por su trabajo manual y también pintores, escritores o artistas plásticos.

Esto abre una puerta para quienes no pueden acceder a los espacios que en realidad hoy no tenemos. No hay un espacio donde los afros podamos mostrar lo nuestro.

 

A.L. — ¿Cómo se conformó este grupo? ¿Se conocieron en Mundo Afro?

 

R.M. — Así es. Siempre buscando nuestra raíz cultural tuvimos la suerte que nos cruzó la vida y tenemos a una artista plástica que para nosotros es una gran referente, Mary Porto, que es una de las que ha liderado el grupo desde sus comienzos, y María Farías, que es nuestra Mamá Vieja, es la integrante más veterana. Ella trabaja una técnica muy particular con cueros y pieles. Es admirable lo que hace con sus manos, ya que tiene casi 80 años.

Ese trabajo hormiga que cada una tiene en su casa, sentimos el espejo con la otra compañera y enseguida nos dio para unirnos con el fin de seguir adelante todas juntas.

 

A.L. — ¿Es una cooperativa?

 

R.M. — No está conformada como cooperativa, pero estamos en vía de eso. Por ahora el trabajo es totalmente cooperativo.

 

A.L. — ¿Cuánto tiempo le dedican a esta tarea en particular dentro del grupo Nzinga?

 

M.D.S. — Hay variedad, estamos las que tenemos otro ingreso laboral entonces tenemos menos tiempo para dedicarle y están las que se dedican a full, que le dedican todo el día, pero generalmente le tenemos que dedicar por lo menos unas cinco horas para que salga bien el trabajo.

 

A.L. — Más allá de la producción en sí, ¿dedican mucho tiempo para hablar de cosas del grupo como ver cómo comercializar más, o cómo buscar nuevos productos?

¿Cuánto tiempo le destinan a esos temas?

 

R.M. — En realidad, nosotros con respecto a los productos exigimos mucho lo que es calidad e innovación. Tenemos respeto por cada producto que hace cada compañera; no somos de competir entre nosotras, aunque sí nos complementamos.

En esto de buscar la excelencia en lo que hacemos, tenemos un proceso de ir viendo los productos, qué se pude mejorar. Se han dictado talleres de packing (de presentación del producto), y cada vez que se busca algo nuevo también se busca el consenso de las compañeras, a ver si ese producto tiene la calidad necesaria para poder salir al mercado, porque no olvidemos que lo nuestro es artesanal.

En realidad, no estamos muy acostumbrados a valorar lo artesanal y necesitamos de esa excelencia para poder competir con lo importado, lo chino, lo que sale $ 5.

Hay compañeras que tienen otro ingreso, pero hay otras como nosotras que trabajamos de esto y que además de la salida de todos los días, buscamos que nuestra pieza se valorice. Nosotros invertimos —además de lo material—, tiempo en crear una pieza.

Entonces, todo ese conjunto en aprender cómo presentarlo; ver entre las otras compañeras si ese producto puede salir al mercado me parece que es un proceso que nos ha unido, que nos ha llevado a ser más críticas; mejores en nuestro trabajo. Es un proceso que hacemos todos los días en el grupo y fuera del grupo para nuestro crecimiento personal.

 

A.L. — Ahora hay un movimiento de artesanos, de gente innovadora joven que está muy vinculada al diseño y que se están afincando en algunas zonas de la Ciudad Vieja, — Uds. están en el Mercado Agrícola —, pero es difícil trabajar apostando a la excelencia en las artesanías.

Imagino que debe ser un camino en eso bastante novedoso ¿o no lo ven así?

 

M.D.S. — Este es un punto que hemos tratado varias veces con el grupo porque al uruguayo cuando ya no tiene más recursos y no puede hacer más nada, entonces se dedica a hacer artesanías. Lo que salga…

El tema es que nos ha pasado con nuestros productos, hemos invertido mucho tiempo, invertimos en cómo combinar los colores y de pronto vemos cosas parecidas que nos llevan a desmoralizarnos un poco.

