«Revisar» instrumentos para favorecer la formalización de las MIPYMES

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Pablo Villar, el nuevo director de Dinapyme, señaló que será necesario observar los impactos de la reforma tributaria para favorecer a los micro empresarios.

El flamante director enfatizó en Producción Nacional que es necesario mejorar la coordinación e institucionalidad de los distintos organismos que desde el sector público apuntan a favorecer a los micro, pequeños y medianos empresarios, porque actualmente, no hay siempre “coherencia” o “complementariedad” entre todas las instituciones.

Respecto a la informalidad del sector, Villar señaló que será necesario observar los impactos de la reforma triutaria y de los nuevos instrumentos creados para favorecer a los micro empresarios, y ajustarlos si se comprueba que existen impactos negativos, “porque si no a través de los instrumentos y a través de los marcos regulatorios estamos dando claras señales que el andarivel de la formalización no es el adecuado”.

Pablo Villar, varias veces presidente de la Asociación Nacional de Micro y Pequeña Empresa, reconoce haber estado hasta ahora “del otro lado del mostrador”, pero considera que el involucramiento en la gestión de personas vinculadas a la temática específica “refresca visiones que desde lo público se tienen y no están totalmente impregnadas con esa realidad que los micro y pequeños empresarios padecemos”.

 

En nuestro país, de un total de 120.000 unidades productivas, el 99,5% son micro, pequeñas y medianas empresas. Estas MIPYMES emplean a más de la mitad de la obra de mano privada de nuestro país.

Los pequeños y micro empresarios tienen una problemática muy específica: la informalidad por ejemplo es algo que está sobre la mesa en este sector y se están afrontando distintos desafíos para los próximos años.

Con el nuevo director Nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas, Pablo Villar, profundizamos en los planes para este nuevo período de gobierno y los principales desafíos a superar. En la ceremonia de asunción de su cargo Villar señaló que iba a buscar profesionalizar el sector, iba a trabajar por la inclusión del mismo en las compras del Estado y a fortalecer las cadenas productivas.

Pablo Villar es un pequeño empresario y durante mucho tiempo fue dirigente de la Asociación Nacional de Micro y Pequeña Empresa (ANMYPE); trabajó en esa gremial prácticamente desde su creación y fue presidente de la institución en varios períodos. En efecto, muchas veces estuvo invitado a Producción Nacional “del otro lado del mostrador”, es decir, del lado de los que reclaman a los gobernantes que tomen determinadas medidas.

 

Alejandro Landoni — ¿Cómo está?

Pablo Villar — Bien. Con mucho trabajo, pero encontrando una buena plataforma de trabajo en la Dinapyme actual.

A.L. — Ahora le toca responder a planteos o reclamos que hizo usted mismo.

P.V. — Realmente es una postura que impone algunos desafíos interesantes, y sobre todo es una responsabilidad, porque gran parte de la problemática que tienen los micro y pequeños empresarios es una problemática que personalmente padecí, y de alguna forma a través del trabajo gremial, intentamos aclarar, ordenar y reclamar a posteriori.

Hoy estoy del otro lado del mostrador, en un desafío personal importante porque honestamente nunca he hecho nada desde lo público, lo cual impone mucha responsabilidad. De todas maneras creo que —como le decía al ministro Roberto Kreimerman y al subsecretario Edgardo Ortuño—, es una responsabilidad que agradezco, porque a veces el involucramiento de gente de los propios sectores de alguna manera refresca algunas posturas implementadas, algunas visiones que desde lo público se tienen y no están totalmente impregnadas con esa realidad que los micro y pequeños empresarios padecemos.

Hay que trabajar en lo interno en equipo.

Hoy creo que vamos a tener que poner el esfuerzo en principio en lo institucional, a lo macro; hay que arreglar mucho la institucionalidad que hay para con el sector, porque desde distintos ámbitos y desde distintas administraciones se ha ido superpoblando la institucionalidad que tiene que ver con el sector.

A.L. — ¿Qué ejemplo nos puede dar?

