Los desafíos de las microfinanzas: exportación y microseguros

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El gerente de Fundasol, Jorge Naya, hizo un balance sobre la política de microfinanzas y planteó los próximos desafíos.

Los microcréditos pueden cambiarle la vida a un grupo muy numeroso de micro y pequeños emprendedores. En los últimos años ha habido cambios concretos en esta área, porque la pasada administración de gobierno implementó una política de Estado en favor del microcrédito y han implementado este Programa Nacional para el Desarrollo de las Microfinanzas.

Para analizar este avance del microcrédito conversamos con Jorge Naya, el gerente general de Fundasol, una institución sin fines de lucro que tiene 30 años en nuestro país trabajando el tema microfinanzas. Naya es también presidente honorario de Saindesur y está vinculado a la red Propymes como coordinador hace 15 años.

Alejandro Landoni — Fundasol ha otorgado más de US$ 100 millones en microcréditos en estos 30 años. Por ahí han pasado personas, instituciones, cooperativas, sociedades de fomento rural, en total, más de 20.000 unidades productivas.

Jorge Naya — Llevamos muchos años en esto. Fundasol cumplió 30 años y yo como gerente cumplo 25 años en mayo, o sea que he visto toda la etapa desde el comienzo, de la experiencia de microcrédito y del trabajo con la microempresa, a mediados de los 80, hasta que entró el Estado en el tema. Que haya entrado con seriedad al Estado; que haya habido un programa que funcionará hasta fin de año, específicamente para el desarrollo de la oferta microfinanciera es muy interesante.

A.L. — Naya también es presidente de empresa Saindesur…

J.N. — Si, una sociedad anónima de inversiones para el desarrollo de Uruguay.

A.L. — Una empresa que está cumpliendo 20 años. ¿Podría explicar la función de esta empresa?

J.N. — Sí, también ha sido una aventura que ya lleva 20 años.

Nosotros veníamos teniendo problemas con los creadores de empresas. Toda la propuesta de Fundasol estaba basada en la atención de empresas existentes. En el microcrédito, una figura clave es el oficial de crédito. Es decir que el microcrédito se trabaja en la calle y no detrás del mostrador. El oficial de crédito es quien va a ver cuál es la realidad de la persona que lo solicita. Desde otra perspectiva también es un capacitador, porque es el que le dice al microempresario: “¿Por qué no ponés la plata del negocio en un bolsillo y la de tu casa en la otra?”, porque generalmente es una confusión que se da. Toda la plata está en el mismo bolsillo y sale la señora del microempresario a hacer compras y le pide plata y al mismo tiempo a la empresa llega el proveedor de madera y resulta que no tiene la plata porque se la acaba de dar a su señora. Lección 1: en un bolsillo una cosa y en el otro, la otra.

Segundo paso ¿Por qué no te comprás un cuaderno y anotás por un lado lo que entra y por el otro lo que sale?

Estadísticamente nosotros llevamos 100.000 préstamos, por US$ 100 millones porque la media está bien, (ha oscilado siempre en torno al dólar, dependiendo a veces de la cotización del dólar). Estamos desembolsando U$S 10 o 12 millones anuales y estamos en los 10.000 o 12.000 créditos anuales.

Estadísticamente en cuaderno se empieza tres veces. La primera vez, lo lleva dos días y luego lo deja. La segunda vez, lo empieza y ahí viene el tema de que “mirá que si no entrás a anotar no te puedo dar el siguiente crédito porque yo quiero que sepas cuáles son tus costos”. Es todo un proceso que lo va presionando para que tarde o temprano empiece a tener idea de si es negocio tener tal pieza o tal otra. Es decir, es un proceso de capacitación en el lugar. Las empresas microfinancieras no funcionan atrás de un mostrador.

Es decir, que si se le pide la información que normalmente le pide un Banco; balances; flujos de fondos para el período del crédito; constancia de estar al día BPS y DGI, lo más probable es que no venga más. Es un proceso que apunta básicamente a los informales o a los semiformales y eso no significa que seamos indiferentes a lo qué es la formalidad.

En el Uruguay, en el proceso de formalización el titular de una pequeña empresa tiene cosas para ganar. Basta con preguntarle “¿Qué pasa si te enfermás?. Entonces, tiene para ganar: cobertura de salud, una jubilación el día que no pueda trabajar más…

A.L. — En contraposición a veces es difícil sostener la formalidad.

J.N. — Es sostener la formalidad. Fuimos impulsores del criterio de gradualidad. En una época funcionó la gradualidad, pero queda muchísimo por hacer. Siempre que se habla en términos represivos de combatir la informalidad, pero yo digo que es mucho más inteligente hablar de puentes a la formalidad. Todos debemos de trabajar en facilitar la formalización como parte de una política social.