 

A.L. — ¿La copia?

 

M.D.S. — Sí, la copia tiende a tirarnos un poco la moral, porque no se trata de la copia misma sino que si respetaran un poco lo que es el proceso de cómo presentarlo, la calidad y el tiempo que lleva y sobre todo de los materiales y el precio. Entre los artesanos no nos respetamos

 

A.L. — Dicen lo mismo los italianos de los chinos.

 

M.D.S. — Desmoraliza y además pasa que nuestras piezas tienen una carga cultural importante que nosotros difundimos y en la mayoría de los productos hay detrás una historia que nosotros le contamos a la gente, y esa copia o esas imitaciones no la tienen, y a veces la tienen pero está mal porque hemos oído errores garrafales.

 

R.M. — No son las mismas bases, no es la misma matriz.

Eso es importante, porque nosotros en la búsqueda de crear un producto único este año decidimos recibir capacitación y fuimos a UAFRO, que son las universitarias afrodescendientes que nos apoyaron, creando un proyecto para nosotros apoyado por Canadá y en base a eso estamos recibiendo capacitación en idioma para poder manejarnos con los turistas (portugués e inglés), y también en historia afro, cosa que nos parecía importante porque una cosa es lo que tenemos impreso de generación en generación y otra cosa es saber realmente cómo viajaron esos esclavos, en qué condiciones, cómo se instalaron, cómo se manejaron en la zona a la que llegaron. Era como una parte perdida en la historia que no está en ningún libro de Historia y fuimos a la profesora Silvia Nieto, quien nos capacitó e hizo que integráramos todo eso a nuestro producto.

Hoy por hoy creo que estamos cada una en su producción, llegando a eso: a un producto único que tiene historia y que la tiene impresa. Eso lo hace único.

 

A.L. — ¿Cuál es el producto estrella? ¿Qué nos pueden contar de las artesanías que hacen?

 

M.D.S. — Creo que cada una tiene un producto que la caracteriza y que tiene su marca.

María (la señora de alrededor de 80 años), trabaja muy bien con el cuero, hace bolsitos, recuerdos, llaveros… toda la clásica artesanía uruguaya pero con su estampa. Lo que hace ella, no lo va a ver en otro lado.

Silvia, trabaja el crochet desde una temática bien diferenciada. Hace todo tipo de producción, pero siempre con esa mezcla de colores que la caracteriza.

 

A.L. — ¿Y Ud. qué hace?

 

M.D.S. — Trabajo el Fushico que es una técnica brasileña que trabajaban los esclavos en sus espacios para vivir; trabaja con reciclados de pedacitos de tela y se puede hacer cualquier cantidad de cosas con esta técnica.

 

A.L. — ¿Por ejemplo?

 

M.D.S. — La aplico particularmente a lo que son accesorios y sobre todo juguetes para niños.

 

R.M. — Lo mío es un poco más complicado. Soy profesora de Artesanías y manejo muchas técnicas. No tengo un producto estrella, hago las velas con amatistas; trabajo mucho el reciclado; tengo una línea de juegos con tapitas: el tatetí, el ludo, las damas, todo con tapitas de refrescos; hago banquetas con reciclado de botellas y ahora a raíz de este proyecto financiado por la Embajada de Canadá y apoyadas por las compañeras de UAFRO tuvimos esa clase de Historia Afro y estoy incursionando en la pintura decorativa, con la ayuda de la combinación de colores, —lo mío, con colores muy oscuros—, y logré encontrar ese camino a la combinación de colores alegres, más vivos y que se ve mejor en la temática infantil, pero también en una decoración para todo ambiente.