P.V. — Por lo menos hay nueve instituciones públicas que tienen que ver con el sector, pero a eso hay que agregarle todas las acciones que se toman desde las distintas intendencias a partir de sus oficinas de desarrollo local o de sus unidades PYMES; agencias de desarrollo que forman parte de una institucionalidad nueva; acciones desde la misma Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) que se han llevado adelante en esta última administración, o de la Corporación Nacional para el Desarrollo históricamente y que en esta última administración también se le ha querido dar un sesgo determinado.

Creo que completamos una serie de instituciones y no se observa desde lo privado como acciones de total coherencia o acciones que de alguna manera sean recíprocamente complementarias. Pese a todo ese andamiaje institucional, faltan algunos operadores importantes como el Banco República; como banco de fomento a la producción nacional.

Hay que hacer un gran esfuerzo —no sólo desde la Dinapyme— por ordenar ese paneo institucional y también creo que tenemos muchos deberes hacia lo interno. De toda la actividad que hace Dinayme -que es mucha-, de alguna manera también tenemos que lograr delimitaciones para poder diseñar e implementar políticas que tengan un sesgo bastante más específico.

A.L. — ¿En algunos sectores en particular?

P.V. — No, en principio hay que tratar de implementar políticas que atiendan al tamaño, con algunos instrumentos transversales como pueden ser las redes y los consorcios, pero hoy en día cuando a nivel central, o por lo menos ministerial, y creo que de toda la Administración, se va a intentar en base a todo un estudio y a un análisis que se ha venido procesando en los últimos años, nosotros tenemos que tener coherencia con algunos de los sectores de punta que se intenten promover.

Para que las medidas impacten, no sólo tienen que ser específicas, sino que tienen que extenderse en el tiempo y lograr el aprovechamiento de los fomentos, de las promociones y de los subsidios. Necesariamente esta administración va a hacer bastante hincapié en que sean a sectores específicos, pero además, van a ser decrecientes en el tiempo, porque creo que para que impacten de buena manera, vamos a tener que implementar nosotros también, y acompañar a esos sectores que a nivel central se estén determinando como los promocionados más a corto plazo.

A.L. — Las encuestas —sobre la mesa tengo el libro “La informalidad en las MIPYMES de Uruguay” de Carlos Scarone—, coinciden que entre los pequeños empresarios uruguayos no hay asociatividad; hay muy poca innovación e incluso en este libro se habla de que el conocimiento sobre las posibilidades de apoyo al sector público está muy concentrado en pocos sectores.

Usted anteriormente nos decía que hay un montón de instituciones que trabajan con el tema de las PYMES. Hacen todo tipo de cosas; se superponen unas con las otras —eso lo digo yo, no lo dijo él—; y sin embargo, da la sensación de que a nivel del micro o del pequeño empresario hay un total desconocimiento o hay cuatro o cinco que saben y lo aprovechan porque están informados, pero la gran mayoría está en otra.

Porque el pequeño empresario está luchando en su gran mayoría, por sobrevivir, no está pensando ni en asociarse, ni en internacionalizar su producción.

P.V. — Creo que la brecha que hay entre las cosas que se hacen y la precepción que tiene el sujeto de esa política es importante. Pero cuando uno analiza las políticas y por ejemplo, se establecen políticas para MIPYMES, es difícil que una política sea adecuada para las MIPYMES cuando estamos hablando del 99.5% de las unidades económicas. Creo que necesariamente tenemos que hacer un esfuerzo para abrir ese paquete de MIPYMES y empezar a diferenciar la problemática de las micro en donde podemos de alguna manera asimilar a todos los emprendimientos artesanales, que es otra división que tiene Dinapyme, y tienen aspectos comunes y restricciones comunes e imponen políticas específicas.

Otra cuestión es el entorno, el segmento de las pequeñas empresas y otro bien distinto es el de las medianas empresas.

Entonces, cuando desde lo público decimos “vamos a empezar a generar políticas para MIPYMES”, de alguna manera dbeemos pasar de ese dicho al hecho de abrir segmentalmente los espacios y focalizar bien en cada segmento. Esa es una gran tarea que Dinapyme tiene que hacer.