Creo que hay que reconocerle muchísimas cosas al Estado. En el terreno del marco normativo se avanzó mucho con una nueva ley de usura. Personalmente soy defensor de tasas razonables de interés. No me molesta que en las tasas existan topes. En otras realidades lo vemos poco menos que como un pecado. Sigo pensando que la tasa de interés es una forma de quedarse con parte del trabajo de otro; con parte del valor que genera, y cuanto más baja sea —cuando más eficiente sea uno—; mejor porque es más lo que le queda a él para salir adelante. Se me ocurre que en ese marco se avanzó con una nueva ley de usura que bajó los topes a partir de los cuales se configura la usura.

Tuvimos una redefinición de lo qué es una micro, una pequeña o una mediana empresa y eso facilitó mucho la actividad. Se divulgó el tema; se contrataron consultores para avanzar en diferentes terrenos.

Pienso que todavía nos siguen faltando algunos elementos decisivos como es tener una aproximación al mercado de las microfinanzas. Cuando digo microfinanzas incluye al microcrédito y otros productos como pueden ser el microleasing o microseguro.

Vivimos en un país en el cual el último censo de población de vivienda es del siglo pasado. No nos engañemos. En el medio pasó la crisis de 2002-2003 que fueron cimbronazos económicos muy importantes. Entonces, todos vivimos tratando de estimar cuál es la demanda, y se alentó la participación de nuevos operadores sin tener claro cuál era esa demanda.

Es decir, hay un punto importantísimo que es que no se trata de endeudar alegremente a la gente; se trata de utilizar al microcrédito como una herramienta más; a veces no es ni siquiera la más importante, es una herramienta que puede colaborar; no es automático. Sucede que muchas veces se leen manuales de otras realidades.

En estos días conversábamos con la gente de Diprode, que llevan adelante el Programa de Microfinanzas para el Desarrollo, porque a fines de setiembre o principios de octubre es el Foromic en Uruguay. El Foromic es la reunión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de todos los operadores de microfinanzas de América Latina y ahí parecen los indicadores. Yo decía que son realidades diferentes. Todo el mundo se pregunta: “¿Por qué no ha prosperado la industria del microcrédito en Uruguay en comparación con lo que ha sido en Bolivia, en Perú?”. Son otras realidades, donde la cobertura social no existe. Nosotros en este mismo período hemos mejorado las asignaciones familiares; tuvimos un plan de emergencia. El uruguayo tiene un montón de beneficios que no se conocen en otras realidades. Muchas veces se extrapola lo que es la demanda de los bolivianos, que si no tienen una pequeña empresa, no tienen otra forma de ganarse la vida.

Aquí, la microempresa crece cuando el sector formal despide gente, porque baja el nivel de actividad. En los cinco años del primer gobierno del Frente Amplio la economía creció permanentemente y terminamos con un 7% de desocupados. Entonces, aquello de crearse un trabajo, de inventarse un empleo no fue tan necesario. En ninguno de los operadores de microcrédito vemos colas en las puertas. Es un instrumento; le sirve a mucha gente pero me pregunto si hay lugar para tantos operadores en el país.

Con todo respeto, porque el programa ha sido una cosa muy importante para el Uruguay ya que puso el tema en el escenario y todos convinimos en que era algo muy importante, también creo que se ha alentado a instituciones que operaban básicamente con crédito al consumo a operar en microfinanzas. Son dos mundos totalmente diferentes. Hoy en día los scoring que se han elaborado…

A.L. — ¿Qué quiere decir eso?

J.N. — El scoring es un programa informático que se basa en las estadísticas y que dice que si usted solicita un crédito para consumo y presenta un recibo de Antel o de UTE por tal importe y tiene un Clearing de Informes prolijo, se le puede prestar automáticamente hasta “tanto”. Es decir que su gasto de UTE (de energía eléctrica), da una pauta del ingreso de consumo y se le da un crédito. La probabilidad estadística de error es muy baja, pero además, se da que los créditos para consumo pueden darse a tasas mucho más elevadas que los microcréditos, entonces el error… porque en definitiva ¿de dónde sale el dinero cuando se equivocan los operadores crediticios? De la tasa de interés. Es decir que los buenos pagadores terminan cubriendo a los créditos mal dados.

Entonces, se extrapoló el scoring pensando que era un mecanismo muy similar y es muy difícil tener un scoring de microfinanzas.