 

M.D.S. — No podemos dejar de nombrar a nuestra compañera Mary Porto que es una excelente artista plástica. Hoy expone en grandes espacios, en galerías importantes por ejemplo, en el Museo del Carnaval. Ella hace cuadros con temas referidos a la cultura afro uruguaya, ya sea candombe o la parte de la esclavitud, nos representa muy bien y nos sentimos identificadas cada vez que vemos uno de sus trabajos.

 

A.L. — Uds. venden desde diciembre del año pasado en el Mercado Agrícola. ¿Cómo les va?

 

R.M. — Por ahora el Mercado Agrícola es nuestro lugar de estudio y nuestro taller de producción.

La venta recién está empezando a visualizarse un poco porque el Mercado en este momento todavía no lleva mucha gente.

 

A.L. — Son unas adelantadas.

 

R.M. — Exactamente, somos unas precursoras tratando de generar un espacio y de difundirlo.

 

A.L. — Hay muchos problemas de seguridad en las inmediaciones del Mercado. ¿Cómo les va a Uds. con eso?

 

R.M. — No, nosotras hemos salido a las 11 de la noche del Mercado y ellas se van para el lado del Palacio y yo me voy para el lado de San Martín y Garibaldi caminando y no hemos tenido problemas.

 

M.D.S. — Ha cambiado mucho o está en vías de cambiar. Los vecinos del barrio están contentos con este cambio que ha tenido el Mercado y recibimos sus comentarios.

 

Nosotras estamos haciendo talleres totalmente gratuitos para niños con los temas de la cultura afro —organizamos uno para el Día de la Madre y estamos organizando otro para el Día del Abuelo—, para que cada uno se lleve un regalo para su familia y se van contentos con eso de ir al Mercado que era un lugar donde sus abuelos iban de niños y al que dejaron de ir durante mucho tiempo y ahora están volviendo a ir.

 

El Mercado ha cambiado mucho, Beatriz Silva que es la directora ha tenido mucho que ver con ese cambio y sobre todo está muy apoyado por la gente que ha permanecido, tanto los dueños de los locales de verduras y de frutas como todos los otros emprendimientos que hay, que son un poco anónimos: rotiserías, parrilladas, otros emprendimientos de artesanos, y estamos ahí, generando un espacio.

 

A.L. — ¿Tienen otras bocas de venta a parte del Mercado Agrícola?

 

R.M. — No. Hemos participado de ferias con diplomáticas; en ferias de otros grupos de afro que nos han convocado, nosotros además de apoyarlos en casos en que se permita y se pueda, también llevamos mercadería, pero en realidad, hoy el Mercado es nuestro principal y diría que casi único punto de venta

 

A.L. — ¿Y están tratando de meterse en otros lados o no? ¿Cómo están con el tema de la producción y el tema de las ventas?

 

R.M. — Nosotras ya hemos pasado por etapas donde hemos tenido que producir grandes cantidades y lo llevamos bien, el tema es que nosotros estamos en un proceso de crecimiento y tenemos que conformarnos como grupo legalmente, porque hoy a los artesanos se le están cerrando las puertas, tenemos que formalizarnos, pero lo que ocurre es que hay mucha gente que vive de eso, pero para otra gente es sólo una salida momentánea laboral. Poder sacar por mes para vivir y llevar a cabo una empresa se nos hace difícil porque después que uno empieza con este tipo de emprendimiento llega fin de mes y hay que tener el dinero y el mercado hoy no nos aporta el ingreso fijo, que necesitamos para poder conformar una empresa.

 

Sumado a eso, los espacios que tenemos los artesanos cada vez se nos reducen más y cada vez es más difícil entrar en espacios donde hay afluentes de clientes… como que el cerco se nos está achicando un poquito.

 

M.D.S — La idea de Nzinga es expandirse y crecer y poder llegar a más lugares. Esa es nuestra meta.

R.M. — Estamos estudiando cuál es la mejor manera para no abrir una empresa y al mes tener que cerrarla porque no podemos mantenerla.