Por otro lado, también tenemos una tarea bien importante a realizar que es el tema de los seguimientos de las políticas públicas que se han venido realizando hasta el momento. Es una cuestión que en términos generales está en el “debe” no sólo de Dinapyme, sino de muchas de las políticas públicas ejecutadas. Cómo logramos realizar un seguimiento, cuáles son los indicadores que nos resultan relevantes e inclusive hasta los indicadores son específicos de cada segmento. No es lo mismo un indicador para micro que un indicador para mediana.

A.L. — ¿Usted como dirigente que fue hasta hace unos días ve que hay políticas públicas, o que hay recursos del Estado que se han dado y que han caído en “saco roto” o que no han tenido el efecto esperado?

P.V. — En ese aspecto creo que como país hay que hacer algunas consideraciones.

Si se analiza la plantilla de funcionarios o de recursos humanos de Dinapyme hay una cuestión que salta a la vista: casi el 50% de su plantilla están financiados por proyectos. De alguna forma eso le produce un cierto alivio a los recursos públicos, pero también cuando el Ministerio de Industria por ejemplo, entienda como relevante uno de los servicios, o uno de los instrumentos —que quedan como resultado de la puesta en práctica y ejecución de un proyecto—, evidentemente que para que una política pública sea sustentable y sostenible en el tiempo, va a tener que tener recursos presupuestales.

Creo que el ministerio en la administración pasada mejoró en eso y va a tener que seguir mejorando en esta administración, porque además también, si uno es un observador atento ve que de alguna forma el PBI industrial ha ido creciendo dentro del PBI total, y además, sabemos que es una actividad que genera empleo, que genera buen empleo, que genera estos porcentajes de innovación que usted comentaba -y por eso yo insistía en la asunción con todo un trabajo que hay que hacer para profesionalizar a las micro y pequeñas empresas, porque de alguna manera el complemento de innovación requiere un complemento profesional y nosotros constatamos que el sector micro y pequeño, a diferencia de otras economías pesadas, ocupa muy poquitos profesionales en nuestras empresas-.

En fin, como resumen diría que tenemos que trabajar en lo que puede ser una forma de pensar en grande y a largo plazo, pero poder gestionar en el corto plazo y en pequeño, tratando de ajustar instrumentos y políticas para cada segmento y obviamente, después de cada ensayo piloto y después de cada aplicación de política, tenemos que medir los resultados para ver si tenemos que hacer correctivos o tenemos que hacer otros ensayos distintos. Si tenemos que hacer correctivos y descubrimos que tenemos buenos instrumentos de promoción, entonces, lo tenemos que replicar en otros sectores o en otros tamaños de empresas o en otras industrias.

A.L. — Uno de los temas que más afecta a las pequeñas empresas y también a la economía del país, es la informalidad. Se estima que el 41% de los uruguayos trabaja en el sector informal —datos de la Encuesta Continua de Hogares Ampliada del Instituto Nacional de Estadística (INE) —. Parece mucho y sin duda lo es, pero hay que poner aquí como marco que la mitad de los empleos de la región son informales.

Hay distintos tipo de informalidad; el que está totalmente “en negro”; el que está “en negro” dentro de una empresa formal.

Traigo a colación y hablando de esa situación de “los dos lados del mostrador”, un documento de ANMYPE del 20 de setiembre de 2004 donde decía: “Una de las grandes contribuciones a la generación de empleo y su formalización sería la exoneración de los aportes patronales en las MIPYMES, y en la no pérdida de la cuota mutual cuando una empresa unipersonal toma a más de un dependiente”. “Si se continúa observando la informalidad como una causa y como una consecuencia de las políticas actuales, van a seguir elaborándose estrategias excluyentes tanto en lo empresarial, en lo laboral, como en lo social.”

¿Mantiene este pensamiento de ANMYPE del año 2004?

P.V. — Hay algunos pares de causa y efecto que se vienen manteniendo desde hace mucho tiempo. Es más, a través de la reforma tributaría votada en el 2008 por ejemplo, algunos logros que se habían obtenido para los nuevos emprendimientos, circunstancialmente fueron perimidos. Aquel famoso tema de la gradualidad del pago del 100% de la carga tributaria que creo que con los primeros directores de Dinapyme se venía trabajando y se logró aprobar hace pocos años; la reforma tributaria lo abolió y en diciembre pasado se volvió a restituir.