Vuelvo a la figura del oficial asesor en microcrédito… Había dos señoras con una overlock que hacen tantas camisas y los oficiales se preguntan dónde comercializan y cómo comercializan, porque el sector microempresarial tiene un voluntarismo a toda prueba. Si viene el que quiere comprar una sierra para cortar madera para unas sillas que va a hacer. Se le pregunta, ¿cuántas sillas tiene vendidas? «Bueno, tengo dos interesados que me encargaron una docena cada uno». Y entonces el oficial repregunta: «¿Y le parece comprar un equipo de esa naturaleza cuando ni siquiera se sabe si la silla que usted diseñó va a caminar? ¿Por qué no hace cortar la madera afuera hasta ver si la silla funciona efectivamente?».

Creo que es mucho más difícil, y realmente es mucho más caro el crédito porque hay que ir a ver; porque implica movilidad y más allá del esfuerzo creo que fue un logro también —que es importantísimo reconocer al programa—; que el Banco Central reconociese una categoría diferente de consumo y de créditos a empresas, que son los créditos a micro y pequeñas empresas, que se posicionan entre ambas. Son más baratos que los créditos al consumo y son más caros que los créditos a empresas.

Eso fue un avance que a mi juicio, modestísimamente, quedó por la mitad. ¿Cómo se fijan los topes de las tasas de interés? El Banco Central lleva promedios trimestrales móviles de los promedios de operaciones similares y la ley de usura dice que esas tasas se pueden incrementar hasta en un 60%. Supongamos que la tasa promedio fue 10, y se puede llegar hasta un 16%, por encima de eso constituye usura. La usura en Uruguay es delito civil y delito penal.

Ahora bien, ¿cómo hace el Banco Central para tener el promedio móvil en el Uruguay de créditos a las microempresas? ¿A quién le pregunta? El Banco Central le pregunta —porque la ley así lo obliga—, a las entidades que regulan; a las entidades bancarias que no operan microcréditos en estas condiciones. Entonces, está todo muy bien armado, pero para fijar la tasa le preguntamos a los que no trabajan en eso.

A.L. — ¿Y eso qué resultado da?

J.N. — Da como resultado que las tasas están muy bajas por lo que me han dicho, y esto no lo podría demostrar. El que aporta la mayor información es el Banco de la República basado significativamente en el monto de los créditos. Considera que los créditos de importe menor son microcréditos y se toman esas tasas para informarle al Banco Central a los efectos de que el Central determine. El Banco Central reconoce que es así y que no está bien, pero legalmente él está obligado a basarse en la información que le suministran solamente aquellos que regula.

Con lo cual se ha hecho y se ha avanzado muchísimo pero queda mucho por hacer y básicamente queda por saber cuál es el mercado real y para qué la gente va a necesitar dinero.

A.L. — Me llamó la atención que usted dijera que se había alentado mucho la participación de nuevos operadores sin saber bien cuál era el mercado de las microfinanzas en el Uruguay.

J.N. — Claro no es por “tirar piedras” a gente que trabajó mucho y muy bien, sino sencillamente creo que se leyeron los manuales de la forma que se operan otras realidades y pensaron que necesariamente el Uruguay era un país igual.

Hoy en día estamos trabajando con un grupo que prepara…

A.L. — Ese es un problema ¿de quién?

J.N. — Es un problema de conocimiento y de experiencia y de escuchar a quienes vienen haciendo…

¿Qué pasa con el Estado en Uruguay? A veces tengo la sensación de que cada cinco años empieza de nuevo. Nos cuesta muchísimo acumular conocimiento. Eso pasa en muchos terrenos y sobre todo cuando hay cambios muy profundos a nivel de gobierno generalmente se empieza de nuevo y entonces se leen manuales, se traen asesores y creo que nosotros somos distintos.

Me gustaría terminar con una idea que me parece fundamental. En definitiva ¿qué es el microcrédito? Es una herramienta para ayudar a los micro y pequeños empresarios. Los queremos ayudar porque pensamos que pueden generar empleos cada vez mejor rentados, de mejor calidad; mejorar el ingreso de la gente. Tenemos un punto de partida por debajo del cual no sirve que es: el hábito de trabajo.

Quería diferenciar, son distintos los pobres del Uruguay a los pobres de Bolivia. Hay muchos sectores marginados en el Uruguay que son distintos, porque en Bolivia forman parte de culturas indígenas que viven en la pobreza pero que tienen culturas milenarias de cumplimiento de la palabra, de los compromisos asumidos, y donde la respuesta es totalmente diferente y tienen algo que es decisivo y es el hábito de trabajo.

Con el microcrédito si no hay hábito de trabajo, no sirve. En todos los programas de inclusión tenemos que trabajar para fortalecer el hábito de trabajo. En Montevideo tenemos terceras generaciones sin hábito de trabajo y eso es muy serio porque recomponer el hábito de trabajo lleva por lo menos otra generación más. Creo que se se trata de copiar esa operativa y aquí es diferente.