A.L. — Claro, que sea viable y no quedar endeudadas con el BPS o con la DGI.
¿Qué es lo que valoran más? ¿Qué les ha costado más en este proceso de conformarse como grupo? ¿Qué fue lo que más les costó de la formación del grupo y sobre todo cómo han sentido los cambios en la vida cotidiana, en la valoración propia de sí mismas?

M.D.S. — En mi vida personal, veo los cambios que está sufriendo mi hijo, que tiene seis años. Ve trabajar a su mamá con un grupo de gente de su colectivo y con una historia cultural atrás no siempre ligada solamente al candombe, sino a un montón de cosas más de la historia afrodescendiente y lo que tiene que ver eso; creo que a él le estoy dejando un legado.

 

Siento que en esa generación están quedando un montón de cosas más de las que saco yo, como los beneficios personales que estoy teniendo y de crecimiento personal que estoy teniendo; creo que el futuro es lo más importante.

 

Todas tenemos hijos de esa edad y creo que eso de trabajar en grupo tiene de bueno que cuando uno se junta las cosas salen con más fuerza y transmitirle eso a mi hijo para mí es mucho más importante que lo que pueda traerme como beneficio personal, sin duda.

R.M. — Además, hoy Nzinga tiene como uno de sus proyectos dar charlas en las escuelas. Nosotros vamos a las escuelas y hacemos algo didáctico, con una presentación en Power Point, donde los niños no sólo se sientan sino que juegan, se propone algo de complicidad con ellos donde por ejemplo, en un momento en que se habla del barco negrero se los junta a todos apretaditos y se les pide que se muevan, entonces los niños empiezan a reírse porque se dan cuenta que no se pueden mover. O, cuando salen de los talleres que damos de reciclado, vemos que les dicen a sus madres que ya no van a tirar más las botellas para hacer alguna cosa; o si con el papel se hace alguna cosa le dicen a la madre: “Ahora no compramos más papel de regalo porque de repente con una hojita de revista vieja podemos hacer un lindo envoltorio”.

 

Si bien Nzinga no puede surgir como un referente fijo para todo el mundo, sí va abriendo caminos y creo que va a llevar su tiempo pero Nzinga va a tener su lugarcito y va a ser no sólo aquello artesanal, sino todo el complemento: ser un referente; motivar a otras mujeres; dejar una huella en esta sociedad.

M.D.S. — Una huella de cultura, que es nuestro lema.

A.L. — Hay veces en que tratar de ser una huella, tratar de ser un referente también tiene problemas internos cuando hay problemas propios de los grupos. Hay veces en que hay gente que integra un grupo que se siente muy presionada porque dice que quiere ser ejemplo pero tenemos discusiones en el grupo; también a veces ocurre que en algunos grupos algunos de sus integrantes se van.
¿Qué fue lo que más les costó a Uds. desde ese punto de vista?

R.M. — Eso pesa por supuesto. Es un camino largo que todavía no está resuelto, está en vía de. Pero el hecho de no olvidar las metas es lo principal. Ese es el aprendizaje que hemos tenido: no dejar de trabajar, no olvidar cuáles son las metas por más problemas personales que tengamos y seguir para adelante, y sobre todo mirar para atrás y ver el camino recorrido. Uno tiene que acordarse también de cómo era en el grupo cuando empezó y todo lo que hemos avanzado y logrado a pura capa y espada. Creo que eso es mérito personal y grupal, es un doble mérito.

A.L. — ¿Los que quieran contactarse con Uds. van al Mercado Agrícola?

M.D.S. — Sí, en el local 16 del Mercado, estamos al fondo pero hay una cartelera que indica dónde estamos. Búsquenos que nos van a encontrar.

A.L. — Además tienen una página Web.

R.M. — Tenemos una página web que es nzinga.winnernet.net, donde van a encontrar fotos de nuestros productos y referencias de lo que hoy estuvimos hablando: de dónde salimos, cuáles son nuestras metas y cómo contactarse con nosotros si requieren algo.

 

 

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