Esas cuestiones que hacen al tratamiento igualitario de situaciones totalmente desiguales, a nosotros nos hace pensar que está un poco en la base de esa frontera difusa entre la formalidad y la informalidad. Realmente, una de las cuestiones a las que habría que realizarle un seguimiento es al comportamiento de las empresas micro (que tienen de uno a cuatro dependientes); sobre las cuales ha impactado la reforma tributaria. Por ejemplo, tenemos empresas que pagan un ficto, pero están condenadas solamente a ser proveedoras de consumo final.

Eso nos plantea a nosotros desde la plataforma de la forma jurídica y de la forma tributaria, que está dando un andarivel a cierta informalidad. Son cuestiones que nos interesan corregir.

A.L. — Claro, porque las otras empresas que les compran, no pueden descontar el IVA de las compras que hacen con esas empresas.

P.V. — Exactamente, entonces creo que la parte tributaria tiene que ser necesariamente un marco con relativa flexibilidad en determinados entornos y tamaños empresariales; tiene que ayudar a promoverlos, a fomentarlos con el horizonte de la formalización.

Por ejemplo, tenemos un instrumento que es el monotributo y que a nivel artesanal ha tenido un suceso espléndido porque ha sido capaz de formalizar artesanos que de otra manera estaban totalmente fuera del registro. Entonces, la empresa o el emprendimiento que es formal es sujeto de políticas y en la medida que el empresario, el artesano, el pequeño y micro empresario se dé cuenta de los beneficios que tiene ser formal, creo que de alguna manera allí estaríamos ganando la batalla contra la informalidad.

La otra cuestión es que para nosotros también va a haber que ajustar de alguna manera los regímenes de convenio tanto en BPS como en DGI cuando se atrasa una empresa mediana o pequeña con determinada potencialidad y determinada capacidad de respuesta, a que cuando ese mismo atraso temporal le sucede a una micro empresa o a una empresa monotributista.

A.L. — El Estado tarda en pagar, pero si uno se atrasa lo mata con los intereses.

P.V. — Esa cuestión de atraso tributario como así también los créditos, tienen que tener condiciones distintas; tienen que tener tasas distintas y tienen que tener períodos de gracia distintos y plazos distintos.

Una cuestión en la que vamos a trabajar y mucho es en la medición de impactos de las diferentes reformas y la búsqueda de solución a los impactos negativos que vamos observando.

A.L. — Uno de los temas que preocupa mucho a la directora Elvira Domínguez que representa a los empresarios en el Directorio del BPS, es el tema de las unipersonales que si tienen un dependiente está todo bien, pero cuando pasa al segundo dependiente, pierde su derecho al Fonasa y pierden ahora también el derecho de sus hijos al Fonasa. Por lo tanto, la mayor parte de la gente supongo que decidirá que el segundo empleado entra “en negro”, porque es imposible mantener el costo de esa formalidad.

¿Cómo director de Dinapyme cómo lo ve?

P.V. — Es parte de la misma problemática anterior.

En términos generales vamos a profundizar su análisis y a buscar soluciones específicas y concretas, creo que todo nos hace pensar que el sector de micro empresa y probablemente de pequeña empresa chica —que esa es otra cuestión que deberíamos de analizar, la categorización—; debe de tener un tratamiento diferencial tanto sea en los Consejos de Salarios; en la aplicación del relacionamiento laboral, porque también en el período pasado se han aprobado leyes que impactan de muy distintas formas en una pequeña empresa, en una mediana empresa o en una microempresa.

Entonces, ese caso que usted está poniendo respecto al Fonasa y de algunos beneficios que tiene el microempresario obviamente que hay que revisarlos, porque si no a través de los instrumentos y a través de los marcos regulatorios estamos dando claras señales que el andarivel de la formalización no es el adecuado.

A.L. — ¿Dice que hay que revisarlo y cambiarlo?

P.V. — Revisarlo, analizarlo, medirle sus impactos y de última si estamos logrando más impactos negativos que positivos, entonces hay que cambiarlo.