El Banco Interamericano publica periódicamente lo que ellos llaman “experiencias exitosas”. El BID dice ¿cuáles fueron los programas de microempresas exitosos en la región? ¿Cuáles fueron las características comunes? Y destaca tres elementos: en primer lugar, la combinación de una oferta de productos financieros y una financiera (capacitación, asesoramiento, crédito). Combinación de productos; no un único producto panacea.

En segundo lugar, facilitación del acceso a mercados externos. Los programas trataron de romper ese cerco de abastecer exclusivamente al mercado interno y generar programas de fomento exportadores a niveles pequeños, buscando integraciones tanto horizontales —muchos pequeños empresarios que hacen la misma silla para hacer el volumen que se demanda—, como verticales —yo hago las patas de las sillas, otro hace el asiento, otro el respaldo— y tenemos una silla que se vende afuera.

La tercera cosa — y esa es la tenemos que trabajar—, tiene que ver con el sentirse parte de una nueva experiencia. En el Uruguay se expresaría así: “hicieron que toda la gente se pusiera la camiseta del programa”. Todos se sentían formando parte de una experiencia y no se podía fallar.

Sobre esas tres patas se construyeron programas muy lindos y muy ambiciosos.

También yo tengo que ver con la Red Propymes. Tuvimos una reunión de planificación ayer y resolvimos la Red Propymes, el LATU, la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), el Banco República, Fundasol, Dinapyme. Es decir que es un conjunto de instituciones muy importante (puede ser que haya omitido a alguna porque siempre me pasa), que pusimos en el eje temático para este año de trabajo: crecer en las exportaciones de las micro y pequeñas empresas. Lo hablé ayer con la gente del programa de microfinanzas y quedaron encantados porque es un esfuerzo que implica capacitación de la Cámara de Industria; que implica trabajo de la actitud. A veces se piensa que importa poco a nivel de los empresarios chicos porque hay un problema de “aptitud”… y es un problema de “actitud”. Los uruguayos tenemos el vicio de preguntarnos ¿cómo hago para vender afuera lo que yo hago?, cuando es al revés. Lo que habría que preguntarse es: ¿En mi rubro qué es lo que se vende afuera? Tengo que verlo y ver en qué medida puedo ser competitivo. Es revertir la visión del problema, y creo que vamos a trabajar mucho en el tema de la actitud. Antes había que llevar a la gente a ferias, pero hoy en día creo que Internet muestra qué se está vendiendo en el mundo en cada rubro (calidad, color, precios). Creo que vamos a hacer un trabajo muy lindo.

A.L. — Están los pequeños empresarios formales que van a un Banco y les piden “el oro y el moro”: “tráigame el balance, tráigame el certificado de esto y de lo otro, etc.”. Por otro lado están las instituciones que dan créditos a los microempresarios que de repente también le prestan a una persona que no está del todo legal o que está informal.

¿No se podría dar como una suerte de “vaciamiento” de los programas que dan préstamos a los pequeños empresarios? ¿No podría haber como una especie de corrimiento a favor de los informales?

J.N. — Sobre todo cuando se crean programas que contemplan a los informales.

Creo que sí, salvo se vaya condicionando poco a poco? Cuando hablaba de los puentes a la informalidad, pensaba que los programas podían colaborar en el proceso de formalización. No una formalización represiva.

Quien presta dinero a un empresario a determinada altura necesariamente le exige su formalización porque no puede poner su dinero en alguien al que le “desembarca” la DGI o el BPS y le cierra el negocio y “se terminó la historia”. Creo que tenemos que trabajar el tema de los microseguros. Creo que en el Uruguay no hay operadores de microseguros. Tenemos que generar microseguros que les cubran períodos de enfermedad, etc. Todo el mundo dice: “Yo en este momento podría pagar, pero después en invierno me baja la venta y ya me metí y me identificaron (DGI, BPS, etc.)”.

A medida que un seguro le cubriera esas cosas que, como decía Yunus, pasan, pienso que sería mucho más fácil inducir lentamente y gradualmente a la formalización. Sigo defendiendo —y creo que Alvaro García cuando era ministro compartía plenamente la visión—, que tenemos que generar para el informal total, escalones. Que año a año contribuya con el 25, el 50, el 75 y el 100%. Irle dando confianza, servicios para que vea que la formalidad sí la tiene que pagar y no es un disparate, y que tiene cosas a cambio: cobertura mutual; tiene una jubilación. Hay mucho para ganar con la formalización.

Además, la formalidad y la informalidad nunca son “todo o nada”; hay muchos grises. Hay gente que contribuye tres escalones más debajo de lo que le correspondería, entonces ahí tiene una semi ilegalidad. Hay mucho para trabajar en el tema. Creo que el microseguro puede ser un muy buen instrumento.

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