A.L. — Vamos a escuchar una pregunta de un oyente: “Habla Oscar de la Blanqueada, tengo un microemprendimiento que me da más o menos $ 8.000, $ 10.000 o $ 12.000 y obviamente no puedo regularizar todavía aunque está en mis intenciones, le consulto si puedo tener acceso a algún grupo de asesores en cuanto a marketing, en cuanto a qué proyección puede tener mi negocio, qué posibilidades de venta, de crecimiento; si estoy en un emprendimiento bueno o si es un “callejón sin salida”, si yo puedo tener perspectivas, etc”.

P.V. — En Dinapyme en la División Empresas hay un asesoramiento básico y generalista que lo pueden ayudar y también en el marco del programa Carpe hay todo un programa que está orientado hacia emprendedores.

Capaz que no es exactamente el caso de él, pero de alguna manera si vemos su caso como si fuera un emprendimiento, le vamos a dar herramientas e instrumentos además de un diagnóstico (que es gratuito en el marco del programa), que le va a permitir o tener señales claras sobre si hay restricciones importantes a su emprendimiento que hacen que tenga una rentabilidad muy baja, o puede haber correctivo dado que las retribuciones son menores.

Con algún tipo de capacitación y algún tipo de ayuda va a poder resolver adecuadamente su problema.

A.L. — Ahora le hago la pregunta de una oyente que mientras que nos escucha siempre hace mermeladas porque esa es su actividad. Esta señora nos dice que viven enloquecidas con las habilitaciones bromatológicas. Por ejemplo, una señora que está en San José haciendo mermeladas, las vende en San José y tiene aprobación bromatológica; viene alguien de Montevideo, de Colonia o de Soriano que tiene almacén o una pequeña cadena de distribución y le quiere comprar unos frascos para probar cómo funciona, pero tiene que hacer el trámite si va para Montevideo, en Montevideo; si va a para Soriano, en Soriano y así en las 19 intendencias y a veces más, porque hay Juntas Locales Autónomas que a veces piden cosas distintas.

Sobre este punto en particular el libro “La informalidad en las MIPYMES” de Scarone dice: “Los trámites para las habilitaciones municipales, en general suelen ser descriptos como interminables y en muchos casos, muy difíciles de lograr finalmente. La burocracia administrativa de las intendencias y en particular de la de Montevideo, fue resaltada como punto negativo en casi todas las entrevistas realizadas a empresarios y a contadores”.

P.V. — En el tema de habilitaciones en general, siempre hay una frontera difusa y un equilibrio al cual las administraciones aspiran que son: la rigurosidad científico-técnica y lo posible. Ahí, hay que analizar esos casos.

Eso no quiere decir que en un país tan chico como Uruguay pese a que tiene 19 intendencias con su autonomía municipal, no seamos capaces de tener un marco regulatorio que atienda a lo bromatológico de igual manera, ya que los seres humanos seamos uruguayos o no, maragatos o montevideanos, la misma mermelada buena o mala, nos va a impactar de la misma manera. Esas son cuestiones que hay que evidentemente hay que revisar. Seguramente no es fácil.

A.L. — Si no se ponen de acuerdo con la patentes…

P.V. — Somos todos consientes del problema que tenemos con las patentes.

Hay todo un movimiento que hace a la regulación, con la formación de unidades de acreditación, de normalización, pero esto va a tender a unificar esos criterios de habilitaciones bromatológicas como debe ser. Creo que en la fabricación de conservas y de alimentos todos tenemos que ver la rigurosidad que hay que tener en esas fabricaciones, pero las intendencias deberían comenzar un camino para unificar esa tramitación, porque es imposible muchas veces el trámite que hay que seguir por su longitud, sus costos y muchas veces, las distintas obligaciones que imponen los distintos regímenes de habilitación.

Comprendo a la oyente y es un problema enorme para el que está del lado de la fabricación, porque debemos entender, como usted decía al principio, que esta señora como tantos y tantas otros están detrás de su negocio, siendo parte importante de su aparato productivo, entonces muchas veces toda esta asignatura de habilitaciones, trámites, homologación de normas y todas esas cuestiones, tienen que ser producto de una política pública. Parte de la política pública tiene que estar en unificar las condiciones y los indicadores de las habilitaciones.

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